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La agrupación complació a los seguidores que celebraron con ella en el Teatro de la Ciudad

Los Folkloristas dirigieron un animado y nostálgico viaje por medio siglo de música

Cerraron con La paloma, canto de paz y esperanza

Zacatecas, el próximo punto de la gira

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Por Los Folkloristas han pasado casi un centenar de intérpretesFoto Carlos Alvar/ Teatro de la Ciudad
 
Periódico La Jornada
Martes 29 de noviembre de 2016, p. a10

En animado y nostálgico recorrido con puntos de escala en muchos de sus 50 años, Los Folkloristas convocaron a sus fieles seguidores al Teatro de la Ciudad.

La galería exigió y coreó los temas que desde hace medio siglo acompañan su vida. Como arqueólogos musicales que son, los siete integrantes del grupo por el que han pasado ya casi medio centenar de intérpretes, desempolvaron sus clásicas, como Tierra mestiza, y tonadas de protesta, como se les llamaba en aquellos años sesenteros.

Las paradas musicales fueron lo mismo en tierras andinas que en las llanuras del Cono Sur, o en las exuberantes tierras brasileñas, sin dejar de lado parte de la geografía mexicana. Ya se sabe, Michoacán, Guerrero, Veracruz, un curioso tema doméstico de Nuevo León y hasta una tonadilla de la nueva huasteca, La chilangueña, según dijeron.

Ejecutantes de un sinfín de instrumentos, lo mismo contemporáneos que de tiempos casi inmemoriales, como una flauta hecha de cerámica que, dijo José Ávila, el veterano del grupo e integrante fundador, data de hace mil 500 años. Bueno, era una de las copias fieles tomadas de un molde original que se exhibe en el Museo de Antropología de Jalapa, a fin de preservar la invaluable reliquia que se utiliza en la interpretación de Raíz viva, tema en el que la variedad instrumental pasa por el teponaxtle, el caparazón de tortuga, la ocarina, la flauta de carrizo y las sonajas.

La estancia en Colombia trajo a escena una timbirikena ejecutada con una pequeña marimba de chanta, árbol que da la madera para hacer el teclado y, al son de qué pena, qué pena, Eloísa no me quiere más, el público se removió en sus asientos, pero también hubo oportunidades para mover el esqueleto sobre el escenario a invitación de los artistas.

Para el auditorio menudo también hubo armonías, como las tres danzas de San Luis Potosí, en las que intervino el arpa grande, con preámbulo en el que se fustigó a los políticos mexicanos egresados de Oxford y Yale, pero con poca sensibilidad social, lo que arrancó aplausos.

Migrantes, Ayotzinapa y Víctor Jara, presentes

No quedaron de lado los migrantes ni los desaparecidos de Ayotzinapa, para quienes también hubo tonadas. Otra escala peruana se dio para dar paso a La paloma torcacita, tema añejo, muy solicitado por los asistentes.

Una novedad para muchos fue una plena de Puerto Rico y, nuevamente el retorno hasta Michoacán para, con guitarra, de golpe, instrumento que originalmente carecía de piezas metálicas, vihuela, violín y arpa grande, se dejaran escuchar los acordes de las Enaguas blancas. 

Infaltable, desde luego, una mención a Víctor Jara en sus cantos de congruencia con el alma chilena que dieron al acto un nostálgico toque de empatía con la patria de Pablo Neruda.

Temas jocosos como La renca que, con su patita arrastrada bien me la estoy pasando, fueron el preámbulo para el cierre de la velada con La paloma, canto de paz y esperanza ante los avatares que nos esperan con los caprichosos vientos que vendrán del norte. Y ya de encore voces y aplausos de toda la concurrencia. La gira del medio siglo se irá a Zacatecas en la primera decena del inminente diciembre.