Número 173 Suplemento Informativo de La Jornada Directora General: Carmen Lira Saade Director Fundador: Carlos Payán Velver
Saharahuis
Camellos en el desierto. Diana Luna

Nomadismos del desierto: un vistazo al pueblo saharaui

Alberto Maestre Fuentes Universitat de Barcelona

Al contrario que la mayoría de los pueblos sedentarios del norte de África, sometidos a la autoridad del sultán de Marruecos, los saharauis eran nómadas que se desplazaban en busca de pastos y agua, siguiendo unas rutas de pastoreo que atravesaban las actuales fronteras del Sáhara Occidental, hasta las zonas limítrofes de Mauritania, Argelia y Marruecos.

Además, las grandes rutas caravaneras sirvieron para entrar en contacto con productos manufacturados que podían conseguir más fácilmente que otros pueblos. Así, “pastoreo-guerra-comercio han sido tres eslabones fundamentales de la economía sahariana”.

Su organización social era muy similar a las de las demás poblaciones nómadas o seminómadas de África, estando por lo tanto muy bien definida, siendo la familia la base de la misma. Los nómadas saharauis, en todos los momentos duros y ásperos de la vida piden ayuda a los parientes por la línea paterna, y en los momentos apacibles, cuando el amor puede desenvolverse sin riesgo, se tiende a mirar hacia la madre y sus allegados.

Los parientes saharauis se denominan qarib o qorabai si es en plural, y dentro de estos se distinguen los parientes por vía masculina de los parientes por línea femenina.

El linaje establecía la solidaridad entre ellos y cada linaje se sentía orgulloso de ser descendiente de personajes religiosos importantes que se remontaban a muchas generaciones anteriores. La importancia del linaje en los saharauis era tal, que servía para solucionar diferentes conflictos que se pudieran dar entre ellos, como era el pago de la deuda de sangre y el cobro de dicha deuda.

A los que pertenecían al mismo linaje se les denominaba ulad-el (‘a) mm (hijos del tío paterno), entrando en dicha categoría los parientes hasta llegar al fundador de la fajad (fracción).

De esta manera, cada tribu o cabila estaba organizada internamente en fracciones. Estas fracciones a su vez se podían dividir en subfracciones y familias, y se organizaban en campamentos instalados con jaimas (tipos de casas o tiendas de campaña típicas), con las que se trasladaban todos juntos cuando decidían buscar nuevos pastos y agua, o cuando otras circunstancias exigían su desplazamiento.

Sin embargo, en estos campamentos también podía haber miembros ajenos a la tribu, como era el caso de los artesanos, músicos y esclavos.

Por medio de la suma de varios campamentos se conformaba una fajad (fracción), donde a su vez, el conjunto de estas formaba la cabila o tribu, la cual, era liderada por los jefes de las cabilas o de las fracciones, a quienes se denominaban chej.

Con la participación de las personas más respetadas de las tribus es que se conformaba la asamblea deliberante que tomaba las decisiones más importantes; esta asamblea es llamada La Yemáa. En caso de guerra las cabilas convocaban el Ait Arbein, el Consejo de los Cuarenta, y a él acudían todos los hombres que tuvieran un camello y supieran utilizar armas, listas para marchar a la guerra.

Entre saharauis se podían distinguir tres tribus muy bien diferenciadas entre sí. La primera sería la de los guerreros, que se denominaban entre ellos árabes (arab) o “gentes del fúsil” (ahel adelfa). Ellos proporcionaban protección a otras tribus dedicadas a la ganadería a cambio del pago de un tributo.

Entre las cabilas guerreras, los Ulad Delim eran los más importantes. También pertenecerían a este grupo los Izarguien o Tahalat.

El segundo grupo estaría compuesto por los que pertenecían a las familias religiosas (zuaia) o “gente de libros” (ahel ktub) que se distinguían, aparte de por no llevar armas y no participar en guerras, por su religiosidad y por su dedicación al estudio y al comercio.

Por último, nos encontraríamos con las cabilas tributarias (znaga), las cuales se dedicaban al pastoreo y la pesca en el caso de aquellas que habitaban en las zonas costeras.

Hay que señalar que, junto con las fracciones y cabilas, que se basaban en linajes, existían dos castas al margen de éstas, que eran las de los majarreros o ma´temin y los bardos o iggauen, que estaban relacionadas con oficios. Los primeros trabajaban el metal, la madera, el cuero, entre otros, y los segundos se dedicaban a tocar instrumentos musicales y cantar desplazándose de campamento en campamento.

En una jerarquía inferior a estos, les seguían los esclavos (abid) y los libertos (haratin), que eran de raza negra.

La sociedad del Sáhara estaba muy bien estructurada, compuesta por cuatro niveles perfectamente definidos entre sí.

El más alto estaba ocupado por las cabilas pertenecientes a la “gente del fúsil” y a la “gente de libros”; en el segundo estarían los pertenecientes a las cabilas tributarias; en el tercer nivel estarían los pertenecientes a las castas de los majarreros y los bardos; y en el último y más bajo nivel nos encontraríamos con los esclavos y libertos.

Sin embargo, la cohesión social y los vínculos de pertenencia se fincaban en lazos sanguíneos: la familia y, más allá, la cabila.

Cabe mencionar que existieron pocos contactos de otras civilizaciones con el Sáhara, y eso fue debido a que el territorio de Saguia el Hamra hacía de frontera sur y eran muy pocos los árabes que se atrevían a cruzarlo.

También aspectos financieros y políticos hicieron que otros pueblos árabes del norte africano no mostrasen interés por el Sáhara y no emprendieran grandes e importantes expediciones en territorio saharaui.

Por esta razón, los saharauis se caracterizaban por ser un pueblo nómada, con un orden social de tipo tribal, pero con una forma de vida económica y política característica, con una cultura y lengua propia, diferenciadas del resto. •

Mujer saharaui tocando el T-bal. Luna Yedra