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En el cumpleaños 50 del Sargento Pimienta
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Periódico La Jornada
Sábado 27 de mayo de 2017, p. a16

Los veneros que se abrieron el primero de junio de hace 50 años siguen abiertos.

Los términos realidad virtual, tiempo real, red de redes, edición digital, Photoshop, clonar, escanear, digitalizar, trending topic, que hoy nos resultan familiares, eran en 1967 materia de escritores de ciencia ficción y de iniciados.

Rescuchar el disco Sargento Pimienta de Los Beatles equivale a encontrar que dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, juntas, elevaron ligeramente su temperatura. Es decir: descubrimos el agua tibia.

Trivialidad. Trivia. Que si Tin Tan nunca fue invitado a aparecer en la portada del disco y no fue él quien envió un Árbol de la Vida hecho en Metepec, que sí apareció en esa carátula. Que los trajes mozartianos/circenses/sicodelicomilicos los confeccionó un sastre mexicano, que si a Chuchita la escanearon.

Lo cierto es que 50 años después, volver a escuchar este disco arroja reafirmaciones por igual que descubrimientos. Sorpresas. Como una caja del tiempo, mágica y misteriosa.

La esencia consiste en reafirmar, con resultados a la vista y al oído, que se trata de música de primera calidad.

Mientras millones escuchan rolas de éxito o canciones célebres,los melómanos de oído entrenado perciben matices estremecedores.

Campanas tubulares en primer plano, un remate orquestal en corno francés, oleadas de violonchelos en arrebato, una monumental sección de alientos-metal como pesada auriga que nos sobrevuela.

Árboles de mandarinas y cielos de mermelada. Y la chica con ojos de caleidoscopio nos coloca sobre las testas flores de celofán verdes y amarillas. Pero todo eso tiene su equivalente en sonidos.

La edición conmemorativa de El Sargento Pimienta sale a la venta apenas este primero de junio pero, como coherencia a su carácter premonitorio, en la red de redes ya pudimos escucharlo para aumentar el asombro.

En 1967 yo tenía 11 años de edad y un estéreo con bocinas móviles, que consistían en cubos de 20 por 25 por 25 centímetros, que colocaba en mis oídos como audífonos gigantes y mediante uno de los botones de control apagaba la bocina izquierda para que en la derecha sonara solamente la sección de violonchelos y los coros y luego apagaba yo la bocina derecha y sonaba la asombrosa parsimonia de la batería y la voz gangosa de Juanito Lenin, el artífice de esta bendita locura que es el disco del que ahora celebramos jubileo.

La versión conmemorativa contiene las chucherías, memorabilia y demás objetos de consumo tradicionales. Su verdadero valor consiste en presentar, de entre las 700 horas de grabación originales, verdaderos tesoros para un audiófilo.

Entre otros hallazgos, escuchamos en el corte titulado Take One and False Start, la manipulación ingenieril de los teclados en un rebote mágico a la música de Conlon Nancarrow. También, momentos de humor involuntario, como esos mismos teclados, en otro track inédito, donde suena un eco inequívoco a lo Rigo Tovar.

Y ya que estamos en esas, el viaje iniciático de Los Beatles a India para un retiro de meditación con el Maharisi Mahesh Yogi, según nos informa el eminente compositor y musicólogo Johann Sebastian Mastropiero, fue en realidad un desvío en el camino, pues su destino original consistía en una visita de lujo al Majará de Pocajú, en lugar del Maharishi, para después volar a Hawai y grabar con Benito Bodoque los siguientes versos:

Alo Hawai, Alo Hawai
anuca nuca juma juma
apa guapa
cha cha chá

y ese cambio de Maharishi en vez de Majará, produjo el trastorno en la poesía, de manera que los versos definitivos quedaron en el siguiente nahuatlismo:

I get high with a little help from my friends

La chica de los ojos de caleidoscopio, la que tenía dos soles en lugar de ojos, la tal Lucy, es otro misterio que los musicólogos no han podido desentrañar por sus siglas en inglés: LSD, que según la coneja popular significa Lucy in the Sky with Diamonds, pero eminencias de la musicología, como el célebre compositor y musicólogo holandés Van den Budenmayer, propone otras hipótesis:

LSD significa, dice esta eminencia, Los Sueños Densos, LSD, pero luego rectificó a Love Sad Dog, y luego ladró, digo corrigió a: LSD significa Ladran Sancho Diantres!

Los lectores de Oliver Sack han encontrado nuevas hipótesis respecto del misterioso y muuuy sicodélico significado de esas siglas y siguen recitando, por las siglas de las siglas, que LSD tiene significantes médicos, fieles a los diagnósticos de Oliver Sacks. Así, LSD significa, en caso de un viaje agradable con ácido lisérgico, Lola en su Sofá Dormita, LSD; o bien cuando de un mal viaje se trata, Laura en el Sillón del Dentista, LSD; o en caso de, de plano un viajesote, Leticia en el Suelo de Diamantes.

Dije que el disco El Sargento Pimienta abrió veneros y enlisté hipótesis que ahora, antes de pasarme a retirar, paso a argumentar:

En el disco original, George Martin, ese precursor, lo define con precisión: “Para mí, se trata del disco más innovador, imaginativo y trend-setting de su era”.

Con toda intención no traduce el término trend-setting para dejar evidencia de que se trata del agua tibia, es decir de la misma frase de hoy en boga: trending topic.

¿A cuántos likes equivale eso? ¿Cuántos retuits, favori-teos y demás linduras cibernéticas de las personas que somos hoy? ¿Qué eramos antes de ser esas personas absortas en un rectángulo luminoso, un teléfono celular, más inteligente que nosotros?

¿Qué si no Photoshop es lo que hicieron los diseñadores de la portada, pegando con engrudo la cabeza de Edgar Allan Poe en un cuerpecito tamaño natural?

La idea de Juanito Lenin sigue siendo magistral: el disco El Sargento Pimienta es en realidad un concierto que ofrecen Los Beatles y que presencian Los Beatles.

Por eso en el inicio del disco se reproduce ese instante mágico, el instante previo al inicio de un concierto, que para un melómano es el momento más sagrado, el que nos eriza más la piel, esa expectación acumulada en hectolitros de adrenalina y epidermis líquida.

Y la portada retrata, a su vez, el público que presencia ese concierto. Y los personajes obedecen a los deseos más íntimos y en el caso de Juanito Lenin más locos y descuadrados, pues les pidieron a cada uno de los cuatro beatles entregar una lista con sus invitados. Lennon invitó de inmediato a Jesús, a quien hubo que retirar, con la pena, Chuchito, de la portada original, luego del escándalo de la frase de Juanito Lenin: somos más famosos que el mismísimo Jesús y dejó con el ídem en la boca a todos y a Jesús sin aparecer en la portada, como tampoco apareció el malvado Hitler, otra petición lenínica, y el dictador fue opacado en un phothoshopaso manual, con un desvanecimiento, un truco de papel y tijera y pegamento para que quedara en su lugar el rostro de Tarzán.

Ah, Jorgito Harrison, a quien el maestro Ravi Shankar inició en el budismo y la meditación, de acuerdo con una contribución que me hizo una eminente melómana, entregó una lista con 16 gurús, de los cuales sólo le aceptaron cuatro, uno de ellos por cierto muy en boga hoy: Sri Paramahansa Yogananda.

En cuanto al término tiempo real, meses después de grabar El Sargento Pimienta, Los Beatles realizaron el primer concierto global en la historia, visto por 5 millones de personas que los vieron cantar, bailar y realizar el diagnóstico del mal y el remedio de nuestra sociedad hoy día: All you need is love.

Porque, lo dijeron Los Beatles al final de su álbum Abbey Road: al final, el amor que tienes equivale al número de veces en que hiciste el amor, y no la guerra, si nos atenemos al Teorema de Pitágoras:

And in the end
the love you take
is equal to the love
you made

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