Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 17 de diciembre de 2001
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Mundo
032n1mun Ť De la Rúa ratifica la paridad cambiaria: "ni devaluación, ni dolarización forzosa"

Saqueos en supermercados de Rosario; el fenómeno podría extenderse a toda Argentina

Ť Familias que viven en la economía informal, las más afectadas por la bancarización

STELLA CALLONI CORRESPONSAL

Buenos Aires, 16 de diciembre. En vísperas de la Navidad, que este año será una de las más amargas en Argentina, regresó al país el fantasma de los saqueos a supermercados, como sucedió en 1989, bajo el gobierno de Raúl Alfonsín, quien debió entregar anticipadamente el poder.

Y en el mismo lugar que hace poco más de diez años, la castigada ciudad de Rosario, la tercera del país, con más de 40 por ciento de desocupación y subocupación. El pasado viernes ocurrieron allí varios intentos de saqueo y hubo represión, aunque luego se repartió comida. Si la crisis ya era muy grave para los rosarinos, las últimas medidas tomadas por el Ministerio de Economía fueron como echar gasolina al fuego.

El fenómeno amenaza con extenderse a todo el país, como sucedió también en Mendoza y en algunos lugares de la provincia de Buenos Aires, y hoy en la ciudad de Concordia, provincia de Entre Ríos, donde cientos de personas, la mayoría mujeres y niños, entraron a un supermercado local. Muchos supermercados decidieron entregar bolsas con comida ante eventuales estallidos sociales. Pero, ¿cuando éstas se terminen?

Sobre quienes más pesa la llamada bancarización de la economía, que restringe el retiro de efectivo de los bancos, es sobre aquellas familias que dependen del trabajo informal, como los cartoneros que llevaban papeles para reciclar y ganaban entre tres o cinco pesos (dólares) por día, o los vendedores ambulantes; ahora, sin dinero circulante, estos son los primeros gastos que se suprimen.

El presidente Fernando de la Rúa ordenó que se busque una solución para que se pueda sacar una mayor cantidad de la cifra impuesta en las cajas de los bancos, donde están virtualmente confiscados los salarios. Entre los miles de pequeños ahorristas hay quienes tenían depositado dinero de indemnizaciones por despido, con lo único que sobrevivían mes con mes, y para ellos nada se contempla.

El aguinaldo de 2002, amenazado

A esto se le suma la amenaza pendiente del titular de Economía, Domingo Cavallo, de que si el Congreso no vota el nuevo presupuesto del año 2002 con las nuevas condiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), el próximo año debería recurrir a más rebajas salariales -a pesar de que ya se tocó fondo- y a suspender el aguinaldo desde ahora hasta fines de 2002.

En este panorama, para los argentinos será difícil alzar una copa esta Navidad. Nueve de cada diez ve mal o muy mal al país, como reveló una encuesta publicada este domingo por el diario Página 12.

Sin embargo, en este caos, con la angustia de una devaluación que se comería los ahorros depositados, hay sectores para los cuales la imposibilidad de retirar efectivo no tienen ningún significado. Son los más de dos millones 500 mil desocupados y los millones de subocupados, que cobran en negro salarios basura. Y aún más en el fondo están los otros, los excluidos, los sin casa, sin tierras, los mendigos, los lustrabotas, los miles y miles de vendedores de café o de dulces en las calles, los pepenadores locales que buscan en los basurales su sustento... A ese inmenso arrabal de marginales, en el país que fuera "el granero del mundo", despoblado en su enorme y rica extensión, los titulares de prensa sobre los movimientos no les afectan.

En la Asociación de Meretrices de Argentina (AMAR) ya no sólo se lucha por reivindicaciones o por ayudar a miles de sexoservidoras para que cuenten con recursos médicos o para arrancarlas de manos de mafias policiales. Ahora el problema es la sobrevivencia en su amargo trabajo. Una de ellas cuenta a La Jornada que desde principios de mes, cuando se dictaron las últimas medidas económicas, nadie "trabaja" en el gremio "y eso que estoy hablando de los lugares más humildes, donde no se cobra casi nada". Se pregunta: "¿Quién va a pagar un servicio con tarjeta de débito? Si tuviéramos una cuentita en el banco nadie estaría en las calles arriesgando todo. Ahora estamos tratando de hacer colectas para los hijos de muchas de nuestras compañeras que tenían como único sustento ese poco dinero que llevaban las madres y también para ayudar a otros, porque nosotras en la calle vemos lo que está pasando con toda la gente, no sólo con nosotras".

Andar por las zonas cercanas a las terminales de las estaciones de trenes que llevan a regiones empobrecidas del sur, donde vive la mayoría de los obreros, a sólo unos metros del centro porteño, es asomarse a una corte de los milagros. Si algo faltaba están ahora los rusos, los ucranianos, los polacos, que no se atreven a decir quién y cómo los trajeron, escapando de la crisis en sus países. Y tampoco quién los controla, ya que están obligados a ejercer la mendicidad, a llevar sus niños a las calles del centro porque -como les ha dicho ese alguien de las sombras- "un niño rubiecito consigue más dinero".

¿Y los lustrabotas, las vendedoras de limones en las aceras, los estudiantes que arreglaban computadoras para pagar sus estudios? ¿Alguien en Economía pensó cómo se las arreglarían?

"En resumen: los millones y millones de personas que viven en el sector informal de la economía ven perjudicados sus intereses en la misma proporción que se ven beneficiados los dueños de los bancos, que son a su vez los dueños de las AFJP (aseguradoras de fondos de pensión), que son a su vez los acreedores de la deuda externa, que son a su vez los que hacen desembolsos masivos de dinero para que el Estado les pague los intereses de la ilegítima deuda, después se vuelva a endeudar con ellos, y así indefinidamente, como perro que busca morderse la cola", dice un editorial del periódico de las Madres de Plaza de Mayo.

El paro del pasado jueves fue más que contundente, pero -como señalan los analistas- el presidente se aferra a la ortodoxia y al aislamiento. Y todos saben que el "déficit cero" exigido por el FMI y mostrado como la tabla de salvación significa sólo más recesión. Desde el exterior llegan dos mensajes cruzados: unos quieren dolarizar y otros devaluar, en un país donde en varias provincias ya no hay dinero y se paga con papeles emitidos como bonos. De la Rúa, por su lado, insistió esta noche que el gobierno "ni plantea ni habla de devaluación ni de dolarización forzosa", ratificando una vez más la paridad cambiaria de un peso con el dólar. Pero horas antes, uno de sus funcionarios, el secretario general de la presidencia, Nicolás Gallo, había hecho una firme defensa de la eliminación de la moneda nacional.

Pocos confían ya en la palabra del gobierno. Para entregar la banca estatal Cavallo vendió la idea de que los bancos extranjeros aseguraban un socorro de sus casas matrices en caso de crisis, lo que nunca ocurrió. Y para atizar el fuego, el economista Salvador Treber, titular de Finanzas Públicas de la Universidad de Córdoba, hizo referencia al hecho de que la medida de emergencia de confiscar a los ahorristas y a cualquiera que tenga una cuenta en el banco se decidió después que los "bancos extranjeros ofrecieran a sus grandes clientes golondrinas transferencias al exterior. O hubo una enorme ineptitud o una complacencia rayana en la complicidad".

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