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En Oaxaca era muy difícil que las mujeres tocáramos en una banda
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▲ La maestra Leticia Gallardo Martínez dirige Mujeres del Viento Florido, que además de agrupación músical, es un círculo de sororidad. Se presentarán el sábado en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.Foto tomadas del Facebook de la banda
 
Periódico La Jornada
Martes 13 de febrero de 2024, p. 8

¿A poco si le pueden soplar a la trompeta o aguantan cargar la tuba?, son preguntas comunes que hacen a las integrantes de una agrupación única en nuestro país: la Banda Sinfónica Mujeres del Viento Florido, integrada por niñas, jóvenes y adultas originarias de comunidades mixes, zapotecas y mixtecas, entre otras, de Oaxaca.

Es un colectivo que ha abierto espacio en un lugar dominado por hombres. Ha roto esquemas.

Mujeres del Viento Florido es una red de ejecutantes en la que, al margen de ensayar, viajar o tocar, hablamos mucho. Es una red de acompañamiento, de amistad, donde escuchamos los problemas que como mujeres nos aquejan, comparte a La Jornada la directora de la agrupación, Leticia Gallardo Martínez.

La también maestra de primaria y clarinetista es franca al asegurar que el camino para las mujeres que quieren hacer música en Oaxaca no ha sido fácil. La cuestión cultural y la educación que recibimos de casa estaba muy marcada por que si la mujer podía ir a la escuela, pero sólo a la primaria o la secundaria. Al final, tenías que casarte, atender al marido, a los hijos y la casa. Ese es el concepto que se tiene en la mayoría de los pueblos.

La compositora en lengua ayuujk (mixe) es originaria de donde el viento perfuma flores: Tlahuitoltepec, localidad de la zona serrana, donde la música sopla entre los árboles y es su forma de vida. Ahí también se ubica el Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (Cecam), una de las más interesantes escuelas musicales, donde Gallardo comenzó sus estudios, a los siete años.

Su padre, uno de los fundadores del Cecam, la introdujo en el universo sonoro, aunque no era bien visto que una mujer tocara en una banda musical, la municipal, que era la única que existía. A sus padres le decían que le daban permiso de ir a los conciertos donde acudían puros hombres, pero para ella era normal porque “desde chiquita, quiso hacer música.

“De niña cuando vi por primera vez un instrumento y tocar a los jóvenes y señores, me dije: ‘yo también quiero’. Cuando me dieron mi primer instrumento, las percusiones, supe que habría que aprender cosas como el solfeo y entonces se me dificultó. Nunca fui niña con talento, pero por la necesidad de pertenecer a una banda fui aprendiendo; la vida te enseña el camino”.

El problema vino después, “cuando eres joven y adulta, y comienzan las críticas de por qué no estás en tu casa, por qué no haces cosas que ‘hacen las mujeres’, y tal cual: las primeras veces que salía con la banda del Cecam, éramos tres o cuatro mujeres. Por muchos años así estuvimos. Pueblo al que llegábamos, pueblo que se asombraba por las muchachas que tocaban. Hoy día, con Viento Florido rompemos esquemas de lo que siempre había sido. Hace 100 años que llegó la música a nuestra región, era imposible imaginar que hubiera una banda sólo femenina. Todo eso ha costado y sigue costando porque donde primero tienes que convencer es en tu propia comunidad”, asegura.

Largo proceso

Agrega: “Ha sido un proceso largo, pero poco a poco logramos que la familia o la comunidad acepte a la banda, que las mujeres pueden tocar… que pueden hacer bailar en una fiesta.”

Gallardo ha sido pilar en ese reconocimiento porque incluso ella vivió una relación con violencia. Permití hace unos años que me maltrataran física y sicológicamente y resulta que no era lo mío. Lo mío era el camino de la música, mi sanación. Ha sido duro salir de un círculo de violencia, por lo que promuevo que en Mujeres del Viento Florido tiene que haber empatía, acompañamiento, confianza, un espacio de seguridad porque lo que viví no quiero que se repita con las niñas.

–¿Qué les dices a las manitas que te comparten que han sufrido machismo o violencia doméstica?

–Cada una tiene su propia situación, por lo que tratamos de escuchar a todas. Les sugerimos o regañamos a veces, pero la cuestión es que estas niñas y jóvenes sepan que tienen un espacio en el grupo en el que se sientan seguras.

–¿Te has ha dado cuenta de la importancia que en el país haya una agrupación como Mujeres del Viento Florido?

–Poco a poco la vamos asimilando. Cuando iniciamos, nadie nos invitaba porque no nos veían con capacidad, por ser mujeres. Los espacios que nos daban eran el Cecam y en el municipio, no más allá. Esto nos hizo organizarnos, aunque fue complicado porque si ya teníamos hijos o familia, menos nos iban a invitar a tocar pues –según– ya eras mujer con responsabilidades. Pero hemos logrado que vean que no tiene nada de malo que desees hacer música y que quieras tener una familia. Ahora, hasta nuestros hijos o la pareja nos acompañan a los conciertos.

Afirma: “Hemos investigado y no hay una banda de la naturaleza de Mujeres del Viento Florido. Ni siquiera hay una escuela para dirigir bandas regionales, menos para composición de música tradicional, y toda esa parte la flexionamos y nos preguntamos por qué sólo se escucha en nuestras regiones y no en la radio, donde hay cosas que no valen la pena. Sabemos que vamos a contracorriente porque lo que menos vamos a tener los de la música tradicional son apoyos para que podamos grabar o difundir nuestro trabajo… Los esfuerzos en realidad son comunitarios, y si hay presentaciones, por lo regular son del municipio.

Pero aún así, vamos abriendo espacios porque insistimos en que lo tradicional merece ser escuchado en todos los rincones del mundo. Tal vez hubiera sido más fácil apostar a lo comercial para tener apoyo con retribución económica, pero decidimos que queremos ser parte de la riqueza cultural.

La banda ya tiene dos discos y ha recorrido gran parte de su estado y ciudades del país, en escenarios como el teatro Macedonio Alcalá y el Palacio de Bellas Artes. Se presentará el 17 de este mes en el Teatro de la Ciudad, donde acompañará a cuatro maestras del canto: María Reyna, Natalia Cruz, Silvia María y Ana Díaz en el espectáculo Oaxaqueñísimas.

Será un recorrido regional a través de sus ritmos, cantos, danzas del grupo folclórico Tradiciones Oaxaqueñas.

La música es parte de nuestra vida cotidiana, y un poquito más en la región mixe porque aquí cada pueblo, como mínimo, tiene que tener una banda. Es parte de la organización comunitaria; es algo fundamental. No podemos concebir un pueblo o una comunidad sin música o banda. Los niños aprenden música con facilidad porque es parte de su vida, reitera la profesora Gallardo.

Oaxaqueñísimas es un viaje por los rincones de Oaxaca, un proyecto de diversidad musical muy bonito en el que cada intérprete mostrará su esencia y nosotras las acompañamos. No se van a arrepentir de presenciarlo.

La cita es el sábado 17 a las 19 horas, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris (Donceles 36, Centro Histórico, cerca del Metro Allende).