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México D.F. Domingo 15 de febrero de 2004

BAJO LA LUPA

Alfredo Jalife-Rahme

Irresistible alza del petróleo y caída del dólar: Ƒguerra Bush vs. OPEP?

Se impone la predicción de altos costos de los energéticos
Insostenible, la codicia de EU

SERIA UN GRAVE error de juicio considerar que la dupla Bush-Cheney, proveniente de la industria petrolera -que, incluso, permitió el alza descomunal de los energéticos en California, contra sus propios ciudadanos, mediante sus aliados de la gasera texana mafiosa Enron-, se ha quedado con los brazos cruzados frente al alza irresistible del petróleo y, en especial, del gas. Una cosa es la retórica sin contenido y otra la realidad, cuando la política de la dupla Bush-Cheney ha asfixiado deliberadamente a los principales productores de petróleo (y de gas) en Medio Oriente (extensivo a Venezuela). Es nuestra hipótesis que la dupla petrolera Bush-Cheney busca, primero, el control, y luego, el alza del petróleo pagado en dólares devaluados, para evitar cualquier desaguisado con sus nuevos aliados comerciales chinos, sedientos de oro negro.

EL MES PASADO, una de las omnipotentes "cuatro hermanas" anglosajonas (antes de la moda financiera de las megafusiones, en la década de los 70 del siglo pasado, eran "siete hermanas", descritas espléndidamente por el gran periodista británico Anthony Sampson), la británica-holandesa Shell, causó gran conmoción al revisar a la baja sus reservas totales de petróleo a escala global, lo que presionó los precios al alza. Ahora resulta que las británicas BP y Shell han ajustado al alza sus costos tope para la exploración de nuevos yacimientos; este cambio dramático en sus políticas de costos, según Stratfor (13 de febrero), un centro de pensamiento ligado a los intereses petroleros texanos, "indica el punto de vista creciente entre los principales economistas de energía de que los precios elevados del petróleo llegaron para quedarse". Lo interesante es que Stratfor hasta hace dos días había apostado insensatamente a la baja del precio del petróleo (que, a su juicio, se derrumbaría debido al retorno de Irak al mercado), lo cual ejemplifica a su vez la flagrante desinformación imperante en el mundo petrolero, dominado en sus publicaciones por las "cuatro hermanas" anglosajonas, las que propalan las noticias más convenientes a sus intereses corporativos. Cabe recordar que Bajo la Lupa, a contracorriente del "consenso" del grueso del pelotón, desde 1998 ha vaticinado en forma consistente el alza irresistible del petróleo y, más que nada, del gas. A nuestro juicio, 1998 simboliza un punto de inflexión crítico -por esas corrientes subterráneas de la historia que enseña el genial historiador francés Fernand Braudel- de lo que se reflejó dos años después en forma aparatosa: desplome en marzo del índice tecnológico Nasdaq, insolvencia de Enron el 7 de diciembre, y 13 días después la moratoria argentina. Ese fue un año clave en las finanzas (insolvencia de la correduría LTCM, consagrada a la especulación), en la geopolítica (captura inesperada por los rusos del aeropuerto de Pristina, la capital de Kosovo, incidente que, poco se sabe, estuvo a punto de desencadenar una tercera guerra mundial por causa del clintoniano general Wesley Clark) y, en el ámbito energético, cuando se escenificó la lucha conceptual entre la "aplastante mayoría" de los analistas (sic), que aseguró el "fin del petróleo caro", frente a la ínfima minoría, más sensata, que auguró con justa razón el "fin del petróleo barato". El campo fanático del "fin del petróleo caro" fue encabezado por Daniel Yergin, director de la consultoría Cambridge Energy Research Associates y tutor académico del guanajuatense y fugaz ex zar de la energía del gabinete de transición foxiano, Fausto Alzati Araiza, premiado por su error histórico con las regalías que devengó presuntamente por la venta opaca de Aseguradora Hidalgo, avalada por la filial mexicana de Transparencia Internacional, que preside el hermano de otro secretario de Energía zedillista y entreguista de lo ajeno). En marzo de 1998, el entonces presidente Ernesto Zedillo declaraba a Institutional Investor que el petróleo había llegado a su fin y que no servía para el desarrollo de México, lo cual fue secundado por su secretario de Turismo, el criminal convicto en Nicaragua (no en México: aquí es el héroe de los neoliberales) Oscar Espinosa Villarreal, y Luis Téllez Kuenzler, su secretario de Energía, quien en forma canallesca fue a desinformar al Congreso de que el petróleo valdría seis dólares el barril (šse equivocó por seis tantos!). Téllez Kuenzler, como era de esperarse, es ahora el representante en México del Grupo Carlyle, el conglomerado energético de la dinastía Bush, mientras Zedillo es la pelota con la que juegan a su antojo las trasnacionales estadunidenses. En contrapunto, los excelsos investigadores Campbell y Larrehère (Scientific American, marzo de 1998) fueron los únicos en el mundo en haber predicho categóricamente el "fin del petróleo barato" -tesis apoyada por nuestro libro agotado El lado oscuro de la globalización-. Hoy, Campbell se ha vuelto un punto de referencia obligado e impecablemente riguroso desde la Asociación por el Estudio del Pico del Petróleo y el Gas (ASPO, por sus siglas en inglés), un centro de pensamiento europeo en energía. Ahora, cada vez más abunda la casuística muy seria en advertencias sobre la crisis del petróleo y su alza irresistible, como reza el reciente libro Sin gas: el fin de la era del petróleo, de David Goodstein, profesor de física y vicedirector del Instituto Tecnológico de California.

STRATFOR REFIERE QUE el alza del tope de los costos "coloca como ganadores a Estados Unidos, Canadá, Australia, Rusia y a las aguas profundas de Africa y del Golfo de México, que podrán explorar en regiones consideradas previamente prohibitivas por sus costos". El 10 de febrero, lord John Browne, mandamás de BP, imitó el anuncio una semana atrás de Shell, al elevar su tope de costos de exploración de 16 a 20 dólares el barril, lo cual "demuestra un cambio de pensamiento entre los ejecutivos de la industria sobre las tendencias del precio del crudo en el largo plazo". Lo interesante es que BP, pese al alza, obtuvo ingresos magros en su reporte del último trimestre, en parte por la devaluación del dólar. Es decir, el alza del petróleo representa un espejismo mientras se cotice en una divisa tan devaluada como el dólar, lo que delata que las británicas Shell y BP no comparten la información privilegiada de sus competidores estadunidenses Chevron-Texaco y Exxon-Mobil, conectadas a la dupla Bush-Cheney, que han obtenido ganancias suculentas. De allí la importancia histórica de la postura del visionario ex primer ministro de Malasia, Mahathir Mohamed, quien se pronunció en Arabia Saudita por la cotización del petróleo en oro. Stratfor asevera que las nuevas inversiones anglosajonas en sus propias tierras (desde Canadá hasta Australia, incluyendo sus zonas de influencia, como México en la etapa aciaga del neoliberalismo corrupto) "resultarán en cambios importantes en la producción global, lo que disminuirá aún más la participación de Medio Oriente. Los beneficiados se colocarán en tres categorías principales": altos costos (las tierras anglosajonas y sus zonas de influencia: Canadá, Golfo de México y Golfo de Guinea), altos riesgos políticos (Medio Oriente) y los campos maduros. Los precios altos se derramarían también a los países de alto riesgo político. Ahora se entienden a la perfección la lucha por el control de los yacimientos de Medio Oriente y los ajustes reconciliatorios de la cómica política de sanciones anglosajonas contra Libia. Según Stratfor, Rusia se ubica entre los principales beneficiados, por haber reducido los costos de su producción a la mitad, quien juega exquisitamente al ajedrez en la geopolítica del petróleo y, sobre todo, del gas.

EN OTRA EVALUACION, Stratfor (11 de febrero) pretende detectar, en referencia al inesperado recorte de 10 por ciento a la producción de la OPEP en su más reciente reunión, el oportunismo de Arabia Saudita, que maniobraría entre el Escila de un dólar devaluado y el Caribdis de la presencia de la trasnacional islámica del terror, Al Qaeda, que puede derrocar a la monarquía (sin duda, el sueño estadunidense para controlar sus yacimientos). Solamente Stratfor alega que la OPEP se encontraría seriamente fracturada por la política saudita, que tendrá que realizar sola sus recortes. ƑSerá? Uno de los principales periódicos sauditas, Al-Ryadh (14 de febrero), por fin se percató de que "Estados Unidos libra una guerra contra la OPEP" bajo la máscara de pretender proteger a la economía global. El rotativo saudita menciona las amenazas de Estados Unidos por el reciente recorte en la producción de la OPEP: "la campaña en los multimedia de Estados Unidos sobre los recortes en la producción se acompañan de sus problemas en Irak, su alto desempleo, su creciente deuda y sus costos de guerra y la batalla electoral, y el único chivo expiatorio consiste en acusar a los productores de petróleo de dañar la economía de Estados Unidos, que no ha ocultado su estrategia de robarle a la OPEP el derecho de proteger sus intereses". Okaz, otro periódico saudita, argumenta que el recorte de la OPEP había sido en el interés del crecimiento de la economía mundial, para garantizar un abastecimiento suave del petróleo, así como precios justos. Lo cierto es que Arabia Saudita es un petroestado, y 70 por ciento de los ingresos, así como 40 por ciento del PIB, provienen del petróleo, por lo que seguramente habrá sopesado los alcances de su política petrolera, que simultáneamente ha firmado contratos de exploración con los tres miembros del Consejo de Seguridad de la ONU que se enfrentaron a la invasión anglosajona a Irak (Rusia, China y Francia), según Ed Blanche, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres (periódico libanés The Daily Star, 7 de febrero de 2003).

JOHN SNOW, EL secretario del Tesoro de Estados Unidos, quien no sabe cómo defender el dólar, advirtió a la OPEP que su reciente recorte era "lamentable" y equivalía a un impuesto al consumidor estadunidense. En realidad, el problema no proviene del petróleo sino de las deficiencias del dólar y, primordialmente, del déficit de la cuenta corriente de Estados Unidos, que ha desestabilizado al planeta para sostener la economía parasitaria de su globalización financiera. Pese al derrumbe del dólar, que en caso contrario hubiera profundizado aún más la tendencia, el déficit comercial alcanzó para 1993 la cifra récord de 489 mil millones de dólares: 17.1 por ciento mayor al del año previo, y cuya cuarta parte se debe a las importaciones de China, que pasaron de 103 mil millones a 124 mil millones de dólares. En las antípodas, la Unión Europea exporta muy poco a Estados Unidos: 10 mil 230 millones de dólares (BBC, 13 de febrero). El euro volvió a emprender sus altos vuelos, para llegar a 1.27 dólares, y sigue. Rochard J. DeKaser, economista de National City Corporation, afirma en relación con el récord del déficit comercial que "hemos desarrollado una gran dependencia por los capitales externos para pagar nuestra deuda y está claro que los extranjeros están perdiendo la confianza en financiar nuestro déficit comercial" (The New York Times, 14 de febrero). Gary Thayer, jefe de economistas de AG Edwards & Sons, aseveró que "las cifras deficitarias sugieren que el declive del dólar en los dos últimos dos años no tiene impacto en las exportaciones". Es obvio que el dólar necesita devaluarse mucho más para cerrar su déficit comercial y su concomitante déficit en la cuenta corriente, pero existe el peligro de despertar a la ominosa inflación, de por sí alebrestada por el excesivo consumo interno. Ni Alan Greenspan, el mago de la Reserva Federal (que se quedó sin conejos, pero no sin tontos), ni nadie, podrá encontrar la cuadratura al círculo del marasmo caótico de la economía. Cada vez se asienta más la alta probabilidad de que inmediatamente después de las elecciones, si es que no ocurre un accidente de trayecto antes, alguno de sus sectores plutocráticos, beneficiados obscenamente a expensas de la mayoría, tenga que pagar las facturas de la codicia desenfrenada de Estados Unidos, que pretende salvar su alma de los infiernos con la captura depredadora del petróleo y el gas ajenos para conseguir frenar algún día el desplome del dólar.

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