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La Guía ética para la transformación de México
L

a Guía ética que acaba de ser presentada constituye la realización de una idea largamente acariciada por Andrés Manuel López Obrador. Esta idea surge de un hecho real y que a nadie escapa: la profunda crisis moral en que se encuentra la sociedad mexicana causada por una extendida corrupción. Ha sido por ello que uno de los propósitos del actual Presidente ha sido tratar de acabar con ese mal. Para ello ha recurrido a la acción jurídica, principalmente en contra de los funcionarios del pasado sexenio, entre otras medidas. Sin embargo, para sanear a una sociedad se requieren otras medidas y para ello ha insistido en elevar la conciencia moral del pueblo. Ahora bien, las dos preguntas que surgen son: 1) ¿esta Guía ética cumplirá con el cometido asignado?, y 2) ¿qué lugar ocupa entre los discursos existentes en el actual escenario nacional?

Sobre la primera cuestión diríamos que la Guía ética adquiere la forma de una ética kantiana del deber ser. Frente a ello, uno se pregunta si alguien idealmente no estaría de acuerdo en no mentir, no traicionar, no robar o no asesinar, entre otros imperativos morales; sin embargo, en la vida real algunas personas lo hacen con frecuencia y, por tanto, a mi juicio, lo que hay que analizar es más bien ¿por qué lo hacen y cuáles serían las medidas que un Estado debería tomar para tratar de evitar, en lo posible, este tipo de comportamientos? Aquí se muestra una primera ­limitación de la guía, porque se queda en el enunciado sin ofrecer ninguna explicación. Esto es lo que hacen los códigos morales y, en especial, los religiosos.

Ahora bien, en este código, siguiendo con Kant, parece depositarse la carga de la culpa en el individuo, hecho que a mi juicio es parcial. Desde luego que es necesario elevar la conciencia moral de los seres humanos; sin embargo, ésta se encuentra también condicionada por un complejo de causas sistémicas y, por tanto, si los gobiernos no tienen principios sociales tenderán a fomentar una conducta moral individualista y egoísta, como se ha hecho en los últimos sexenios; pero, si los tienen, buscarán establecer las bases para que conciencia y conducta de los individuos sean modificadas e incluso sancionadas moralmente por la población. Entre estas bases debería figurar una auténtica democracia que en la Guía ética brilla por su ausencia.

Por otro lado, en la guía se abordan aspectos que corresponden a posiciones individuales y que no podrían ser exigibles como deberes éticos. Un ejemplo de ello es el perdón. Frente a la violación y asesinato de una hija; el asesinato de un familiar o el secuestro de un joven para la venta de órganos, entre muchos otros ejemplos, ¿otorgamos el perdón a estos individuos? Creo que es demasiado pedir. Lo que todo mundo exigiría sería justicia, como mínimo. Otro ejemplo: ¿basta con señalarle a una persona que no hay que discriminar porque es atentar contra su dignidad o explicar que la discriminación en contra de la mujer, el indígena o el pobre es, esencialmente, una conducta que busca legitimar la opresión del otro por un grupo social. A mi juicio, esto último es muy importante y ­necesario.

En la guía se abordan muchos temas, pero que están insuficientemente tratados o simplemente se omiten. Por ejemplo, se alude al trabajo, pero como actividad mercantil o fabril y no se le considera como la forma esencial mediante la cual el ser humano transforma la naturaleza creando la sociedad y a sí mismo. El trabajo es la esencia humana en condiciones de libertad (K. Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844). La guía no aborda dos temas centrales, como son la juventud y la vejez. Sobre la juventud se debería fortalecer lo que llama José Ingenieros las fuerzas morales, que implican el fortalecimiento de sí mismo frente a un complejo de inferioridad que se ha inducido en un sector de la población por razones colonialistas; el impulso a la creatividad, a la conformación de un país independiente y a la lucha por realizar una verdadera transformación de la sociedad mexicana. Y por otro, el respeto a la anciana o anciano, que han dedicado toda su vida al trabajo, a la protección de su familia, a engrandecer al país y que merecen todo respeto y apoyo de las generaciones más jóvenes y no el maltrato o deshecho como trastos inútiles.

Ahora bien, ¿qué lugar ocupa la Guía ética entre los discursos dominantes? En forma sintética, diríamos que el primer discurso es el neoliberal, que ha dominado durante 36 años y que se expresa a través de la mayoría de los medios masivos de comunicación con todos sus voceros y entre ellos los intelectuales a su servicio criticando a cada paso todos y cada uno los actos y dichos del Presidente, sea tuerto o derecho; repitiendo las falacias del individualismo posesivo, la globalización; el mercantilismo, e intensificando la enajenación social para buscar, en cuanto sea posible, volver al orden político anterior.

Junto a este discurso se encuentra el del narcotráfico, que promueve entre la juventud la vida fácil, rápida y hedonista y que no se detiene ante el secuestro, la mutilación, el asesinato o el sufrimiento de las personas y sus familiares.

Desde luego que encontramos el discurso religioso, que implica desde un dogmatismo ciego hasta la crítica progresista del papa Francisco, en el caso del catolicismo, y de un oportunismo por parte de los evangélicos, que lo mismo apoyan a Bolsonaro que a AMLO.

Y finalmente, el discurso neozapatista, que vela por la autonomía de sus pueblos y de su cultura; que está en contra de participar en el sistema político vigente para no ingresar en el sistema de corrupción, y que se opone claramente a las formas de desarrollo capitalista que sólo traerán más de lo mismo: desigualdad y explotación.

Frente a estos discursos, AMLO introduce uno nuevo, cuya tónica es contemporizadora. ¿Hasta dónde llegará este discurso? No lo sabría decir, pero tiene ya un impulso de 10 millones de ejemplares más los que se están difundiendo en forma digital. Los redactores de la guía dicen que es perfectible. Ojalá y así fuera, porque en verdad lo que se requiere es una auténtica transformación de nuestro país.

* Profesor investigador de filosofía política en la UAM-I