.
Primera y Contraportada
Editorial
Opinión
El Correo Ilustrado
Política
Economía
Mundo
Estados
Capital
Sociedad y Justicia
Cultura
Espectáculos
Deportes
CineGuía
Lunes en la Ciencia
Suplementos
Perfiles
Fotografía
Cartones
La Jornada en tu PALM
La Jornada de Oriente
La Jornada Morelos
Librería
Correo Electrónico
Búsquedas

P O L I T I C A
..

México D.F. Sábado 1 de noviembre de 2003

Jorge Carrillo Olea

La estrategia antiterrorismo de Estados Unidos

Se antoja que fue tardía la formalización de una estrategia antiterrorismo por parte de Estados Unidos. La oficializó en el mes de febrero de este año. Sin embargo, convendría examinarla porque al tema no se le ve fin, sino todo lo contrario. Estados Unidos -a falta de potencias enemigas- la ha convertido en su permanente casus belli.

En sus primeras frases se delata. Según su propia tesis "el terrorismo incluye actos contra Estados Unidos, contra sus aliados y contra la misma idea de una sociedad civilizada. El mundo debe contender contra ese mal".

Ese enfoque confina una verdad, pero está tendenciosamente mal expresada. En un mundo con prisas por globalizarse, con medios tecnológicos tan evolucionados de que se dispone y en medio de una gran confusión de intereses políticos, exacerbaciones religiosas y disputas por recursos y espacios, evidentemente enfrentar el terrorismo, de cualquier clase, tiene que ser una tarea compartida.

Como toda endemia, demanda cada vez más un enfoque que vaya paulatinamente de lo local a lo regional y de éste a lo global. Esto lleva a una clara exigencia de cooperación, pero que implique no sometimiento, sino respeto y una distribución clara de beneficios. La visión estadunidense es hegemónica, egocéntrica y excluyente de los intereses ajenos a los propios.

Su concepción de amenazas a su seguridad se vincula con temas como el del 11 de septiembre o bien con presuntos ataques con armas de destrucción masiva. No hace un análisis y menos una propuesta sobre las formas de terrorismo que pudieran interesar a países como Perú, Colombia, Filipinas o España. ƑEstaremos realmente condenados, como en el caso del narcotráfico, a seguir al pie de la letra la agenda que se nos impone? La estrategia de Estados Unidos rompe con el principio cada vez más ampliamente aceptado que cada Estado debe, en plena soberanía, definir sus prioridades y estrategias en materia de seguridad.

Para países como los citados, las amenazas mediante armas de destrucción masiva significan poco, por no decir nada. Sin embargo, sienten constantemente puesta en riesgo su estabilidad por grupos que actúan mediante uso de explosivos, armas portátiles que pueden ser pistolas, fusiles tipo AK-47 y similares, morteros o lanzagranadas. Los costos en vidas cobradas por estos medios anualmente bien pudieran exceder las muertes originadas el 11 de septiembre.

Ante esto Estados Unidos responde con la mayor sordera. Sus agencias especializadas en antiterrorismo no tienen una palabra que decir al respecto. Estas son la FBI (Federal Bureau of Investigation) y la ATF (Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives), pertenecientes ambas al Departamento de Justicia. Importante también debe- ría ser la colaboración de la BIS (Bureau of Industry and Security) del Departamento de Comercio y el Departamento de Seguridad Doméstica en su conjunto, por citar solamente algunas. Ninguna ventaja evidente ha surgido de las múltiples reuniones binacionales o en los foros multinacionales sostenidas con ese propósito.

El meollo del asunto es una vez más la imposición unilateral. La estrategia hace una evaluación de riesgos sobre ataques terroristas dirigidos a intereses estadunidenses dentro y fuera de sus fronteras. En ningún momento hacen referencia a los intereses de esa comunidad universal a la que han definido como obligados coparticipantes del esfuerzo.

El objetivo central de dicha estrategia, en palabras del propio presidente George W. Bush al anunciarla, es confrontar las peores amenazas antes de que emerjan. Esto es, una vez más, acogerse a la guerra preventiva, tan descalificada por los más de sus presuntos aliados.

Para lograrlo sus misiones son: destruir a los terroristas y a sus organizaciones; reducir las condiciones propicias para la violencia que los terroristas pudieran explotar y defender a los ciudadanos e intereses estadunidenses en el exterior y en casa.

Dentro del primer cometido destaca el propósito de fortalecer a los países que tienen voluntad de participar, pero que carecen de medios de distintos órdenes (México); hay también un quehacer sobre aquellos países que muestran escepticismo sobre la cooperación; pero, sobre todo, hay una definición de cómo atender mediante la fuerza militar a todo país renuente a la colaboración.

Esta es una expresión plena de la hegemonía deseada, del dictar lo que se debe hacer, sin tomar en cuenta -ni siquiera en la teoría- la participación de nadie en la formulación de ideas. Una manifestación más del gendarme universal.

Pero con todo esto hay que contender. Parece que la hipótesis del tal destino manifiesto es vigente y con ella hay que lidiar. Hay que hacerlo con la mayor dignidad y transparencia, dando el mayor relieve posible a nuestra política exterior para ganar el mayor respeto universal, del que disfrutamos por tantas décadas y que un día se extravió.

Todo ello es excluyente de sometimiento, es una búsqueda nunca acabada por fortalecer nuestra dignidad y prestigio universal como las mejores armas para la defensa de nuestros intereses. Así lo demuestra la historia, a la dignidad siempre la correspondió el respeto; a nuestras flaquezas siempre siguieron riesgos de capitulación.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año
La Jornada
en tu palm
La Jornada
Coordinación de Sistemas
Av. Cuauhtémoc 1236
Col. Santa Cruz Atoyac
delegación Benito Juárez
México D.F. C.P. 03310
Teléfonos (55) 91 83 03 00 y 91 83 04 00
Email
La Jornada
Coordinación de Publicidad
Av. Cuauhtémoc 1236 Col. Santa Cruz Atoyac
México D.F. C.P. 03310

Informes y Ventas:
Teléfonos (55) 91 83 03 00 y 91 83 04 00
Extensiones 4329 y 4110
Email