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Es un acto de justicia histórica, afirma el obispo Raúl Vera

Entrega España al Centro Frayba el Premio Fray Bartolomé de las Casas

La ceremonia, en el Palacio de la Zarzuela; el embajador, ausente

Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 11 de junio de 2009, p. 20

Madrid, 10 de junio. Un acto de justicia histórica, según la definición del obispo de Saltillo, Raúl Vera, se hizo realidad hoy en el Palacio de la Zarzuela de Madrid, donde la organización que fundó en 1989 Samuel Ruiz para proteger los derechos más elementales de los indígenas, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (también conocido como Centro Frayba), recibió de manos de los príncipes de Asturias el Premio Fray Bartolomé de las Casas. La labor del fraile dominico español en defensa de los pueblos originarios, durante la conquista, se enlaza ahora, en pleno siglo XXI, con la tarea infatigable de este centro, considerado objetivo militar para el Estado mexicano, según palabras de su director, Diego Cadenas.

En un acto sobrio –al que no acudió el embajador de México en España, Jorge Zermeño–, los príncipes Felipe y Letizia realizaron el primer reconocimiento público internacional a un centro que desde su creación ha defendido a los pueblos indios de Chiapas. Su labor, que ha estado amenazada de forma permanente, sobre todo a raíz de la irrupción en la vida nacional del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), representa para el Estado español un ejemplo del fomento del diálogo, la tolerancia y la reconciliación.

El discurso oficial del gobierno español estuvo a cargo de la directora de la Agencia Española de Cooperación, Elena Madrazo, quien destacó frente a los príncipes y los dos representantes del Frayba –Diego Cadenas y Raúl Vera– que su labor es meritoria, pues además de ser referencia para los pueblos indígenas lleva a cabo un trabajo de investigación y documentación de las violaciones al respeto a la vida, como desapariciones, muertes o torturas.

Edificará su propia sede

El galardón, dotado de 70 mil dólares, servirá para que el Frayba construya una sede propia en San Cristóbal de las Casas, ya que la actual es rentada, pero además supone una protección más para la labor que realizan. No es una armadura, pero sí puede servir para que nos miren con más respeto. Aunque también tenemos claro que cuando el Estado y el gobierno consideren que es el momento de entrar en una nueva fase más violenta contra el movimiento indígena, el Frayba será también un objetivo militar, señaló Cadenas en entrevista con La Jornada.

En su discurso en el palacio real, los representantes del Frayba recordaron a su fundador, Samuel Ruiz, quien no pudo viajar por motivos de salud, e insistieron en la enorme tarea que tienen por delante, pues –insistieron– la situación de los pueblos indígenas de México se deteriora cada vez más.

El obispo Raúl Vera, vicepresidente del Frayba, añadió sobre el gobierno de Felipe Calderón: Es evidente por todos lados el deterioro en la vida del país. La inseguridad en la que vivimos, la desarticulación del Estado se deja sentir a diario, como con el terrible siniestro de la guardería de Hermosillo. Eso es un signo evidente del abandono social, de la desarticulación del país, de la poca confiabilidad que muestra este régimen. En general, las condiciones de la vida del país no han cambiado; seguimos teniendo migración, la pérdida de puestos de trabajo, el encarecimiento de la vida, la insuficiencia alimentaria en la que vivimos desde hace mucho tiempo y, por supuesto, que los pueblos indígenas siguen desatendidos.

En relación con la importancia del galardón, Vera insistió en que es un signo esperanzador y acto de justicia histórica, pues que ahora premien a un centro de derechos humanos abocado a los pueblos indígenas del sureste de México es un signo de esperanza, ya que el día de hoy nosotros representamos de alguna forma a los pobres, a los marginados que una sociedad egoísta excluye y que para nosotros son sujetos. Por eso levantamos la voz por los derechos de los pobres del mundo, de los campesinos, de los obreros, de los migrantes.

Vera también quiso resaltar la situación actual de los pueblos indígenas, que además de las penurias habituales ahora son víctimas de la migración y de la barbarie del crimen organizado, sin que el Estado intervenga en su auxilio. “En estos momentos, en los pueblos indígenas se ha incrementado el fenómeno de la migración. Pero a ese fenómeno hay que añadir el tema de la seguridad, pues para ellos en este proceso migratorio son presas fáciles para el crimen organizado. Últimamente también están secuestrando a migrantes –muchos de ellos indígenas–; los encierran en casas de seguridad, les exigen que les den los teléfonos de sus familiares en el norte para ellos llamarles y exigirles una cantidad para que puedan continuar su viaje. Durante su cautiverio los golpean a diario, los utilizan para limpiar las casas como si fueran esclavos, incluso hemos recibido testimonios de que los asesinan a algunos de manera cruel, como desmembrarlos con machetes enfrente de sus compañeros de viaje”, explicó.

Cadenas también quiso llamar la atención sobre la criminalización de la protesta, un fenómeno que se ha agudizado en los últimos años. El Estado mexicano quiere dar ejemplo de crueldad hacia quien se atreva a poner en tela de juicio los criterios con los que quieren controlar este país, y cada día se ejemplifica con gente como la de San Salvador Atenco y de Bachajón. El Estado mexicano hace lo mismo que los terroristas, sólo que en este caso es terrorismo de Estado y no se persigue, como también lo hemos visto en la época de la militarización en Chiapas, cuando el Ejército y el Estado mexicano cometían verdaderas y atroces acciones terroristas. En este sentido, recordó la situación en la que se encuentran algunas personas de Bachajón por defender su territorio, encarceladas y sometidas a un proceso penal sin apenas garantías.

El premio Fray Bartolomé de las Casas, fundado en 1991, pretende reconocer la labor de personalidades e instituciones a favor de los pueblos indígenas. En anteriores ediciones han premiado a figuras como Davi Kopenawa, vocero del pueblo yanomami de Brasil, el historiador mexicano Miguel León-Portilla y la guatemalteca Otilia Lux de Cotí, entre otros.