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Ambiciosa muestra en Madrid abrió el diálogo entre la cultura amerindia y el arte conceptual
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Lunes 11 de marzo de 2024, p. 4

Madrid. Antes de América, ambiciosa exposición curada por el argentino Rodrigo Gutiérrez Viñuales (1967), catedrático de la Universidad de Granada, que ocupó las salas de la Fundación Juan March por cinco meses, dejará huella en los estudios americanistas, así como en la investigación de la herencia de las culturas precolombinas que influyeron en la construcción del arte moderno en el continente, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego.

Las obras presentadas abarcan no sólo un inmenso espacio geográfico y temporal desde el siglo XIX hasta nuestros días, con 600 piezas de 300 artistas, pensado como un diálogo vivo entre el pasado y el presente. La muestra concluyó ayer, pero permanece el voluminoso catálogo coeditado por el Museo Kaluz de México, que comprende 30 ensayos muy concisos, los cuales dejan un sustrato documental para estudios futuros.

El curador arrojó “la mirada de culturas ‘otras’, cercanas en lo geográfico, pero temporalmente lejanas, con la finalidad de hacerlas ‘nuestras’, a través de ‘una estrategia de deseuropeización’”, observando a América desde su propia peculiaridad, centrándose en las artes aplicadas, donde Gutiérrez Viñuales identificó esa reverberación americanista.

Las escuelas de artes y oficios fueron los espacios donde se impulsó la producción industrial de la estética modernista indigenista en la década de 1920. La gráfica y la escenografía fueron espacios más libres que se prestaron a experimentaciones vanguardistas.

El arte textil se considera en Europa un arte menor; fue en el área andina, en cambio, uno mayor. El tejido por milenios fue en la región andina el principal medio expresivo y el más utilizado. En Chiapas, los tejidos fueron utilizados como un arte de resistencia anticolonial, salvaguardando los diseños como un modo para proteger la propia identidad. Los mayas, además, inventaron las hamacas, que fueron adoptadas en todo el mundo. Diversos artistas contemporáneos recuperan ese uso, como hizo Carlos Mérida.

Cada una de las cuatro secciones de la muestra destacó tendencias relacionadas con el manejo de ese encuentro. En el siglo XIX, cuando se inició este despertar, existió la necesidad de conexión y conocimiento con el legado indígena. Las apenas conformadas naciones americanas buscaron su identidad en su pasado antiguo destruido durante la Conquista y denigrado por casi tres siglos, aunque eruditos como Carlos de Sigüenza y Góngora lo exploraban desde el siglo XVII.

Se emprendieron las primeras excavaciones arqueológicas, en las que exploradores europeos, algunos eruditos, como Alexander von Humboldt, viajaron para descubrir, dibujar y describir ese patrimonio. Fue entonces que nació la arqueología, el coleccionismo, los saqueos de patrimonio, las primeras leyes de tutela, los museos arqueológicos y los impresos aquí expuestos, como los grabados de Francisco Agüera y Bustamante, que reproducen algunas de las primeras piezas precolombinas, como el descubrimiento del Calendario azteca, en 1790.

Foto
▲ Fragmento de La dama de la esmeralda, c. 1972, tapiz de lana, 183 x 128 cm, de Carlos Mérida, de la colección Armando Colina, Galería Arvil, México.

Tales imágenes constituyeron un repertorio estético para diversos artistas a partir de José María Velasco, quien pintó piezas aquí mostradas, como un Vaso azteca (c. 1886) o la serie Pirámides de Teotihuacan (1878) incorporadas en sus famosos paisajes aéreos.

El neoindigenismo invadió una parte de la estética americana en las artes y la arquitectura. Estas imágenes influenciaron una arquitectura ecléctica, fantasiosa, incorporada en las exposiciones universales que influenciaron el imaginario exótico sobre América, promovido con fines comerciales por las mismas naciones americanas.

Estas tendencias se incrementaron después de la Primera Guerra Mundial, cuando la admiración por Europa decayó frente al salvajismo de esa guerra. América comenzó a mirarse introspectivamente y en la década de los 20, se renovó la fiebre indigenista en el arte, promovida por las escuelas de oficios y en las primarias, naciendo los manuales gráficos con diseños prehispánicos en toda América, de donde surgieron infinidad de objetos de uso cotidiano.

El arte abstracto en América fue influenciado por el arte indoamericano. Joaquín Torres García (1874-1949), uno de los artistas más internacionales del modernismo americano, fundió la tradición de este continente con el arte constructivo, no como una apropiación formal, como en los años 20, sino como un acercamiento empático de trasfondo simbólico, que sus discípulos del Taller en Montevideo continuaron mucho después.

Surgieron grupos de abstracción geométrica influenciados por las formas y colores del arte popular y precolombino, como del expresionismo abstracto neoyorqués o europeo. Los viajeros extranjeros del siglo anterior se sumaron a nuevos contando con un conocimiento científico de los sitios y sus objetos como el alemán Josef Albers y su esposa, influenciando su arte abstracto después de sus múltiples visitas a México, como sucedió también con el escultor inglés Henry Moore, a Robert Rauschenberg, como el inglés Richard Long, quien realizó paisajes inspirado en las líneas de Nazca, en Perú.

Dos mexicanos ocuparon las salas de los museos de la Fundación Juan March en Cuenca para ejemplificar la última parte de la muestra, referente al diálogo de la cultura amerindia en el arte conceptual. En la sede de Palma (hasta el 23 de marzo) Chavis Mármo realizó el performance Neotameme, un cargador que lleva comida en su bicicleta en un contenedor con cabeza olmeca en recuerdo de los tamemes mesoamericanos que transportaban bienes y personas.