Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 23 de julio de 2002
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Política

Primer interrogatorio judicial a Martínez Domínguez

La sombra de Echeverría enmarcó la comparecencia del ex regente

Pálido y en silla de ruedas escuchó los cargos en su contra

BLANCHE PETRICH Y DAVID CARRIZALES ENVIADA Y CORRESPONSAL

Monterrey, NL., 22 de julio. Pocos minutos después de la hora prevista, el ex regente del Distrito Federal y ex gobernador de Nuevo León, Alfonso Martínez Domínguez, en calidad de acusado de genocidio, homicidio y encubrimiento ingresa empujado en una silla de ruedas por una mujer enjoyada. Es su hija Atala. Viste camisa azul a cuadros, pantunflas azules, se tapa con una manta azul. Tiene colocado en la nariz un tubo que lo conecta a un tanque de oxígeno. Se le ve desvalido y pálido detrás de sus gruesos anteojos.

Frente a él se prepara el fiscal especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, Ignacio Carrillo Prieto, con un auxiliar del Ministerio Público que toma nota. El viejo priísta que el Jueves de Corpus de 1971 encubrió el ataque de paramilitares a una marcha estudiantil, con un saldo sangriento; que seis días después de la matanza fue obligado a renunciar como chivo expiatorio, y que muchos años después ''confesó'' que los Halcones sí existieron y fue Luis Echeverría quien dio la orden de reprimir, matar e incluso desaparecer cadáveres, es interrogado judicialmente por primera vez.

Comparece a su lado su médico, José Luis Assad, quien deja asentado que la diligencia de la semana pasada fue postergada porque su paciente -que a los 80 años cumplidos padece enfisema pulmonar- se encontraba en estado ''subconsciente'', debido a una ''encelopatía metabólica difusa multifactorial'', pero que al momento de declarar se encuentra en pleno uso de sus facultades mentales.

Martínez Domínguez, al que la imaginería popular rebautizó como Halconso, escudriña al grupo de hombres vestidos informalmente que asisten a la diligencia como acusadores. Son veteranos de los movimientos estudiantiles de 68 y 71: David Vega, del Comité 68, director de la Vocacional 5 del Poli, el orador que estaba al micrófono en el balcón del edificio Chihuahua cuando empezó la matanza de Tlatelolco; Jesús Martín del Campo, cuyo hermano Edmundo murió el 10 de junio de 1971, y varios más.

A las 11:55 se da a conocer la primera demanda, por parte de Martín del Campo. Cuando se lee la lista de una treintena de muertos ese día, se interrumpe la diligencia. Atala Martínez proporciona a su padre un medicamento. El trámite continúa. Por momentos el anciano se agita. Pero después de media hora pierde la concentración. Se leen, de manera resumida, otras denuncias: las del Comité 68, que acusa por genocidio y vincula los hechos de 68, de 71 y los delitos de la Brigada Blanca; la de Oscar Luis Argüelles, de Sonora, cuyo hermano Raúl cayó también el 10 de junio, y la de Pablo Gómez. Entonces el fiscal le plantea preguntas.

El interrogatorio, en opinión de los acusadores, ''es correcto'', pues se basa fundamentalmente en el contenido de las denuncias. Dos abogadas del Comité 68, Gracia Moheno y Adriana Carmona, señalan que estudiarán el cuestionario y, de proceder, propondrán otras vetas más para investigar.

Enemigos en el mismo barco

En 1969, cuando Echeverría fue nombrado a dedo como candidato del PRI a la Presidencia por Gustavo Díaz Ordaz, Martínez Domínguez era presidente nacional del tricolor. La rivalidad y el odio que se dispensan desde entonces ambos personajes es conocida. Un testimonio, escrito por Heberto Castillo en 1979, da cuenta de una confesión del ex regente, que entonces era un político caído en desgracia. Martínez Domínguez, de acuerdo con la cadena de mandos dentro de la administración, era responsable de los actos de la policía capitalina y del cuerpo paramilitar formado el sexenio anterior. Pero -le aseguró a Castillo- cuatro días antes del 10 de junio recibió la orden del presidente de que los Halcones pasaban en ese momento a las órdenes del jefe de Estado Mayor Presidencial y que él, el regente, se ''desentendiera'' de vigilar la marcha estudiantil que se preparaba.

El día de la matanza, según ese relato, el regente estaba reunido con el presidente y dos funcionarios más, Leandro Rovirosa Wade y Carlos Hank González. Ahí supieron todos, por informes telefónicos que recibía directamente Echeverría, del trágico desenlace de la marcha y escucharon las órdenes del mandatario en el sentido de ''quemar, desaparecer'' los cuerpos de los muertos y de llevar a ''los demás'' al Campo Militar. ''Daba órdenes que helaban la sangre'', le dijo Martínez Domínguez a Heberto Castillo en 1971. Y se declaraba en ese momento perseguido y amenazado de muerte. En 1979, la lealtad de Martínez con el sistema fue premiada con la gubernatura de Nuevo León, donde la casta empresarial lo reclamaba como operador idóneo. Castillo reveló entonces esa plática.

Décadas después, ya jubilado, Martínez Domínguez amplió sus confesiones. El lunes por la noche, un canal local retransmitió dos viejas entrevistas de 1997. En una, el ex gobernador reconoce que los Halcones sí existieron, que la dependencia a su mando -el DDF- pagaba su nómina, que eran mil elementos y que bajo las órdenes directas del Ejército y el presidente Echeverría reprimieron la marcha de Corpus.

Echeverría llegó de visita a Monterrey esos días. De sus declaraciones a la televisión -retransmitidas ayer- destaca su interpretación de la matanza del 10 de junio: ''Jóvenes que se trenzaron a golpes''. Y del ex regente, que lo acusaba, decía: ''Mi buen amigo al que he admirado tanto; un gran luchador desde muy joven''.

Y su renuncia, dijo sonriente, ''fue cosa suya''. Hoy lo dicen los políticos de la época, como el ex secretario de Gobierno de Nuevo León, Graciano Bortoni: ''Echeverría traicionó a Alfonso''. Se sabe que por órdenes de su jefe, el regente, que tenía detalles de lo ocurrido, ofreció el día de la matanza una conferencia de prensa para negar los hechos y encubrir a los autores. Y a pesar de ello Echeverría lo sacrificó cinco días después, pidiéndole su renuncia como ''solución'' al conflicto. Hace dos semanas Echeverría volvió a torcer su versión para hacer recaer la culpa sobre su enemigo. Dijo a la prensa que él ''no sabía'' de las órdenes de reprimir giradas a los Halcones, y que ''Alfonso cometió un error''.

El cuestionario del fiscal aborda, entre otros, todos estos aspectos. Una de las preguntas indaga sobre lo que el ex regente le dijo a Heberto Castillo. Cuando Martínez Domínguez lo responda tendrá que acusar a su antiguo jefe y reconocer su culpa de encubrimiento. O desmentir a Castillo.

Estos antecedentes históricos vienen a cuento hoy día porque, como señaló aquí Jesús Martín del Campo en conferencia de prensa después de la diligencia del fiscal, ''las acusaciones mutuas entre Echeverría y Martínez Domínguez constituyen un reconocimiento de culpabilidad'' de ambos. El fiscal, señaló, ''debe darle valor ministerial'' a los señalamientos, porque ''hay elementos suficientes para fincar las responsabilidades que se deriven de los distintos grados de jerarquía''.

En esta dirección, dos integrantes de la Comisión Ciudadana de Apoyo al Fiscal Especial, Salvador Martínez della Rocca y Mario Ramírez, aseguraron que le han propuesto a la fiscalía que, ''cuando proceda judicialmente'', sean llamados a un careo los dos ex funcionarios. ''En principio -indicaron-, el fiscal está de acuerdo.''

En el proceso judicial por las matanzas de Tlatelolco y del Jueves de Corpus, esta diligencia concluyó sin novedad y sin avance visible. Se abre otro compás de 30 días para conocer las respuestas de Martínez Domínguez. En la lista de indiciados siguen dos militares de alto rango en retiro, los generales Luis Gutiérrez Oropeza y Jesús Castañeda, jefes de Estado Mayor con Díaz Ordaz y Echeverría, respectivamente. Cuando comparezcan, si se presentan, el juicio habrá entrado a otra etapa.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
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