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Frente al cambio
E

l escenario internacional se está transformado de modo notorio y aceleradamente. Los debates especializados apuntan a cuestiones de diversa naturaleza para plantear las posturas en conflicto que se advierten hoy por todas partes: los acomodos internos en los países, su naturaleza y consecuencias; aquellos que ocurren entre las naciones; la redefinición de las regiones y las áreas de influencia; los acuerdos que se fraguan; las fuerzas que se enfrentan; los poderes que se replantean; las disputas que se crean.

La geopolítica está en el centro. Es siempre un componente clave de la configuración de las condiciones a escala nacional y, por lo tanto, de las relaciones internacionales. No se trata de una sola fuerza que ordena las contradicciones vigentes y los enfrentamientos de los estados nacionales, sino que, como se exhibe hoy, se advierte como diversas corrientes con dinámica propia y definitoria; una red extensa y profunda de relaciones de poder que podrá dar lugar a una nueva estructura que imponga y contenga ciertos niveles de estabilidad, pues la crisis y las confrontaciones constantes son disfuncionales.

Lo que no debería hacerse es instrumentalizar la historia en aras de la política o de la ideología. Pero eso es, precisamente, lo que se hace de modo persistente como un factor de poder. Su rendimiento, en cuanto a la definición de distintos modos de funcionamiento social y del control de los recursos es notorio y muy alto. Se extiende, igualmente a la población, puesto que moviliza sentimientos, creencias y voluntades. En algunos casos hasta el paroxismo.

La situación provoca incertidumbre, por supuesto. Los líderes mundiales protagonizan la dinámica y las contradicciones que están en curso. Las fuentes de poder, de distinta naturaleza, se modifican y recomponen. Algunas son claramente visibles, muchas de ellas se ocultan o se disimulan, siempre lo han hecho.

Hay elementos comunes que pueden identificarse, son constantes y de larga duración. Una manera de verlos en sus diferentes formas y expresiones se plasma en la literatura. Remito en este caso a los magníficos libros del Éric Vuillard, todos ellos; el más reciente titulado Una salida honrosa sobre el colapso de la larga presencia francesa en Vietnam.

Los ingredientes del cambio están ocurriendo de frente a nosotros día con día, en un complejo entramado de factores, relaciones, procesos y enfrentamientos que son difíciles de asimilar cuando el desenvolvimiento está en curso. Nos sorprenden, nos inquietan, en pocos casos nos alientan de un modo vital. En los extremos hay fanatismos y hay indiferencias.

El caso es que no es posible permanecer aislados o ausentes, aunque queramos, pues finalmente nos concierne de formas diversas y en algunos asuntos incluso de manera vital. Sí, literalmente de modo vital, sea por el cambio climático, las guerras, la amenaza nuclear, las crisis económicas recurrentes, la desigualdad social, las pandemias, el control al que cada vez estamos más sujetos por medio de las tecnologías y de quienes las controlan, el creciente entorno de autoritarismo y desgaste de los espacios de la democracia. El individuo se contrapone a la masa.

En efecto, los momentos históricos de replanteamiento y reposicionamiento de las estructuras de poder internacional son convulsos y, también, impredecibles. La historia reciente, para no ir más lejos y que tiene resonancias, la del siglo XX y lo que corre de éste es explícita al respecto. No hay certezas posibles, no hay una seguridad asequible y a cada paso se descubren hechos y se experimentan situaciones que de alguna manera van creando situaciones de hecho a las que hay que ajustarse y esto desde posiciones de vulnerabilidad privada y de gran desigualdad social.

Una perspectiva de índole general concierne al replanteamiento de la o las hegemonías a escala mundial. Se discute acerca de la pérdida de hegemonía de Estados Unidos; hoy, ciertamente, en condiciones distintas de aquellas que marcaban la situación, por ejemplo, en la década de 1980 o en la de 1990 con el fin de la guerra fría y el colapso de la Unión Soviética y el sistema político y social creado a su alrededor.

Destacan, hoy, el poder creciente de China; las posibilidades que no se asientan en Europa; las opciones de Rusia; la relevancia de la India, cuya población es ya mayor a la de China; los reacomodos en la extensa y diversa región del Medio Oriente. Se plantean formas de algún concierto entre los países de América Latina luego de una larga historia de desencuentros, con muchos discursos, sonoras declaraciones, estudios de todo tipo y poca efectividad. Hay que reconocer que no todos estos asuntos tienen el mismo peso político y conviene distinguirlos y ubicarlos de modo útil y responsable en cada país.

En disputa están cuáles serán los polos del poder a escala internacional; cómo se reconformará un entorno de globalización; qué papel tendrá el desarrollo tecnológico en un nuevo orden mundial; hasta dónde llegarán el componente militar y la confrontación bélica; cómo se redefinirán los patrones monetarios y el impacto económico y político del sistema financiero; cómo se generará riqueza y qué será del trabajo, el ingreso, el retiro de la gente; habrá que redefinir lo que es el bienestar como condición social y también replantear un liberalismo cansado frente a un autoritarismo en ascenso. No es poca cosa.