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Reportaje Especial

2022-12-11 09:26

Hacemos lo más pesado y siempre nos quedamos con lo menos, lamentan

Reporte de catación a nombre del productor de San Miguel Tlapéxcatl, Veracruz, Marcos Palestina. Foto Pablo Ramos

Coatepec, Ver., El cultivo de café entre pequeños productores “no es para hacerse rico, es para no quedarse sin comer”, suelta Marcos Palestina, caficultor de San Miguel Tlapéxcatl, Veracruz. La roya, una especie de hongo que devastó los cafetos la década pasada, ha amainado, pero la certeza de que el grano ya no es lo rentable que solía ser se enraiza.

Los apoyos directos implementados por la actual administración no han llegado ni a la mitad de los más de 500 mil productores del país, según diversas organizaciones que conversaron con La Jornada. El recurso consiste en 6 mil 200 pesos anuales, sin importar las hectáreas con que se cuente. El monto es poco y “en el campo no hay dinero que alcance”, coinciden sin disonancia los caficultores.

Para algunos, los incentivos se acaban para seguir invirtiendo en las fincas y lo más sencillo es dejarlas perder y remplazar los cafetos por cultivos más rentables en lo inmediato. Para otros, la organización gremial y comunitaria ha abierto canales de crédito para “salir de la crisis del café”, empeñar la cosecha para seguir produciendo.

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) anunció en la primera mitad de 2019 “las acciones de apoyo a caficultores”; la política que en seis años permitiría “sentar las bases para tener cafetales más productivos (…) y, con ello, garantizar la vida digna de los caficultores de nuestro país”, consistía en un apoyo directo de 5 mil pesos anuales a 250 mil productores, vía el programa Producción para el Bienestar.

El recurso subió a 6 mil 200 pesos en 2021, pero hasta el 30 de noviembre pasado se había entregado a 195 mil 295 productores, menos de dos tercios de los que hay en el país. La Sader reportó a la vez que, por grupos sociales, los mil 210 millones de pesos del programa se repartieron 67.7 por ciento en población indígena y 98.6 por ciento en productores de pequeña escala (con menos de 5 hectáreas).

El recurso directo busca “compensar” los bajos precios del grano, que se invierta en plantas de alta calidad resistentes a la roya, en insumos de nutrición, manejo sanitario o equipamiento agrícola, confía la Sader. Todos esos fines se diluyen en un apoyo que, de acuerdo con los productores, apenas alcanza para mantener las fincas… si llega.

“La Secretaría de Agricultura dice que está apoyando a todos los productores, pero eso es mentira debido a que habemos muchísimos que no recibimos los apoyos”, sostiene Darío Cadena Alarcón, de Naolinco, Veracruz, quien el primer año recibió el programa, pero al siguiente no, independientemente de haber entregado los documentos que pide la Sader, haber georreferenciado su propiedad y comprobar que comercializa el grano. “Así como yo, hay muchos”, subraya.

Recorrido por la finca de Valente García Melchor en el poblado de Limones. Empresa familiar dedicada al café arábica de especialidad. Foto Pablo Ramos.

El recurso es poco y “el campo requiere mucho dinero”, tan sólo el costo del fertilizante se disparó 400 por ciento en el último año, abunda Cadena Alarcón. La estrategia de renovar las fincas con plantas más resistentes a la roya, que en el menos malo de los casos reduce el rendimiento, está atacando a especies que solían tolerarla. “Es un cuento de nunca acabar”, alega Abelino Soto, productor guerrerense.

Aunque el apoyo “no alcanza para lo que requiere una hectárea de cultivo”, Enrique Cid, de Teocelo, considera que es preferible la ayuda directa, debido a que en su experiencia el recurso quedaba para beneficio de algún líder y mucha gente no recibía nada. “¿A mí qué me llegó? Nunca, nada. Debía andar yo ahí de arrimado, mal visto, nunca me llegó nada”, comenta aparte Evangelino Rea, otro productor.

Sumada a la percepción de los productores, del presupuesto de 2018, último año en que operó Procafé e Impulso Productivo al Café, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) revisó 872 mil 449 millones de pesos, 80.5 por ciento de los mil 83 millones 372 pesos con que contó el programa.

La entonces Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), ahora Sader, no pudo acreditar el destino de 497 millones 647 mil pesos, equivalentes a 57 por ciento del total del monto revisado, por lo que la ASF anunció procedimientos por posible evasión fiscal, responsabilidades administrativas sancionadoras y otras observaciones.

Más allá de los programas sociales, el acceso a crédito ha servido para que algunos productores inviertan en sus cultivos. Marcos Palestina, un productor, relata que la roya barrió con su finca, así que tuvo que empezar de cero, metió planta nueva más resistente a la plaga, hizo un vivero, pagó, tuvo ganancias y las reinvirtió en su tierra. “Superé la crisis del café”, asegura.

El financiamiento a través de la banca de desarrollo dirigido al sector cafetalero había estado estancado en no más de 6 por ciento de lo dispuesto por los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) desde 2003. En 2022, el Fondeo Especial de Financiamientos Agropecuarios (FEFA, que forma parte del FIRA) aceleró el recurso hacia el sector, con 4 mil 44 créditos, 13.04 por ciento del total, y 11 mil 426 millones de pesos, 11.19 por ciento del total de su monto financiado.

La información entregada a este diario vía transparencia muestra también que Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero, de enero a agosto de 2022 registró 151 créditos por 101 millones de pesos para el sector cafetalero, en este caso, 0.43 por ciento de su cartera total.

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