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Artistas dieron en el Teatro de la Ciudad un concierto ecológico, intercultural y feminista

En Cyborg & Viento Florido-Mujeres por la Madre Tierra participaron el colectivo Snowapple, la orquesta viento Florido e invitadas, como Liliana Felipe

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▲ También subieron al escenario Vivir Quintana, Nubia Rodríguez García y la activista Cheryl Angel, líder indígena lacota.Foto Cristina Rodríguez
 
Periódico La Jornada
Martes 14 de noviembre de 2023, p. 4

En una noche de cuestionamiento, denuncia, reclamo, aunque también de canto, baile y alegría, resultó el espectáculo Cyborg & Viento Florido-Mujeres por la Madre Tierra, que presentó en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris el colectivo internacional Snowapple y la Orquesta de las Mujeres del Viento Florido, dirigida por Leticia Gallardo, procedente de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca.

Se proyectó también un fragmento de Kiva: El llamado de los sabios, documental de Marijke Kodden y Jaap Verhoeven. El filme tendrá una función especial este miércoles a las 18:30 horas en la sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario, y el 20 de noviembre a las 15 horas en Huerto Roma Verde.

Enseguida cantó Nubia Rodríguez García, quien aparece en Kiva, y también participó la activista Cheryl Angel, líder indígena lacota, protectora del agua de la primera línea en la reserva sioux de Standing Rock, Dakota del Sur.

Snowapple es un colectivo de siete artistas interdisciplinarias en busca de colaboraciones y experimentos. Gracias a unos videos, la agrupación conoció el trabajo de Gallardo al frente de la banda de mujeres y la contactó. Para su gira en México, Snowapple trajo su nuevo espectáculo, Cyborg Cabaret. El concierto también se presentó hace unos días en la capital de Oaxaca y en Tlahuitoltepec.

La función en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris contó con varias invitadas, entre ellas la compositora Liliana Felipe, una institución no sólo en la música mexicana, sino en la escena contestataria y transgresora. Dueña de un discurso muchas veces aguerrido, muchas veces con un humor de importancia para el espectáculo y el cabaret, se ha dicho que fue “la primera punk de los escenarios underground”.

Acompañada por la orquesta, Liliana Felipe interpretó al piano un par de canciones. Entre ambas piezas una bandera del Estado Palestino se desplegó en el escenario, mientras Felipe exigió alto al genocidio. Sus palabras fueron repetidas por el público, que agregó Viva Palestina libre.

Por un feminismo animalista

La artista argentina dijo a continuación: “La desaparición forzada es un dolor indescriptible y eterno. La desaparición de mi hermana me provocó buscar en mí dónde seguía siendo injusta. Entendí que la violencia que vivimos es directamente proporcional al sufrimiento que provocamos en los demás animales.

El feminismo incluye a las hembras de todas las especies. Por eso lucho por ese feminismo. Si de verdad queremos hacer algo contra la violencia, es muy fácil: dejemos de comer y explotar a los animales. Ni oprimidas, ni opresoras.

El espectáculo también tuvo su lado más científico, a cargo de Eva Schumacker, integrante de Snowapple, quien realizó experimentos en vivo en el escenario. Eso, porque parte del trabajo del colectivo tiene que ver con hacernos reflexionar y cuestionarnos respecto de lo que pensamos antes y ahora, a la vez que escuchar a los demás en aras de moldear un nuevo discurso, un nuevo mundo.

Schumacker dio a conocer los resultados de “nuestra investigación de 30 años sobre el cyborg, tema descuidado, no valorado, de dolor, aunque también de esperanza”. Antes de la función, las integrantes de Snowapple repartieron un cuestionario entre el público con preguntas como: ¿crees que el mundo necesite nuevas especies animales?, y si pudieras mejorar tu cuerpo a través de recursos tecnológicos, ¿preferirías tener órganos animales o vegetales, o una computadora por cerebro?”

Otras invitadas de la noche fueron Mare Advertencia, Zeiba Kuicani, Naina, Shirley Krenak, mientras la invitada sorpresa, Vivir Quintana, interpretó su composición Canción sin miedo, que se ha convertido en himno feminista.

El espectáculo concluyó con todas en el escenario cantando juntas. El coro que se repetía fue: alerta, y como nunca falta la petición de otra, otra, la orquesta complació con música de su tierra. Fue una noche de estar juntas en las causas comunes, vivir las emociones y romper moldes.