Editorial
Ver día anteriorDomingo 11 de febrero de 2024Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Migrantes: explotación sexual y mezquindad política
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eis mujeres y un hombre solicitantes de asilo, así como una docena de empleados y ex empleados de un subcontratista, demandaron por explotación sexual a seis integrantes de la Guardia Nacional neoyorquina, junto con varios empleados de la empresa DocGo, contratada por la ciudad de Nueva York para supervisar las necesidades de los migrantes mientras tramitan sus peticiones. Los soldados y los trabajadores de la compañía privada habrían abusado de la situación de extrema vulnerabilidad en que se encuentran los migrantes (de la que forman parte la incertidumbre sobre su estatus legal, los impedimentos a su movilidad y la necesidad de suministros básicos) para obtener relaciones sexuales a través de extorsiones. En la querella interpuesta ante el tribunal federal de distrito de Manhattan se detalla que los solicitantes de asilo fueron llevados con engaños a la zona rural del estado donde se les internó en un hotel en malas condiciones, con olores nauseabundos y falta de higiene inaceptable, infestado de insectos, enchufes eléctricos expuestos y paneles de yeso dañados. El aislamiento de la zona habría facilitado las vejaciones de que fueron víctimas.

El escándalo salió a la luz sólo dos días después de que los senadores republicanos hundieron una iniciativa encaminada a reducir la cantidad récord de cruces fronterizos no autorizados, la cual fue negociada durante cuatro meses con sus contrapartes demócratas. La caída de los acuerdos cuando ya parecían consumados supone una dura derrota para el presidente Joe Biden, quien ha sido acorralado por el discurso conservador que acusa al mandatario de llevar adelante una política de fronteras abiertas y ser responsable de los históricos flujos migratorios hacia territorio estadunidense. La especie es completamente falsa, toda vez que en sólo 10 meses la administración Biden ha deportado a 530 mil personas, el número más alto jamás registrado en un periodo tan corto. En contraste, durante la presidencia del racista Donald Trump, las deportaciones promediaron 240 mil anuales. Asimismo, en el primer año del actual gobierno demócrata las detenciones de migrantes indocumentados se triplicaron con respecto al último de su antecesor republicano.

Como suele ocurrir, los datos no han impedido al magnate usar la crisis migratoria para azuzar a su electorado, presentar el naufragio de la iniciativa como gran triunfo, y prometer que, de regresar a la Casa Blanca, desatará una cacería y expulsión sin precedentes de migrantes. Lo paradójico es que la propuesta de reforma fallida constituía una claudicación de Biden ante las demandas centrales del Partido Republicano en materia migratoria, a la que el mandatario accedió con el expreso propósito de obtener 95 mil millones de dólares para perpetuar la guerra en Ucrania, financiar el genocidio de Israel en la franja de Gaza y seguir armando a Taiwán, la isla separatista china cuyos reclamos de soberanía no son reconocidos ni siquiera por Washington. Al presionar a los legisladores de su partido para que la rechazaran, Trump dinamitó la posibilidad de consagrar en las leyes su visión xenofóbica y racista con tal de arrebatar a su adversario cualquier elemento que pueda presentar como éxito en el manejo de la frontera, y retener el discurso del peligro migrante como su principal bandera rumbo a los comicios de noviembre próximo.

Los sucesos de Nueva York y la manera en que los solicitantes de asilo son usados como rehenes de las necesidades electorales de demócratas y republicanos exhiben de nueva cuenta el escaso valor de los derechos humanos dentro del país que se arroga la facultad de calificar y sancionar al resto del planeta por su desempeño en la protección de dichas garantías. Asimismo, es el enésimo recordatorio de que frenar los flujos humanos por la fuerza es al mismo tiempo cruel e ingenuo, pues las personas que emprenden el viaje en busca de una vida digna o para ponerse a salvo de la violencia no se detendrán mientras prevalezcan las condiciones adversas en sus lugares de origen.