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El silencio se ha perdido en todas partes, y el nuevo, que aturde, es enfermizo

El compositor potosino Arturo Cipriano lanzó su álbum Universonoro: en tiempos tan canijos

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▲ Cipriano ha participado con La Nopalera, Mitote Jazz y Alacrán del Cántaro, entre otros.Foto Efrén Galván
 
Periódico La Jornada
Jueves 21 de marzo de 2024, p. 7

Arturo Cipriano Izquierdo es un sononauta, es decir, un creador que para viajar utiliza propulsión de energía sonora.

Despegó a inicios de los años 70 y no ha parado... En sus periplos por el Cosmoacústico usó naves que él llama grupos musicales: Conexonido, Talón San Cosme, La Nopalera (emblemático conjunto), Alacrán del Cántaro, Mitote Jazz, Som Bit y Ciprianodonte...

El compositor, egresado de la Escuela Nacional de Música, arreglista, ejecutante de flauta transversa, armónica y saxofones, habla con La Jornada sobre su reciente entrega: Universonoro: en tiempos tan canijos.

Es un álbum de 23 registros acústicos en los que participaron 69 musiqueras y musicantes, colegas de oficio de envergadura cultural nacional como Olivia Revueltas, Guillermo Velázquez (Premio Nacional de Artes 2024), Jaime López y León Chávez Teixeiro, entre otros.

Es, como describe el propio artista nacido en San Luis Potosí y afincado en Cuernavaca, “una realización composicional en la que se empatan comentarios disonantes y el azar. Caribes mías, bichos, teucaris…. Vuela una vaina impura de raíz sesentayochera. Es música de cabareses, sádica y toda, de colectividad. Indeterminación desde el primigenio ruido y un bien emocionado silencio”.

La anterior descripción, cuasi metafísica del músico, refleja la labor de un compositor sin fronteras que vive la libertad creacional introspectiva hasta la epidermis.

Cipriano asegura que le quieren endilgar una etiqueta a Universonoro, pues se trata “de una amalgama de células rítmicas del folclor y golpes del tambor madre de la otra orilla, retumbos que se maridan ansiosamente para llevarnos a formas extendidas y a la continuidad conceptual; entramado de chiflidos y la respirancia para elaborar un contracanto social como ‘nota’ de alta germinación con una cauda de amistad haciendo eco”.

Cipriano ha grabado discos en los que se incluyen composiciones de músicos y letristas mexicanos, brasileños y otros latinoamericanos, íconos del jazz. Ha profundizado en la riqueza del folclor de raíces afrocontinentales, que ha difundido en presentaciones por casi toda esa Latinoamérica y Europa. Se ha presentado en teatros, foros, escuelas, barrios y festivales, hasta en reclusorios, dirigiendo agrupaciones desde tres hasta 10 integrantes, además de componer para el coro Tloque Nahuaque y con un repertorio que además incluye espectáculos dedicados a la niñez. Cipriano ha formado a músicos que ahora destacan en proyectos personales.

Diversidad de elementos

Los 23 tracks de Universonoro… tienen hilos, nexos de origen diverso, latitud o género, comenta La Jornada al músico, a lo que argumenta: “Universonoro… es un alegato en un país aturdido con música flashera. Es un cancionero que se desplaza por meridianos y décadas apelando al músculo de la memoria; cancionero hecho con amigos, con cracks de la música en una aventurosa que se desplaza por meridianos y décadas apelando al músculo de la memoria. Hay muchas emociones. Es una aterrante (sic) interna que a veces es pesado, pero también hay ternura y un halago.”

Es un álbum (disponible ya en plataformas) con osadía sustentado con la gracia e ímpetu de los creadores que lo acompañan como Olivia Revueltas o Alejandro Corona (con quien he hecho música por cinco décadas), o –el propio titular de los Leones de la Sierra Xichú– Guillermo Velázquez. Incorpora las voces de Odiseo Reyes, Azucena Méndez, Aline Morena, Sylvie Henry, Glenda Isa e Irene Martínez.

“Hay dinámicas, rolas bien curadas, ceremoniales… Estoy rendido a la magia de los caminos, como dijo alguna vez (el compositor) Atahualpa Yupanqui; porque sí le hemos caminado”, profundiza Cipriano.

En Universonoro…, considera, “hay una gama de ritmos como el maracatú, camdombe, congo, tradiciones inventadas…”

Incorporó seis tumbadores, que pensé podían darle un giro; hay poca batería para que parezca una frecuencia comunal, esa viveza avanzada, un minúsculo ruidito de alegría. Es un tonaliano sonoro. Hay belleza rítmica. Trabajo cambiante con el que queremos evitar el tema blanco-negro y hacer un pragmatismo diferente, creo que ante una escoliosis amiotrófica que nos dejó una educación europea que salta al folclor.

–¿Cómo se puede acumular a tantos creativos y hacer el proceso como uno solo?

–Me volví un buscador del folclor y a partir ahí, un buscador de los poetas.

–¿Qué tan importante ha sido el silencio en el curso de tu obra?

–Llegaste al meollo: el disco tiene silencios deliberados. Se hizo la obra para que en determinados momentos aparecieran y todos nos obliguemos a recapacitar sobre esas corcheas. El silencio, como la inspiración primigenia y después del silencio, el primer grito, con nalgada o sin nalgada.

Ahonda: El silencio llega al inconsciente del escucha. Casi todos los temas los escribí con uno o dos silencios de corchea deliberados, y eso es un fundamento de mis maestros. Todos estos los manejaban deliberadamente. El silencio se ha perdido en la ciudad, en la casa, y el nuevo, el que aturde y que es enfermizo, está pesado.

Tardó tres años en producirlo. Gonzalo Chacho Peniche, el mezclador, fue el quinto beatle, reconoce Cipriano, destacando la labor de éste.

Una vez grabados los temas, encontrar a alguien que sugiriera, que le gustara, que construyera, fue muy difícil. Fueron tres años convocando todas las dificultades para meter en el disco a 69 músicos.

Cipriano comparte que aprendió “con paciencia, (esperando) con sus instrumentos favoritos: el lápiz y la goma de borrar.

La producción de Universonoro… es de él junto con Miguel Méndez Menaze.