Ciudad de México
lunes 21 de noviembre de 2022
12°C - nubes
Ciudad de México, CDMX
12°C - nubes
Anuncio
Anuncio

Política

2022-11-19 06:00

Reforma electoral ahora

Periódico La Jornada
sábado 19 de noviembre de 2022 , p. 15

En un sistema democrático, los procesos electorales requieren organización, conteo de votos y de instituciones que fomenten la vida democrática en el país entre los partidos políticos, la ciudadanía y los poderes en turno. Aquí es donde entra en juego el Instituto Nacional Electoral (INE), el cual funge como “árbitro” para velar por la autenticidad y efectividad del sufragio, reconociéndonos como ciudadanas y ciudadanos con derechos políticos, siendo uno de nuestros derechos votar por nuestras y nuestros representantes para cargos populares.

En ese sentido, el principal antecedente de ello es la Constitución Política de 1917 y, de manera reciente, la reforma político-electoral de 2014, que transformó al Instituto Federal Electoral (IFE) en Instituto Nacional Electoral (INE). Los rasgos preponderantes de dicha reforma han sido ciudadanizar al instituto, otorgando representación a personas en condiciones de vulnerabilidad que históricamente viven en desigualdad estructural, así como contar con un árbitro político-electoral autónomo que vele por los intereses de todas y todos los mexicanos, y no sólo por los de una minoría de élites para beneficio propio.

En este contexto, recientemente el Presidente envió a la Cámara de Diputados una propuesta de reforma constitucional, utilizando como principales argumentos fomentar el “empoderamiento de las ciudadanas y ciudadanos, así como “la austeridad financiera en el INE” con un ahorro de 24 mil millones de pesos, de acuerdo con el Ejecutivo federal, cuya finalidad es otorgar financiamiento a otros proyectos del ámbito nacional.

Algunas propuestas de esta reforma son: el cambio a Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC); la elección de consejeros y magistrados electorales mediante el voto popular y siendo candidatos los postulados por los poderes de la Unión; la desaparición de los organismos públicos electorales y de tribunales electorales locales, así como la federalización de las elecciones; la reducción del número de legisladores federales y locales en la Cámara de Diputados y en la de Senadores, y la eliminación de diputados plurinominales para “garantizar mayor representación de las y los electores”.

Asimismo, se plantea la erradicación del financiamiento público ordinario de partidos políticos nacionales y locales y la conservación del financiamiento público sólo para campañas electorales; la creación de un mecanismo para que los ciudadanos puedan acceder al voto a través de medios electrónicos; la modificación de las definiciones de propaganda gubernamental, ampliando sus excepciones para que las autoridades puedan difundir actividades relacionadas con servicios públicos e informar sobre los procesos electorales, entre otras.

Es importante reconocer que la austeridad no es sinónimo de eficacia y eficiencia, ni tampoco significa que un árbitro electoral dotado de amplios recursos en una nación tan desigual como México, brinde autonomía auténtica. En ese sentido, una reforma constitucional político-electoral de tal envergadura debe contar con un diagnóstico base garantizado a través de mecanismos de participación ciudadana desde un enfoque de derechos humanos, y no sólo unificar la legislación electoral bajo el argumento de una democracia más eficiente.

Sin esas consideraciones, estas reformas corren el riesgo de regresar las elecciones al control central-federal, desencadenando un mayor control político del país al Ejecutivo federal en turno y poniendo en peligro la democracia popular que se ha construido en México. Esto anularía la posibilidad de mantener y fortalecer la representación popular de grupos que históricamente han vivido en la desigualdad estructural, disminuyendo el ejercicio y la garantía de los derechos civiles y políticos de las mexicanas y mexicanos.

Sí bien es necesaria una reforma constitucional en el ámbito electoral que abone a fortalecer la pluralidad de voces y luchas a través de la democratización y ciudadanización de las instituciones, también es urgente contar con árbitros e instituciones autónomas que garanticen los derechos civiles y políticos de la población mexicana desde un enfoque de derechos humanos. Por un lado, a través de una vigorosa cultura de la democracia y, por otro, la progresividad en igualdad de derechos civiles y políticos, siendo éstos la inspiración de la Constitución Política de 1917.

En defensa de los derechos civiles y políticos, se hace el llamado a las dependencias de gobierno correspondientes a garantizar los derechos civiles y políticos de las mexicanas y mexicanos desde un enfoque de derechos humanos. Nuestra democracia se consolidará sólo a través de la representación popular de la diversidad de grupos y sectores que componen a la sociedad mexicana, ¡para que ninguna voz se quede de nuevo sin ser escuchada!

Anuncio
Anuncio
La Jornada
La Jornada
lunes 21 de noviembre de 2022
Ciudad de México
lunes 21 de noviembre de 2022
12°C - nubes
Ciudad de México, CDMX
12°C - nubes
Anuncio
-->