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Política

2022-07-18 06:00

Desde el otro lado

Periódico La Jornada
lunes 18 de julio de 2022 , p. 11

Es notable que un país, cuya población tiene en promedio 38 años, esté gobernado por personas que nacieron entre los años 40 y 50 del siglo pasado. Más notorio aún es que quienes supuestamente pudieran ser candidatos para renovar la presidencia de Estados Unidos, Joe Biden y Donald Trump, tendrían más de 80 años en caso de que alguno de ellos llegue a la presidencia nuevamente. Nancy Pelosi, lideresa de la Cámara de Representantes, tiene 82 años; Mitch McConell, líder de la minoría republicana en el Senado, 80; Chuck Schumer, líder demócrata del Senado y el más joven de todos ellos, 70. Es sólo una muestra del grupo de quiénes están al frente del gobierno en un país cuya mayoría tiene la mitad de su edad. El problema es que, con frecuencia, la edad repercute en “falta de imaginación y determinación para luchar por nuevas ideas”, según declaró un grupo de jóvenes en una serie de artículos publicados recientemente sobre el envejecimiento de la clase política ( The New York Times, junio-julio).

Un estudio de la Universidad de Harvard (marzo-abril 2022) muestra que un grupo de jóvenes votantes independientes, cuya edad promedio es de 35 años, expresó su desazón por la forma en que uno y otro partido conducen los destinos del país. Pareciera que el pensamiento predominante en esos partidos está anclado en el siglo pasado y su forma de entender la sociedad está fuera de sincronía con el mundo del siglo XXI. Los jóvenes sienten que su participación en el proceso electoral tiene muy pocos resultados tangibles.

El asunto no es exclusivo de la democracia estadunidense. En 2002, en la UNAM se realizó un ilustrativo estudio sobre la participación política de los jóvenes en México (Rafael Cordera et al, UDUAL 2007). Algunas de sus conclusiones no son muy diferentes a las de la Universidad de Harvard 20 años después. El ensayo señala que los jóvenes habían perdido interés por los asuntos públicos y sus vínculos se reafirmaban con la familia y la escuela, instituciones que les merecían mayor confianza, contrario a la que sentían por los partidos políticos. Una de las coincidencias es que los jóvenes piensan que quienes conducen los asuntos políticos son personas con poco interés en resolver las carencias sociales, por estar más interesados en sus carreras como políticos. El problema es que, frecuentemente, se interponen a los intereses de quienes representan.

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