"La Jornada del Campo"
Número 170 Suplemento Informativo de La Jornada Directora General: Carmen Lira Saade Director Fundador: Carlos Payán Velver
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 Ilustraciones: Edgardo Mendoza RomeroIlustraciones: Edgardo Mendoza Romero

Privatización en el campo mexicano durante el periodo neoliberal

Jesús Guzmán Flores  

Una de las características del modelo neoliberal que se impulsó en México a partir de los años ochenta del siglo pasado, fue el desmantelamiento de las entidades públicas que apoyaban las actividades agropecuarias, forestales y pesqueras. Este desmantelamiento siguió dos vías: la venta de los bienes de las empresas públicas al sector privado o la extinción de alguna de ellas, permitiendo que el sector privado realizara la producción de los bienes o la prestación de servicios que realizaban la entidades extinguidas, vías que en la práctica tuvieron el mismo resultado: la preeminencia del sector privado en los sectores comercial y agroindustrial, que como sabemos, repercutió en los hábitos alimenticios que han contribuido al deterioro de la salud de los mexicanos, además de ampliar las desigualdades sociales y económicas.

Entre las empresas paraestatales privatizadas y extinguidas, está la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO), que fue un consorcio de entidades públicas que tuvo el monopolio del comercio exterior de granos alimenticios y leche industrializada y, que fue la principal comercializadora de la producción nacional de esos productos, para lo cual contaba con una amplia red de almacenes en las principales ciudades del país y en prácticamente todas las zonas productoras. La CONASUPO contaba con cadenas de tiendas para el abasto de productos básicos y de consumo generalizado, que iban desde establecimientos del tipo de supermercados hasta establecimientos modestos del tipo de tiendas de abarrotes; industrializaba oleaginosas y cereales para la producción de aceites, grasas y harinas y, cabe destacar que fue la entidad responsable de ejecutar la política de precios de garantía, mediante la adquisición de una parte importante de los productos agrícolas sujetos a los mismos, lo cual le permitía abastecer a la industria y a la población en general, aplicando los subsidios que se requirieran para garantizar se cumpliera con los precios máximos que se fijaban a los productos reconocidos como de primera necesidad: tortilla, maíz grano, frijol, arroz, entre otros. De esta entidad solo se mantuvo el programa de abasto rural (Diconsa) y de leche industrializada (Liconsa) que actualmente opera SEGALMEX. La desaparición de la CONASUPO facilitó que la comercialización actualmente sea determinada por un oligopolio de cadenas de supermercados, con el predominio de una empresa transnacional, circunstancia que también se da en la comercialización de los granos, en la que predominan grandes empresas comercializadoras, algunas de ellas transnacionales.

En materia de insumos agropecuarios, también se siguió un camino de privatización y extinción de empresas paraestatales, se privatizaron las plantas productoras de fertilizantes y se extinguió la empresa que los comercializaba, Fertilizantes Mexicanos; la entidad pública responsable de la producción de semillas mejoradas, Productora Nacional de Semillas fue liquidada y la empresa pública productora de alimentos balanceados, también fue privatizada. Todo lo anterior para favorecer a empresas privadas productoras e importadoras de estos insumos.

Cabe mencionar la privatización de la empresa estatal ferrocarrilera, la cual proporcionaba el servicio de transporte de productos agrícolas, que ahora proporcionan empresas ferrocarrileras transnacionales, que principalmente apoyan a grandes comercializadoras de granos, quedando la mayoría de los productores agropecuarios limitados de poder utilizar este servicio.

Es importante mencionar en esta línea privatizadora, lo realizado en la gestión y el acceso a la tierra, en donde mediante cambios legales, se eliminó el acceso gratuito a la tierra para quien careciera de ella; se posibilitó la venta y renta de las parcelas ejidales y se crearon las condiciones para que pudieran convertirse al dominio pleno y dejaran de ser propiedad de los núcleos agrarios. Con lo anterior, se crearon las condiciones para que la tierra en manos de los núcleos agrarios pudiera ser privatizada y dejara de ser una propiedad social, que, si bien se usufructuaba de manera individual, eran propiedad de un ente colectivo: el ejido. Estos cambios influyeron para que el individualismo avanzara y se debilitaran los principios solidarios y comunitarios que caracterizan a la producción campesina.

Ahora bien, el expresar los cambios que trajo el neoliberalismo no se hace para proponer que se reintegren las entidades privatizadas y extinguidas, pues muchos de ellas se crearon para afianzar el modelo de la revolución verde que el Estado impulsó en el siglo pasado, sino para enfatizar que las privatizaciones se realizaron para fortalecer ese modelo en beneficio de grandes empresas privadas. Ahora se trata fortalecer un modelo productivo basado en la agroecología y que se vincule a través de redes con los consumidores urbanos y rurales, proporcionándoles alimentos sanos y que en su producción no hayan dañado a la naturaleza. •