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La nueva obra maestra de Paul McCartney
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Periódico La Jornada
Sábado 6 de octubre de 2018, p. a12

El gran Macca, ese rey Midas de la invención melódica, tiene nuevamente el mundo a sus pies. Bailando, cantando, todos aplaudimos.

Su álbum número 18 tiene apenas tres semanas circulando y ya es impronta.

Egypt Station, conceptual, es su nueva obra maestra. Este disco es muchos discos en uno: es Los Beatles, es McCartney, es los Wings y está lleno de sorpresas.

La sorpresa máxima: Paul McCartney hace blues.

Además de varios pasajes donde se asoman los grandes maestros del Delta del Mississippi, hay momentos donde uno dice las palabras mágicas: Pink Floyd, Led Zepp, Rolling Stones, White Album, Magical Mistery Tour, Sergeant Pepper…

En la historia de la música hay revolucionarios, inventores, renovadores, autores de wueva y compositores de ocasión. Paul McCartney brilla junto a Giuseppe Verdi por una cualidad que los hace únicos: ambos son extraordinarios melodistas. No necesitan truco, varita mágica, chistera ni instructivo ni manual de uso, simplemente la melodía se les da.

Es, literalmente, la comidilla la pieza Yesterday: Macca le puso Scrambled eggs (Huevos revueltos) porque en ningún momento pensó en palabras cuando dio a luz la melodía.

Es, literalmente, una leyenda la pareja Lennon y McCartney: el primero, gran poeta, menos músico; el segundo, músico genial, lerdo para la letra.

Muerto Lennon, el gran Macca no tiene quién le escriba. Su nuevo disco está poblado de los lugares comunes que le son emblema, salvo las excepciones que confirman su traslado a la galería de inmortales (Eleanor Rigby).

El celebrado poeta Juanito Lennin y el célebre compositor vegano don Polma Carne.

Disuelta la pareja Lennin y McCartney, tenemos destellos geniales en los discos solistas del gran Macca, piezas fundamentales como Maybe I’m amazed, discos magistrales como RAM, etapas de gloria con Linda Eastman y su grupo Wings y, en el nuevo disco, Egypt Station, gemas de su amorosa inspiración, lo que él ha bautizado con linda ironía silly love songs: su capacidad inmensa para poner en palabras lo más importante en la vida, el amor, y eso contradice aquello de que no es buen autor de letras para canciones. He aquí una prueba:

’Cause I’m happy, with you
I got lots of good things to do

Enamora más a los enamorados, encandila más a los encandilados, hace felices a quienes lo siguen fielmente desde hace más de medio siglo en su reinado de rey Midas. No se mide.

Al igual que concibió la idea del álbum Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band como un concierto en vivo donde los músicos son Los Beatles y el público son Los Beatles, aquí imagina (sinLennon) un viaje en tren, donde cada una de las 16 piezas del disco es una estación.

Sinergia, le llaman a esto: David Gilmour estaba en una estación de tren en Francia y se encandiló con el sonido en los altavoces y lo grabó con su celular y lo puso en su nuevo disco. Así el gran Macca nos lleva de la mano ahora en tren.

El disco va de menos a más, inicia en completo plan Beatles, continúa en completo plan Wings y su final es un gran clímax donde el blues es la materia del viaje.

El track inicial remite en automático al inicio del álbum Sergeant Pepper y los mejores momentos nos llevan al Álbum Blanco, disco también conceptual concebido con John Lennon y donde tuvo participación definitiva esa gran artista que es la señora Yoko Ono.

Entre las muchas lecturas de la nueva obra maestra de Paul McCartney, podemos ubicarla como eso: un gran homenaje a John Lennon.

Desconcierta el detalle del track seis: Fuh You, que McCartney intentó no grabar o bien cambiar la letra, pero se impuso la ley del mercado y el productor en turno (cada track tiene productores que son eminencias en la industria de la música de consumo) se salió con la suya con la falsa polémica del título, cuya intención es que diga Fuck You (McCartney intentó cambiar a: ‘‘I can be a great lover to you”) cuando el mercado está inundado de canciones de evidente contenido sexual.

El gran referente aquí es, nuevamente, el blues, y ese es el acierto mayor de Paul McCartney en el disco. La referencia capital es la obra del patriarca bluesero Willie Dixon: I just wanna make love to you, cuyas derivaciones no han tenido fin y episodios intensos como el de Nine Inch Nails: I want to fuck you like an animal.

Así es que el escándalo que intentó provocar el productor pasó de noche, al igual que otros pasajes de este disco con claro contenido sexual, donde en los versos: ‘‘Did you come on to me, will I come on to you?” juega con el doble sentido del verbo venirse. Y ahí otra vez no hay nada nuevo bajo el sol, pues ya la artista conceptual Yoko Ono se había encargado de llevar ese sentido a lo sublime cuando recita, casi al final del disco Abbey Road, primero en japonés y luego en inglés el verso: ‘‘And I would like to do all the angels come”.

Las hermosas silly love songs de Paul McCartney mantienen, empero, el nivel artístico de este bello disco, siempre:

Hand in hand
walking through life
and making our plans
hand in hand

Paul McCartney mantiene también su voz polícroma y su capacidad multinstrumentista. Aquí toca guitarra acústica, gran piano, guitarra eléctrica, melotrón, marimba, vibráfono. Y la puerta, que también toca su perro (‘‘I got crowds at my window, dogs at my door”).

Merece mención especial el trabajo eminente del baterista mexicano Abe Laboriel, el favorito del gran Macca. Le tunde sabroso en seis tracks del disco.

Si el track cinco suena claramente a Honky Tonk Women de los Rolling Stones, el track 16 es absolutamente blues y absolutamente Paul: orquesta sinfónica, batería poderosísima, cambios de ritmo repentinos, episodios climáticos, aventuras, sorpresas, maravillas y blues, blús, bluuuuusssss…

He aquí el nuevo disco de un inmortal.

Salud y larga vida, oh maestro Paul McCartney.

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