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AMLO, el glifosato y la revolución agroecológica en México
Q

ue una decisión de gobierno se tome sin consultar las evidencias que revelan datos básicos es un riesgo siempre presente, pero que ello suceda al nivel del presidente de una república es algo inexplicable. Esto sucedió con el tema del glifosato, el herbicida cancerígeno que acompaña siempre a los cultivos transgénicos del mundo, ambos producidos por cinco gigantescas corporaciones y que, como se vio en los pasados días, partió en dos al gobierno de la 4T. Sostener que la producción agrícola del país y aún la soberanía alimentaria dependen de un solo agrotóxico constituye una enorme falacia, un invento para justificar su venta. El éxito en la producción de alimentos depende de múltiples factores: el tipo de cultivo, la nutrición de las plantas, las condiciones ambientales (clima y suelos), el tamaño de la parcela, etcétera. Como recordará el lector, el Presidente emitió dos decretos (2022 y 2023) para ir reduciendo la importación del glifosato hasta su total prohibición el 1º de abril de 2024. El mismo AMLO anunció unas horas antes que el uso del glifosato se extendía porque aún no había sustitutos. Lo más contradictorio es que, tras casi seis años de gobierno, ha quedado demostrado que se pueden producir alimentos con mayores rendimientos, utilidades, beneficios ambientales y salud humana no sólo sin glifosato, sino sin ningún agroquímico. Y esto tiene un nombre: agroecología. El alud de datos que existen es abrumador. Para comenzar, del comunicado 503 emitido por Conahcyt como resultado de la conferencia de prensa en la que un grupo de valientes funcionarios mostraron su desacuerdo con tres ministros del gobierno, destacan tres hechos: 1) la Encuesta Nacional del Uso del Glifosato, con 7 mil 988 productores entrevistados, reveló que sólo 44 por ciento usan glifosato; 2) que ya se tienen seis bioherbicidas listos para su escalamiento industrial: tres internacionales y tres nacionales, y 3) que el Conahcyt ha apoyado 85 proyectos de investigación científica, tecnológica y de innovación para sustituir el glifosato en que participaron 700 investigadores y técnicos de varias universidades, más 27 fascículos sobre manejo ecológico integral de arvenses o malezas (https://conahcyt.mx/si-es-posible-producir-alimentos-sin-glifosato-en-mexico-hay-alternativas-y-evidencia-cientifica/).

El grueso de evidencias proceden de tres programas gubernamentales que adoptaron los principios de la agroecología como ejes: Sembrando Vida, Agricultura para el Bienestar y Faros Agroecológicos. Hoy practican Sembrando Vida 455 mil 200 sembradores (70 por ciento) y sembradoras (30 por ciento) de más de mil municipios sobre una superficie de un millón y 200 mil hectáreas organizados en 18 mil 200 cooperativas (Centros para el Aprendizaje Campesino) que disponen cada una de un vivero, una biofábrica y una fuente de agua para riego. Por su parte Agricultura para el Bienestar trabaja con unos 300 mil productores mediante 4 mil 200 Escuelas de Campo, y el Conahcyt impulsa Faros Agroecológicos para la transición de pequeños, medianos y grandes productores de maíz en 14 regiones del país, además de Pies Ágiles, proyecto educativo que ha capacitado a 280 técnicos de campo de 18 estados. La agroecología también se ha disparado en cinco entidades gobernadas por Morena: Veracruz (500 técnicos que abarcan casi todo el estado), Michoacán (con un técnico en cada uno de los 113 municipios), Oaxaca, Colima y Quintana Roo. A lo anterior deben agregarse otras experiencias de la sociedad e instituciones académicas. La Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras (ANEC) logró demostrar mayores rendimientos y utilidades sin glifosato en productores pequeños, medianos y grandes de maíz de 22 regiones del país con un total de 17 mil hectáreas (https://www.anec.org.mx ).La Universidad Autónoma Chapingo tiene un estupendo programa sobre producción agroecológica de naranja iniciado en 2014 adoptado por 3 mil 231 productores de 11 municipios del norte de Veracruz sobre una superficie de 10 mil 350 hectáreas. Coronando lo anterior dos ejemplos de grandes productores son el de Claudio Beltrán y sus 600 hectáreas en el Valle de Culiacán, y el de la empresa Productores Agrícolas, de Mexicali.

Sumando todo lo señalado llegamos a la conclusión de que la pausa es sólo un hecho particular dentro de un proceso indetenible: el rápido escalamiento agroecológico inducido por la 4T, lo que hace que el país supere a Cuba y Brasil en la región latinoamericana, y que a escala mundial se coloque como el segundo país después de India. ¿Qué reacciones, percepciones y sentires llevaron entonces al presidente AMLO y a los titulares de la Sader, Economía y Semarnat a tomar una decisión tan incongruente? ¿Los acuerdos secretos entre Víctor Villalobos y el secretario de agricultura estadunidense? (ver: https://piedepagina.mx/mexico-retrasa-la-prohibicion-del-glifosato-prevista-para-el-1-de-abril/). Ojalá y este ensayo sea leído por tales personajes, pues su decisión fue sobre todo una gran contradicción, un acto inexplicable de deslealtad hacia la propia estrategia general de la 4T.