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El juego como trabajo
A

temprana edad un estuche de acuarelas es como un tesoro que dura para siempre, jugar con los colores tuvo el mismo valor que aprender a leer o escribir. Desde niño, Damián Ortega (Ciudad de México, 1967) se identificó con el dibujo y la caricatura, o simplemente con el acto de colorear. Se dio cuenta del impacto y la relación que se genera hacia los demás al crear algo que entusiasma y se convierte en seducción.

Durante su infancia, Ortega asistió a una escuela activa, un experimento civil, social y educativo, donde había una confrontación con la individualidad y la autoridad; se enseñaba matemáticas a partir de una pieza generada en el taller de carpintería. En su casa había un lado estricto, riguroso, estructural y exigente por el lado de su padre, en equilibrio con la generosidad y humor ante la vida diaria de su madre, pero con ambos el aprendizaje se dio a partir de dinámicas creativas. El juego se convirtió en una herramienta diaria, en placer, más tarde se volvió un compromiso, un oficio, un trabajo, en ocasiones al extremo de la obsesión.

Curioso, entusiasta y audaz, Damián Ortega reconoce su parte lúdica, se deja influir por el entorno. En la vida diaria, dice Ortega, en la tlapalería, en la tortillería, en la panadería o en la calle, surge la posibilidad de resignificar el mundo objetual. No se trata de apegarse a ciertos materiales o a la academia, sino a la transformación de tu propia vida.

En su obra, existen ideas, posturas, humor, política, ética, historias, pero también una relación con la materia, con los objetos y un diálogo entre materiales y espacio; en cada pieza hay un proceso de aprendizaje, de conocimiento y de reconocimiento. Muchas veces la creatividad viene de la intuición, pero también del cuestionamiento, de diseccionar para saber cómo funcionan algunos objetos, de qué están hechos, desenvolver para conocer el valor que tiene una pieza por sí misma dentro de un sistema, para convivir con algo que no se conoce desde una nueva perspectiva.

De 1987 a 1992, los artistas Gabriel Orozco, Abraham Cruzvillegas, Gabriel Kuri, el Dr. Lakra y el propio Ortega instauraron el Taller de los Viernes, en Tlalpan, un espacio de experimentación y análisis para entender el discurso de nuevos lenguajes, donde se generaba una lluvia de ideas y de producción, de autocrítica, no sólo se trató de crear objetos, había que generar un contexto; no se fundaron como un colectivo, sino como una familia, un ecosistema constructivo, trabajaron juntos para hacer una galería donde podían mostrar su trabajo, así surgió Kurimanzutto, con José Kuri y Mónica Manzutto, que desde entonces es un referente internacional, donde hay todos los cariños y también crítica.

Damián Ortega inició una serie de pinturas con laca automotiva sobre lámina a partir del manual de reparación del Volkswagen, lo que lo llevó hacia algo más escultórico y culminó en una trilogía: Cosmic Thing (2002), un vocho desensamblado, suspendido pieza por pieza, una de sus obras más destacadas y que le dio reconocimiento internacional; Moby Dick (2004), un performance en el que el artista intenta dominar el automóvil blanco haciendo una analogía con la ballena blanca, y Beatle 83 (2005), con la que, después de cumplir con su ciclo de circulación, el auto vuelve a su origen para ser sepultado a un costado de la fábrica donde fue ensamblado.

Ortega ha participado en 47 exposiciones individuales y 163 colectivas en reconocidos museos y galerías como el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles; en el ICA de Filadelfia, en 2002; el Kunsthalle de Basel, en 2004; en la Tate Modern Gallery, en Londres, en 2005; en el Centro Georges Pompidou, en París, en 2008; en el Museo Jumex de México, en 2014; en Hangar Bicocca, en Milán, Italia, en 2015; en el Palacio de Cristal del Museo Reina Sofía, en Madrid, en 2016; en el Centro Botín, en Santander, España, así como en la edición 50 de la Bienal de Venecia de 2003 y la 27 de la Bienal de Sao Paulo, en 2006.

Ha recibido numerosos reconocimientos internacionales, entre los que destacan el Zurich Art Prize en 2023; el Ezratti Family Prize for Sculpture, en Miami, Estados Unidos, en 2019; el Smithsonian Artist Research Fellowship, en Washington, en 2007, y el Hamburguer Banhof, en Alemania. Recibió la prestigiosa beca de intercambio DAAD (German Academic Exchange Service Residency Program) en Berlín, Alemania, en 2006, y fue nominado en el Hugo Boss Prize, Guggenheim Foundation, en Estados Unidos en 2005.

Otra parte sustantiva en el trabajo de Ortega es la creación de la Editorial Alias en 2006, con más de 40 publicaciones de textos fundamentales para el arte contemporáneo, una plataforma para la circulación de escritos que provienen de los propios artistas y que se distingue por una selección de títulos independientes que no están traducidos al español. La Editorial Alias le ha servido para reinterpretar su propio trabajo, cada publicación puede ser una experiencia y generar fenómenos públicos y sociales, cada libro es un objeto escultórico creado en serie para su distribución y es parte de la obra de Damián Ortega como coautor.

Ortega vive el arte contemporáneo como una herramienta para comunicar su existencia. Su experiencia de vivir y exponer en el extranjero ha creado puentes de ida y vuelta, lo más interesante es ver el rol de la humanidad dentro del juego y la libertad. En Ortega hay una consecuencia hacia el futuro, una reinvención constante, una pérdida de lo anterior para volver a comenzar.

El artista Damián Ortega inaugurará el 9 de abril su exposición Pico y Elote en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, una revisión de 25 años de su trabajo.