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El caso de Miroslava, impune: Balbina Flores
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compañada por María Cortina, directora de la Casa Refugio Citlaltépetl, la trabajadora social Balbina Flores, responsable de Reporteros sin Fronteras (con sede en París), informa que es su corresponsal en México desde hace 20 años. Aguerrida y locuaz, habla de prisa, casi sin respirar.

–Mi trabajo principal es documentar la situación del periodismo en México, agresiones, asesinatos, desapariciones de reporteros y editorialistas. La mía ha sido una trayectoria de años. Empecé en 2001, aquí, en la Ciudad de México; trabajé 12 años con los frailes dominicos en derechos humanos, y al salir permanecí un tiempo en la Academia de Derechos Humanos, de Sergio Aguayo, académico en el Colegio de México y director del proyecto Consorcio de Investigación, al que pertenecí, pero abandoné en 2002. Desde entonces, me encargo de monitorear la situación de la prensa en México, cosa que no es nada fácil. Más de 150 periodistas han sido asesinados en todo el país, y ahora mismo contamos con 31 periodistas desaparecidos.

–¿Mujeres?

–De estos 150 periodistas, 15 son mujeres asesinadas en México; el caso más reciente es el de María Elena Ferrán, reportera de Veracruz.

–¿Y Miroslava Breach?

–Su asesinato data del 23 de marzo de 2017. Acabamos de recordar el séptimo aniversario de su asesinato en Chihuahua con un homenaje en la Casa Refugio Citlatépetl, para hablar tanto de su desaparición como de su periodismo. Su asesinato no se ha resuelto totalmente. Ahora contamos con un sentenciado a 50 años de prisión, es el autor material, pero el intelectual sigue libre, y sabemos que es un líder del narcotráfico del grupo de los Salazar, en la sierra de Chihuahua. Tenemos la certeza de que él la mandó matar y sigue libre, al igual que los demás autores materiales del asesinato. Aunque contamos con un sentenciado, consideramos que todavía hay impunidad, porque otros están libres, sobre todo el autor intelectual y líder de los Salazar.

“Cada año recordamos que la impunidad en el caso de Miroslava sigue vigente. Mientras el autor intelectual no sea detenido, la impunidad sigue amenazándonos a todos. Preparamos dos conversatorios; en uno estará la abogada de la familia de Miroslava y en el otro hablará Blanche Petrich, de La Jornada.

“Las profesionistas hemos aportado nuestra cuota de sangre; 15 de nosotras han sido asesinadas. Sabemos cuándo las desaparecieron y mataron, y a qué medios pertenecían. Hicimos este informe el año pasado con Propuesta Cívica, sobre Miroslava y Javier Valdez. Tenemos un capítulo específico sobre Miroslava: ‘Impunidad sistémica’, en el que analizamos la pésima investigación de su caso y por qué no se ha encontrado a los responsables. Después de la sentencia, la Fiscalía General de la República no ha hecho ninguna otra acción. Hay un solo detenido sentenciado y la familia de Miroslava pregunta: ‘¿Por qué no han detenido a los otros, si ya fueron identificados en el juicio?’

“Eran cinco hermanos, con Miroslava; sus papás ya no viven. Son 4 hermanas en Chihuahua y un varón en Ciudad de México. Miroslava dejó a dos hijos menores (en ese entonces tenían 11 o 12 años). Además del impacto de su asesinato, muchas familias de periodistas han vivido la pérdida de su ser querido. Lo más grave en nuestra vida es ser asesinado por ejercer nuestra labor periodística, y eso le pasó a Miroslava, a quien mandaron matar el 23 de marzo de 2017 frente a su hijo en el momento en que lo llevaba a la escuela. Miroslava publicó los vínculos de políticos con el narcotráfico. Uno de ellos se apellida Hugo Schultz, fue presidente municipal en Chínipas, de donde también era Miroslava. Cuando llegó Javier Corral a gobernar Chihuahua, y Schultz todavía era presidente municipal, llamó a los narcotraficantes para decirles que Miroslava había publicado sus vínculos con varios candidatos a alcaldes. Schultz fue detenido y sentenciado a seis años, pero ya va a salir libre.

“En sus textos de La Jornada, Miroslava publicó los nombres de alcaldes ligados al narcotráfico y escribió: ‘El narcotráfico está involucrado en la política en Chihuahua’. Hizo más de tres reportajes muy bien documentados, además de varias notas. Por eso la mataron.

“Hoy por hoy, soy defensora y activista. Soy trabajadora social de profesión, pero estudié periodismo en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Elegí periodismo escrito porque me gusta redactar. Soy reportera, investigo y ordeno la información que recibo. He investigado a fondo el caso de Miroslava. Además, como mujer, me dedico a tranquilizar a quienes son amenazados. Acompaño a las familias de periodistas asesinados y desaparecidos a las fiscalías, a los juicios, y las ayudo a denunciar si han sido amenazados, desplazados y han tenido que salir de su comunidad.

“Ahora hay más de 60 periodistas, la mayoría de Guerrero, que viven fuera de su estado. Muchos abandonaron su oficio por miedo, pero otros siguen haciéndolo, pero ya no viven en Guerrero ni en Veracruz. Su situación es terrible, porque hay municipios en Guerrero, Veracruz, Tamaulipas, Zacatecas, Guanajuato en los que peligra su vida y son llamadas ‘zonas de silencio’. Incluso, las fuentes importantes para el periodista rechazan dar información por temor a ser asesinados. En Guanajuato, un compañero abogado y periodista teme ahora por su vida. Tristemente, México vive, por lo menos desde hace 20 años, en esta ‘zona de silencio’. En 2022, mataron a 11 periodistas en nuestro país, el año más violento para nosotros: uno por mes. En este sexenio, registramos 37 periodistas asesinados y seis desaparecidos. En el de Felipe Calderón hubo 47 periodistas asesinados. Hace poco localizaron a uno en Jalisco, Jaime Barrera, y lo dejaron libre después de 48 horas. El grupo armado nunca pidió rescate, pero lo desaparecieron varias horas. Como ese caso, seguimos otros.”

–Tú, Balbina Flores, ¿sientes que vives en peligro?

–Al trabajar en estas investigaciones, uno siempre está en peligro. Fui amenazada en marzo de 2014 por la Familia Michoacana; en ese año acompañaba a familiares de periodistas desaparecidos. Fui con ellos a Morelia y a los tres días me amenazaron por teléfono: sabemos quién es y nos la va a pagar. La voz masculina en el teléfono añadió que le habían pagado para hacerme daño. Denuncié públicamente en la fiscalía; estuve en el mecanismo de protección durante un año, pero es muy incómodo y decidí ya no estar…

–¿Por qué?

–Hay que traer escoltas a todas horas y sólo aguanté dos meses.

–Recuerdo que Anabel Hernández fue quien más requirió protección.

–Hasta donde sé, Hernández está fuera del país, ha vivido en Alemania y en Estados Unidos. En mi caso, sólo tuve escoltas poco tiempo, pero es muy incómodo trabajar seguida por personas desconocidas y es más difícil aún ejercer el periodismo. Esa protección invade no sólo la privacidad, sino cualquier espacio, y yo, como mujer, preferí no tener escoltas. De hecho, dejé Reporteros sin Fronteras casi dos años, porque emocionalmente es muy fuerte. Sentir que te siguen da un sentimiento de persecución y riesgo al que es imposible acostumbrarse. Ahora estoy bien, pero siempre padecí los riesgos de cubrir el tema de desapariciones, asesinatos, y hoy acompaño, como es mi costumbre, a familias buscadoras.

“En el interior del país el riesgo es mucho peor que en la ciudad de México, debido a que todos te conocen y las amenazas diarias llegan por muchas vías. Hoy, trabajo en la Ciudad de México para Reporteros Sin Fronteras, organización internacional francesa. Entre 1985 y 1987, La Jornada publicó un suplemento coordinado por el padre Miguel Concha, quien murió hace dos años. Yo lo apoyaba en la redacción con textos de derechos humanos y trabajé en su casa, en la calle de Odontología cerca de la Universidad Nacional Autónoma de México.”