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Capital

2023-05-25 06:00

Ciudad perdida

Periódico La Jornada
jueves 25 de mayo de 2023 , p. 32

Impedidos a tener una visión clara de las necesidades de la mayoría de habitantes del país por el nivel de vida que les impone todo lo que rodea su cargo, los integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sirven a sus iguales, hombres y mujeres, de una élite a la que no le preocupan las desigualdades ni la justicia que no les favorezca.

Un ejemplo claro de esa separación que existe entre los ministros de la Corte y la sociedad en general podría ser la historia de Alberto Gelacio Pérez Dayán, quien debe su carrera al cumplimiento de un compromiso entre familias y pone en duda sus méritos y capacidad para ocupar un sillón en el máximo tribunal.

Es Cosa de echar un ojo a la historia. En 2011 Felipe Calderón lo candidateaba para integrarse a la Suprema Corte más que por el respeto a su trabajo o por ser un jurista de ideas, por la obligación de cumplir con el deber contraído con la familia.

Así las cosas, el 10 de febrero de 2011 en el Senado, cuando Calderón trata de colarlo hasta la Corte, sólo cuatro de los 114 senadores que componían el quórum fueron convencidos por el ahora ministro. Más aún, la mayoría de los legisladores lo consideraron, cuentan las crónicas del día, incapaz para ingresar a ese Olimpo de la justicia y la política, desde luego.

Pero la historia no quedó allí. Después del fracaso, un año más tarde, Calderón insistió, ése era su compromiso. Para entonces el apoyo a Pérez Dayán era una señal abierta de apoyo a la familia Calderón Zavala porque la relación del hoy ministro y el suegro del ex presidente, Diego Zavala Pérez, era de una amistad a toda prueba que se construyó cuando Gelacio Pérez estudiaba en la Universidad La Salle y su profesor preferido era precisamente Diego Zavala.

Entonces, no fueron sus decisiones justas las que lo llevaron a la Suprema Corte de Justicia, sino la complicidad con la familia Calderón a la que aun ahora, por lo que se ve, podría seguir sirviendo, esta vez con el hacha de la venganza.

La historia podría repetirse en casi cada una y uno de los ministros con experiencias parecidas a las de Gelacio Pérez, el invencible, lo cual podría demostrar que antes que servir al país o a la Constitución protegen intereses que en nada beneficia a los que están hambrientos de justicia.

Hoy más que nunca, cuando en todos los ámbitos del país se busca con denuedo un horizonte de justicia, la renovación de ese aparato, representante de la división con las mayorías, es urgente y necesario, aunque exista quien no lo quiera creer.

De pasadita

En todos los pasillos de la cancillería suena el nombre de Juan Ramón de la Fuente para sustituir a Marcelo Ebrard cuando decida dejar el puesto con el fin de competir por la Presidencia de la República.

Ahí mismo la idea de que eso sucederá muy pronto tiene nerviosos a muchos de los empleados de confianza que laboran en la torre de la avenida Juárez, pues no tienen certeza de cuál podría ser su futuro.

El asunto, como se quiera, es que hay quien apuesta a que el ex rector de la UNAM no aceptará la suplencia. Dicen que sus planes van mucho más allá de acomodarse unos meses en el despacho que ocupa Ebrard.

Por otro lado, las apuestas van en el sentido de que muy pronto hará su aparición el hoy representante de México ante la ONU para ponerse al frente de la dependencia que tiene muchísimos pendientes con el sello de urgente. Pronto veremos qué pasa.

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