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Conciertos subvencionados, opción frente a monopolios
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▲ Varias presentaciones musicales que cubren las instituciones de gobierno son gratuitas. En la imagen, tocada en la Plaza José Martí, en el Centro Histórico.Foto Roberto García Rivas
 
Periódico La Jornada
Martes 20 de junio de 2023, p. 4

Ya se armó el concierto y será gratis. Cuatro bandas tocarán en Utopía Papalotl de Iztapalapa. Circuito Independiente, volumen 1, promoverá el talento de agrupaciones de punk, indie y rock de la ciudad, de reciente irrupción en la escena musical.

Hace unas semanas, la alcaldía anunciaba de esta forma una tocada para sus habitantes.

No son los grupos más conocidos o de moda de Spotify o YouTube; tampoco las grandes producciones, pero la gente pudo disfrutar un rato de esparcimiento sin desembolsar miles de pesos, así como escapar del monopolio de Ocesa y otras promotoras que siguen sus pasos copando la mayoría de los foros grandes en el país.

Para gozar de ese alimento espiritual que es la música, los mexicanos que no quieren desplumar su economía se han adaptado a las subvenciones institucionales para gozar con alguno que otro artista de talla internacional y también esperar encuentros impulsados por la autogestión; muchos de éstos son de artistas incipientes.

La semana pasada, el tema de los monopolios y sus abusos llegó al Poder Legislativo.

Ante el problema que desencadenó la reventa y encarecimiento de boletos para espectáculos, la Comisión de Economía, Comercio y Competitividad de la Cámara de Diputados avaló un dictamen que reforma las leyes Federal de Protección al Consumidor y la de Competencia Económica, con el fin de proteger a los consumidores de dichas prácticas abusivas.

De acuerdo con el dictamen, se faculta a la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) a proteger los derechos de los consumidores en la compra de boletos para espectáculos públicos. El proyecto, según un boletín del canal legislativo, establece que los provedores de servicios destinados al ofrecimiento de espectáculos públicos deberán garantizar la entrada de los consumidores que cuenten con algún medio válido para su acceso.

Asimismo, señala que no podrán ofrecer accesos que sobrepasen el número de lugares disponibles. También, que en caso de cancelación de cualquier espectáculo, deberá reintegrar al consumidor el importe completo cobrado.

El documento requiere ser aprobado por el pleno de la Cámara de Diputados y el Senado. Otorgaría herramientas a la Profeco para emprender acciones contra las empresas cuando detecte irregularidades. Todo mundo sabe que el imperio es de Ocesa y de Ticketmaster, así como que los ciudadanos requieren escuchar música en vivo.

Pero mientras el Estado se adentra y regula el escabroso mundo de las promotoras de conciertos que aumentan los precios con argucias fiscales como cobrar impuestos a los usuarios hasta por el aire que respirarán los artistas, los mexicanos buscan espectáculos gratuitos bajo el auspicio de los gobiernos federal, estatales y municipales.

Estas presentaciones gratuitas no son nuevas. Hace años varios artistas nacionales e internacionales han actuado en lo que se ha convertido en foro ideal de la gorra: el Zócalo de la Ciudad de México. Muchos locales, y ahora cada vez más visitantes de los estados, esperan ya los anuncios de los espectáculos que el gobierno ofrece sin costo.

Uno de los más recordados es el de Juan Gabriel en 2004, cuando rompió récord de asistencia, al reunir cerca de 80 mil personas. Manu Chao se presentó también ahí y convocó a 150 mil en 2006.

Pero se quedó corto, ya que un año después unos 170 mil disfrutaron la presentación de Café Tacvba. El pop también tuvo presencia en la plancha cuando en 2007 Shakira cantó ante 210 mil personas, y este año, la española Rosalía.

En pleno 10 de mayo de 2012, efeméride que las alcaldías toman para gastar parte de su presupuesto de cultura para contratar grupos y solistas de salsa, cumbia, balada y rock, el ex Beatle Paul McCartney llegó al Zócalo ante casi 200 mil personas. Ese año, el popero Justin Bieber también se dio una vuelta para dar un concierto y reunir a la misma cifra de asistentes.

Se recuerda que en 2016 Roger Waters dio una de las presentaciones más increíbles que se han visto en ese foro. A su vez, Grupo Firme logró convocar a 280 mil personas, pero los que detentan la corona hasta hoy son Los Fabulosos Cadillacs que, a decir de las autoridades, juntaron a más de 300 mil personas.

Ese concierto fue para muchos la antítesis de las presentaciones en vivo: la gratuidad llamó pero también la calidad. Llegaron hasta familias. No sabes lo que hubiéramos pagado si vamos a los de Ocesa, comentó a La Jornada Aurelio, quien acudió con su esposa y cuatro hijos adolescentes. Nos ahorramos lo de unas vacaciones.

Así, el foro del Zócalo se ha convertido en el ideal para quienes no desean entregar sus quincenas al monopolio que ha extendido sus brazos a auditorios como el BlackBerry, en la Condesa, o el Pepsi Center, en la Nápoles, en los que, por poco conocido que sea el artista, los precios no bajan de 700 y alcanzan 2 mil pesos.

En esos recintos, los melómanos buscan conciertos que no son promovidos por Ocesa, como el Global Ska, por el que se cobrarán 600 pesos de entrada general.

Ya no existen espacios como el Multiforo Alicia, donde se podía acceder a un buena tocada por menos 150 pesos, pero siguen existiendo otros como el Indie Rocks, en la colonia Roma, para grupos que son conocidos en el underground pero de excelente calidad, con precios que van de 250 a 700 pesos. También hay espacios pequeños, como el Hilvana, donde ver una presentación no rebasa 300 pesos.

Al margen del statu quo

Artistas llegan, pegan y se van de noche, pero por fortuna sigue habiendo sitios donde las tocadas están al margen del statu quo, como en la llamada ciudad del rock, Tlalnepantla, bien conocida por dar cabida, en diversos foros, a bandas de punk, metal y urbano; conocido como centro de convenciones, el Foro Aruma o actualmente el Rodeo de Santa, por los cuales siguen pasando estupendas agrupaciones de metal, rock urbano, punk y surf, nacionales y de fuera del país, donde los boletos no exceden 300 pesos.

La tradición del rock en ese municipio del estado de México sigue abanderando el rock que no se ve en los conciertos de Ocesa, y es bien conocida para roqueros de hueso duro, gustosos de bandas como Banda Bostik, Tex Tex, Interpuesto, El Tri o Ángeles del Infierno, que no quieren embarcarse con la tarjeta de crédito para presentaciones en el Foro Sol o el Auditorio Nacional.

Frente a los pocos caminos que dejan los dueños de las parcelas de los conciertos, los gobiernos, a través de sus áreas de cultura, tratan de aprovechar lo que dejan los promotores para ofrecer opciones subvencionadas, como conciertos en ferias.

Por ejemplo, el que llevaron a cabo las secretarías de Cultura de la Ciudad de México y la de Turismo en el Parque Bicentenario, donde se organizó la llamada Gran Feria de México, donde, por precios razonables, se pudo disfrutar de pop, rock y grupero. Belinda, Edén Muñoz, Moderatto, La Arrolladora Banda el Limón y Kumbia Kings, para los que entre otros, se vendieron entradas desde 120 pesos.

No hay que olvidar que en el mundo musical subterráneo, otros ritmos han tomado el lugar que ha dejado el rock. Basta recordar que los mexicanos siguen creando sus propios foros, como el del extinto bar Dolls Drinks (conocido por vender licuachelas), local para unas mil personas ubicado en el mero Tepito, donde no sólo se vendía alcohol, sino también destacó por albergar presentaciones del género urbano como Bellakath, El Malilla y el famoso DJ Uzielito Mix. La entrada era gratuita. Nada más había que llegar con buen hígado para beber cantidades industriales de alcohol.

La música sigue en México, nada más hay que buscar la opción más económica y de calidad, como la que ofrecen algunos foros del sistema de teatros de la CDMX, como el Teatro de la Ciudad, donde se puede acudir por precios todavía razonables.