Editorial
Ver día anteriorDomingo 13 de septiembre de 2020Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El BID que se avecina
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a elección del cubano naturalizado estadunidense Mauricio Claver-Carone como presidente Del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para los próximos cinco años, no sólo echa por tierra la tradición del organismo financiero internacional, que desde su fundación en 1959 había tenido como titular a un latinoamericano; también abre una interrogante sobre el futuro inmediato de la institución, cuya finalidad teórica es promover el desarrollo económico de América Latina, así como la integración económica de la región.

Encontrar una organización que preste dinero a los gobiernos sin ninguna consideración política es ciertamente una tarea difícil: los dueños del capital tienen sus propias reglas, y la principal es no financiar a regímenes que, en su opinión, no comparten por entero los postulados del sistema capitalista. En esa categoría se encuentran desde los que proponen sustituir ese sistema, hasta los que sim-plemente buscan una distribución más equilibrada del ingreso y un abatimiento de las desigualdades sociales.

El mecanismo utilizado por los financiadores para hacer efectivos sus empréstitos es el del condicionamiento: las sumas pactadas se hacen efectivas si los gobiernos receptores toman las medidas económicas –que siempre tienen un alto contenido político– que, a juicio de los prestadores, fortalecen el sistema. Dichas medidas suelen ser, por ejemplo, que la nación solicitante del préstamo concrete acuerdos con otro organismo financiero de gran calado (con frecuencia el Fondo Monetario Internacional); planes para el pago de la deuda externa; reformas impositivas; disposiciones desregulatorias; corrección del déficit fiscal mediante el incremento de los ingresos y el recorte de los gastos, y otras providencias que tienen en común, para alcanzar sus objetivos, desatender los proyectos de desarrollo humano y social.

El BID no ha sido ajeno a esas prácticas, a las que eufemísticamente llama apoyos presupuestarios vinculados a la consecución de objetivos. En términos menos enrevesados, eso quiere decir te prestamos para que inviertas en lo que nosotros decimos. Que sea o no conveniente para los sectores desfavorecidos de los países viene a ser lo de menos. Con todo, la actividad del BID ha servido, con sus asegunes, para desempantanar algunos proyectos necesitados de fondos que han resultado de utilidad pública, lo cual, en parte, puede atribuirse a que todos sus titulares han sido latinoamericanos, es decir más o menos conocedores de las situaciones sociopolíticas de las naciones peticionarias de recursos.

Esto puede cambiar con la asunción de Claver-Carone, un anticastrista de la línea dura ahora ligado a la administración de Donald Trump, y a quien se le vincula estrechamente con el rechazo a los planes aperturistas de EU hacia Cuba, así como de la aplicación de san-ciones contra el gobierno venezolano de Nicolás Maduro. En la última etapa del proceso, la mayoría de los países del área respaldaron al candidato estadunidense, a pesar de los esfuerzos previos realizados por México, Argentina, Costa Rica y Chile para que la elección en el BID fuera pospuesta hasta que pasara la pandemia, con la esperanza de potenciar a algún postulante latinoamericano. La votación se llevó a cabo a puertas cerradas y por vía telemática y, por lo pronto, analistas estadunidenses señalan que una de las tareas que emprenderá seguramente el flamante presidente del organismo financiero será minimizar la presencia de China en la región.