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Su casa era un antro, un centro de perdición y ahora es una clínica de rehabilitación

Julio César Chávez: entre el boxeo y el amor a las drogas

El triple campeón cuenta que vivió un infierno abajo del ring; estuve a punto de matarme con una pistola

JC le dio un nocaut al vicio, elogia Ignacio Beristáin

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Mis peleas más difíciles fueron abajo del ring, reconoció el ex campeón Julio César ChávezFoto Notimex
Carlos Hernández
 
Periódico La Jornada
Viernes 20 de febrero de 2015, p. 9

Julio César Chávez pasó su niñez en un vagón de ferrocarril que su familia utilizaba como casa, en ciudad Obregón, Sonora. Así que lo primero que hizo cuando empezó a ganar lo suficiente en el boxeo fue comprar una casa para su madre y otra para él, para cuando el destino los había llevado a Culiacán, Sinaloa.

Era una residencia de dos plantas, alberca, amplio jardín y estacionamiento para varios autos, en el lujoso fraccionamiento Colinas de San Javier.

Para entonces Chávez ya era llamado el César del Boxeo y con la fama y el dinero llegaron también el alcohol y las drogas, principalmente la cocaína.

La casa con la que había soñado cuando recorría las vías del tren con sus hermanos y amigos se convirtió en un infierno que fue testigo de las peores batallas del triple campeón mundial y considerado el mejor boxeador mexicano en la historia.

En esa casa nacieron mis hijos, pero fue también donde pasé los momentos más duros de mi vida. Para mí era un antro, un centro de perdición donde había de todo, narra el peleador y recuerda que después de la época de fiestas llegó a tocar fondo y, como en el pugilismo, enfrentó en solitario a sus fantasmas.

Ahí estuve a punto de matarme con una pistola. Jalé del gatillo, pero se trabó. También ahí tiré paredes porque me habían dicho que me estaban haciendo brujería y que habían escondido muñecos y no sé qué tantas cosas, dice JC con tranquilidad, sin cambios de voz.

Realizó 115 combates en una prolífica carrera de más de 20 años, pero admite: Mis peleas más difíciles fueron abajo del ring. Fue muy doloroso, la verdad, pasé un infierno, hice sufrir a mucha gente... pero ya estoy reparando el daño que les hice.

–¿Y cómo lograste salir?

–¡El problema es que uno no quiere salir! Quiere uno estar metido en las drogas y el alcohol todo el día, toda la vida. No las puedes dejar. Podría decirte que es como si uno se enamorara de las drogas.

Es difícil que uno salga por su propio pie, tienes que buscar ayuda. El único que no sabe que necesita ayuda es uno mismo, agrega JC y cuenta que por ello decidió crear en esa casa de Culiacán una Clínica de Rehabilitación para ayudar a las personas que tienen esas adicciones.

Dice: Era como un antro, pero ahora es un centro de vida. Estoy orgulloso de ayudar, así como me ayudaron a mí.

Además de la clínica, el ex peleador colabora en un programa del gobierno federal contra las adicciones.

Voy a dar pláticas en varios estados. Les digo cómo caí en las drogas y cómo salí. Haber sido nombrado por el Presidente (Peña Nieto) me compromete a seguir limpio, dice el ex púgil, de 52 años, quien recibió la semana pasada un homenaje en Culiacán, donde develaron una estatua suya de tres metros.

Ese reconocimiento me emocionó mucho, me dejó muy satisfecho y contento, porque siento que mi carrera valió la pena... pero la verdad siento que ahora estoy en la pelea más importante de mi vida.

El mánager Ignacio Beristáin, quien lo dirigió un par de peleas, definió: Julio César le dio un nocaut al vicio.

Soy de las personas más contentas de ver con que firmeza ha dejado ese flagelo de las drogas. Esta es una de sus victorias más contundentes, porque zafarse de ese medio es muy difícil. Estuve platicando con él y creo que ya lleva más de un año limpio y además en una recuperación total, porque se chuta de 12 a 14 kilómetros diarios, añadió el integrante del Salón de la Fama de Canastota.

El ex campeón Marco Barrera, compañero de JC en transmisiones televisivas sabatinas, recordó que crecí viéndolo boxear, pero en estos cuatro años que ha compartido micrófono, su admiración ha aumentado.

Es para reconocerlo doblemente, porque no sólo fue grande en el boxeo, sino también en la vida. Ha tenido una recuperación importante a pesar de la vida desordenada que tuvo. Él tocó fondo, se levantó y me da gusto verlo de pie. Se alejó de las amistades, drogas y bebida, pero es una enfermedad y debe checarse cada rato, señaló el Barreta.

Fernando Beltrán, presidente de la empresa Zanfer y uno de los últimos promotores en la carrera de Chávez, señaló que lo más difícil fue convencerlo de que estaba mal, pero ya se dio una oportunidad más de vida y es un orgullo ver al más grande libre, luego de que sufrió tanto por el alcohol y las drogas.