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Chomsky en la Jornada

2023-04-11 07:33

Chomsky: el cambio climático y la guerra en Ucrania, vía al desastre

Sucursal del First Citizens Bank cuya matriz compró todos los depósitos y préstamos del colapsado banco Silicon Valley a finales de marzo.
Sucursal del First Citizens Bank cuya matriz compró todos los depósitos y préstamos del colapsado banco Silicon Valley a finales de marzo. Foto Ap

David Barsamian: El 20 de marzo pasado, el Panel de la ONU sobre Cambio Climático emitió su informe más reciente. La nueva evaluación de los científicos advirtió que queda poco tiempo que perder para enfrentar la crisis del clima. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, señaló: “El ritmo de aumento de la temperatura en el medio siglo pasado es el mayor en 2 mil años. Las concentraciones de dióxido de carbono son las más altas por lo menos en 2 millones de años. La bomba de tiempo del clima está haciendo tictac”. En la COP 27 comentó: “Estamos en ruta hacia el infierno climático y todavía tenemos el pie en el acelerador. Es el tema definitorio de nuestro tiempo, el desafío central de nuestro siglo”. Mi pregunta para usted es: se diría que la supervivencia es un tema apremiante, pero ¿por qué no hay un mayor sentido de urgencia para atenderlo de manera sustancial?

Noam Chomsky: Fue una declaración muy fuerte de Guterres. Creo que pudo serlo más. No es sólo el tema definitorio de este siglo, sino de la historia humana. Estamos ahora, como él dice, en un punto en que decidiremos si el experimento humano en la Tierra ha de continuar en forma reconocible. El informe fue claro y escueto. Estamos llegando a un punto en que se pondrán en marcha procesos irreversibles. No significa que todos moriremos mañana, pero rebasaremos puntos de inflexión en que ya no se podrá hacer nada más, donde no queda más que la pendiente hacia el desastre.

Así que sí, está en cuestión la supervivencia de cualquier forma de sociedad humana organizada. Ya existen muchos signos de extremo peligro y amenaza, hasta ahora casi por completo en países que han tenido el menor papel en la producción del desastre. Con frecuencia se dice, y con razón, que los países ricos han creado el desastre y los países pobres son las víctimas, pero hoy es más pronunciado. Son los ricos de los países ricos los que han creado el desastre y todos los demás, incluyendo a los pobres en los países ricos, quienes encaran los problemas.

Manía de la desregulación

Barsamian: ¿Qué hay con lo que ocurre en el sector bancario, dado el colapso del Silicon Valley Bank, seguido por el Signature Bank, y los problemas del First Republic Bank?

Chomsky: Primero, no me considero experto en ese campo, pero quienes sí lo son, economistas serios que también son honestos, como Paul Krugman, lo dicen en términos simples: no sabemos. Esto se remonta a casi 45 años atrás, cuando la manía de la desregulación. Al desregular el sector financiero, se cambia hacia una economía basada en las finanzas, a la vez que se desindustrializa el país. Se gana dinero con las finanzas, no con la elaboración de productos: empresas de riesgo que son muy redituables, pero que conducen a quiebras, y luego se exige que el gobierno –es decir, el contribuyente– asuma los costos.

Debilitar a Rusia

Barsamian: La guerra en Ucrania está en su segundo año y no se vislumbra final. China ha propuesto un plan de paz. ¿Qué probabilidades realistas hay de que eso ocurra en breve?

Chomsky: El Sur Global demanda un acuerdo negociado que ponga fin a los horrores antes de que empeoren. Por supuesto, la invasión rusa fue una agresión criminal. No hay duda. Los ucranios tienen el derecho de defenderse. No creo que deba haber dudas sobre ese punto tampoco.

La pregunta es: ¿estará Estados Unidos de acuerdo en permitir negociaciones? La postura oficial de Washington es que la guerra debe continuar para debilitar severamente a Rusia. De hecho, Estados Unidos está obteniendo un gran beneficio con esto. Con una pequeña fracción de su colosal presupuesto militar, está degradando gravemente a su mayor adversario militar, Rusia, que no tiene una gran economía, pero sí una enorme fuerza armada. Podemos preguntarnos por qué lo hace, pero el hecho es ese.

Barsamian: Rafael Grossi, presidente de la Agencia Internacional de Energía Atómica, ha advertido sobre la amenaza que representan los reactores nucleares en Ucrania. Lanzar proyectiles o combatir cerca de ellos podría “desencadenar un desastre nuclear”, sostiene. Entre tanto, Biden prosigue con la “modernización” de las armas nucleares de su país. ¿Es otro ejemplo de que los lunáticos controlan el manicomio?

Chomsky: Por desgracia, uno de los principales problemas que Dan Ellsberg y otros han estado tratando de hacernos entender durante años es la creciente amenaza de una guerra nuclear. En Washington, la gente habla de ello como si fuera broma: ¡tengamos una guerrita nuclear con China! El general de la Fuerza Aérea Mike Minihan recién predijo que en dos años tendremos una guerra con China. Eso es más que demente. No puede haber una guerra entre potencias nucleares.

Mientras, la planeación estratégica del gobierno de Trump, expandida por Biden, ha consistido en prepararse para dos gue­rras nucleares, contra Rusia y China. Sí, esos reactores nucleares en Ucrania son un gran problema, pero va mucho más allá. Estados Unidos ahora envía tanques y otro armamento a Ucrania. Polonia envía jets. Tarde o temprano, Rusia atacará las rutas de suministro. (Los analistas militares estadunidenses están un poco sorprendidos de que no lo haya hecho hasta ahora.) Prominentes figuras de la política de Washington han estado de visita en Kiev. ¿Recuerda usted que alguien visitara Bagdad, la capital iraquí, cuando Estados Unidos la reducía a escombros? No que yo recuerde. De hecho, a los pocos voluntarios de paz se les ordenó salir del país, porque estaba devastado. Ucrania ha sufrido graves daños, pero, si Rusia ataca el oeste del país, incluyendo las rutas de suministro, la confrontación directa con la OTAN se vuelve posible.

De hecho, ya está subiendo peldaños en la escala de la confrontación. ¿Hasta dónde llegará? Algunas personas en el sector de los halcones sugieren que tal vez podamos hundir la flota rusa en el mar Negro. Y si eso ocurre, ¿qué dirán los rusos? “¿Gracias, muy amable de su parte, en realidad no nos importaban mucho esos barcos?”

Control de armamento

Barsamian: El tratado START, entre Estados Unidos y Rusia, estableció límites al número de cabezas nucleares estratégicas desplegadas. Rusia recién suspendió su participación en él. ¿Qué peligro entraña?

Chomsky: Rusia recibió muchas condenas por esa acción. Los actos negativos deben ser criticados. Pero existen ciertos antecedentes de los cuales se supone que no debemos hablar. El régimen de control de armamento fue desarrollado con muchos esfuerzos durante 60 años. Enormes manifestaciones públicas en Estados Unidos y Europa llevaron a Ronald Reagan a aceptar las propuestas del líder ruso Mijail Gorbachov para el Tratado de Misiles de Corto Alcance en Europa, en 1987. Dwight D. Eisenhower había iniciado las ideas sobre un Tratado de Cielos Abiertos. John F. Kennedy dio algunos pasos. Con el tiempo se desarrolló, hasta que George W. Bush llegó a la presidencia.

Desde entonces, el Partido Republicano ha estado desmantelando 60 años de control de armamentos. Bush acabó con el Tratado de Misiles Antibalísticos. Eso fue crucial. Es un gran peligro para Rusia tener instalaciones de esos misiles cerca de su frontera, puesto que se trata de armas de ataque inmediato. Trump llegó con su bola de demolición y se deshizo del tratado Reagan-Gorbachov y luego del de Cielos Abiertos. También iba tras el nuevo tratado START, pero Biden llegó justo a tiempo para acceder a las propuestas rusas de extenderlo. Ahora los rusos lo han suspendido. Esto es una carrera hacia el desastre y los principales criminales resultan estar en el Partido Republicano de Estados Unidos. El acto de Putin debe ser condenado, pero no ocurrió por sí solo.

Barsamian: La inteligencia estadunidense publicó recientemente su Evaluación Anual de Amenazas. Señala: “China tiene la capacidad de intentar directamente alterar el orden global basado en reglas en todos los dominios y en múltiples regiones, como un competidor casi igual (a Estados Unidos), que presiona cada vez más para cambiar las reglas mundiales”. La frase “orden mundial basado en reglas” es puramente orwelliana.

Chomsky: Es una frase interesante. En Estados Unidos, si uno es un comentarista intelectual y académico obediente, uno da por sentado que debemos tener un orden basado en reglas. Pero ¿quién establece las reglas? No hacemos esa pregunta porque la respuesta es obvia: las reglas son establecidas por el Padrino en Washington. China ahora lo desafía abiertamente y lleva años demandando un orden internacional basado en Naciones Unidas, apoyada por gran parte del mundo, en especial el Sur Global. Estados Unidos no puede aceptar no establecer las reglas, puesto que implicaría una severa restricción contra la amenaza o el uso de la fuerza en asuntos internacionales, es decir, prohibiría la política exterior de Washington. ¿Podemos pensar en un presidente estadunidense que no haya amenazado o recurrido al uso de la fuerza? Y no sólo acciones criminales en masa, como la invasión de Irak. Cuando Obama dijo a Irán que todas las opciones estaban abiertas a menos que hiciera lo que queríamos, fue una amenaza de usar la fuerza. Todo presidente estadunidense ha violado el orden internacional basado en las Naciones Unidas.

Propaganda suficiente

Barsamian: Un libro clásico suyo, escrito en colaboración con Ed Herman, es Manufacturing Consent (Fabricando consenso). Si fuera a actualizarlo ahora, remplazaría sin duda a la Unión Soviética con China y/o Rusia y añadiría el crecimiento de las redes sociales. ¿Algo más?

Chomsky: Eso sería lo principal. Las redes sociales no son poca cosa. Tienen un efecto muy complejo en la sociedad estadunidense. Regresemos a la invasión estadunidense de Irak. La mayoría de la población creía que Saddam Hussein fue responsable del 11-S. Era algo inverosímil, pero habían escuchado suficiente propaganda para creerlo. Con las redes sociales es peor aún. Un estudio reciente entre personas jóvenes, de la llamada Generación Z, y de sus fuentes de información, encontró que ya casi nadie lee periódicos. Casi nadie ve televisión. Muy pocos incluso ven Facebook. Obtienen su información de TikTok, Instagram. ¿Qué clase de comunidad intentará entender este mundo observando a personas divertirse en TikTok?

Barsamian: ¿Cómo vencemos a la propaganda y qué técnicas hay para enfrentar el capitalismo salvaje?

Chomsky: La forma de enfrentar a la propaganda es como lo estamos haciendo, pero más: más activos, más comprometidos. En cuanto al capitalismo salvaje, hay dos pasos. El más pequeño es eliminar la parte salvaje. No es algo utópico decir: regresemos a lo que teníamos antes de Reagan; tengamos un capitalismo moderadamente duro, en el que haya todavía algunos salarios decentes, derechos para las personas, cosas así. Lejos de lo ideal, pero mucho mejor que lo que hemos tenido desde entonces.

El segundo paso es deshacernos del problema principal. Regresemos a las primeras etapas de la Revolución Industrial en Estados Unidos. Los trabajadores daban por sentado que el contrato laboral era un ataque totalmente ilegítimo a sus derechos básicos, que los convertía en lo que se llamaba abiertamente “esclavos del salario”. ¿Por qué seguir las órdenes de un patrón durante toda la vida laboral? Se consideraba una abominación. Incluso el Partido Republicano, en tiempos de Lincoln, tenía la divisa de que eso era intolerable. Ese movimiento se extendió hasta principios del siglo XX, antes de ser aplastado por la Amenaza Roja de Woodrow Wilson, que en esencia destruyó el Partido Socialista y el movimiento laboral. Hubo cierta recuperación en la década de 1930, pero no en la misma extensión.

Barsamian: Al parecer los lunáticos controlan el manicomio. ¿Qué signos de cordura existen para ­contrarrestarlos?

Chomsky: Hay muchos. Mucho activismo popular. Está en las calles. Jóvenes que demandan trato decente para las personas. Mucho de eso es muy serio y sólido: Extinction Rebellion, el Movimiento Sunrise. Salvemos al planeta de la destrucción. Hay muchas voces. La de usted, Democracy Now, Chris Hedges, muchos sitios, Alternet, Common Dreams, Truthout, The Intercept, TomDispatch y muchos más. Todos son esfuerzos por crear un mundo alternativo en el que los seres humanos podamos sobrevivir. Todos son signos de esperanza para el mundo.

Publicado originalmente en TomDispatch, https://tomdispatch.com; copyright Noam Chomsky y David Barsamian.

Traducción: Jorge Anaya

Versión completa en La Jornada Online: https://bit.ly/41j6ugm

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