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Renuevan devoción por la Virgen
 
Periódico La Jornada
Lunes 7 de diciembre de 2020, p. 14

Apenas con 21 años y un bebé, Maricruz y su esposo decidieron por pura devoción, caminar hasta la Villa de Guadalupe.

Fueron tres días de peregrinar desde San Lucas Tulcingo, Puebla, en las faldas del Popocatépetl, hasta llegar a la Basílica para darle gracias a la Virgen, refrendar sus creencias y pedirle dicha y salud.

Habían ofrecido ese auto de fe desde que ella estaba embarazada. En la madrugada del 12 de diciembre puntuales, cantaron las Mañanitas, pasaron ante su imagen, durmieron unas horas en la loza del atrio y regresaron a su pueblo en autobús.

Pagar esa manda, dice Maricruz, renovó su apego a la guadalupana: su hijo había tenido problemas para nacer y presentaba frecuentes problemas bronquiales. “Pero esa vez, y a pesar de dormir a la intemperie –claro, lo cubrí con varias cobijas– ni siquiera se me resfrió como yo me temía”.

Narra su periplo: “Lo hicimos en grupo; íbamos unos 20. Donde nos cansábamos deteníamos el paso un rato, en la sombra, y cuando nos alcanzaba la oscuridad tendíamos unas cobijas; y a las pocas horas, de nuevo a marchar.

“Como era diciembre, ya se sentía mucho frío. Éramos pura gente de San Lucas y unos cuantos de San Pedro. Para comer, el primer día llevábamos tortas; después, por el camino, algo podíamos comprar, pero sobre todo mucha gente nos regalaba tacos de arroz o de lo que fuera, jugos, agua, de todo nos daban.

“Le dimos vuelta al volcán por Amecameca y siempre por la carretera libre. Ahí hay muchos pueblitos, pero también necesitábamos llevar lo nuestro porque en los cerros que atravesamos no había nada.

“Sí fue cansado. Casi siempre yo cargaba a mi niño. Algunos se ofrecían a ayudarme, pero él no quería, lloraba, así que yo me lo envolvía en mi rebozo… hasta que llegamos. Queríamos pedirle a la Virgen por nosotros como familia. Ya tengo otro niño de un año. Y soy todavía muy devota de la Virgen: por ella podría caminar de nuevo hasta la villita”.