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Ver día anteriorMartes 25 de agosto de 2020Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Derechas e historia: hipocresía y doble rasero
L

a derecha niega los documentos y fundamentos que prueban la violencia extrema de Iturbide, los conservadores o Díaz, y cierran los ojos ante los documentos firmados y los hechos aceptados por ellos mismos. Esa derecha es la misma que para condenar a Juárez al infierno (literalmente) se cree cualquier cuento: así, atribuye a Juárez documentos de sujetos a los que Juárez desautorizó y condenó, como un tal Carbajal, o inventan grandes conspiraciones siempre racistas, porque ese indio ne­cesitaba que alguien tripulara su primitivo cerebro (estoy citando casi textualmente a Salvador ­Abascal). La misma derecha que para sostener las inauditas atrocidades que atribuye a Villa, lee a autores que se basan en entrevistas que empiezan con mi abuelito me dijo o en una prensa ridículamente ­antivillista.

Su manejo parcial e interesado de las fuentes es cualquier cosa, menos histórico. Y muy deshonesto. Pero, más allá de eso, si repudian a Hidalgo o Villa por destruir haciendas y ejecutar enemigos, tendrían también que condenar a Iturbide, Maximiliano y Díaz por las mismas razones: las de la guerra. Es decir, hay que ser extremadamente parcial y tramposo para condenar a Hidalgo y Villa por asesinos, y no hacer lo mismo con Iturbide y Díaz. Entonces, ¿por qué a unos los odian y a los otros los canonizan?

El ejército encabezado por Hidalgo destruyó el eje mina-hacienda, basado en la explotación brutal y el hambre de las mayorías (https://bit.ly/3jct4S4): lo odian por quitar el freno a la turba, la anárquica muchedumbre, al pueblo ignorante. Eso es lo que los aterroriza: que el pueblo sea protagonista de su historia (https://bit.ly/3jbxE2W). Hidalgo, Juárez y Villa son símbolos de las grandes movilizaciones populares, en que los pueblos, las mayorías construyen su destino. Los Iturbide, Alamán, Miramón, Díaz (y los Huerta, Díaz Ordaz, Calderón) son quienes tratan de contener a ese pueblo, al que las élites temen y desprecian: defienden los intereses de las minorías privilegiadas.

En muchos casos, ese odio (particularmente a Juárez) se mezcla con otro ingrediente: el fanatismo y la intolerancia religiosa. Recordemos el caso extremo de quienes suponen que la historia es el escenario de “una gigantesca lucha entre Dios y Luzbel […] que ha de rematar en la victoria definitiva del bien sobre el mal”, en la que el bien es representado por nuestra Santa Madre la Iglesia y el partido del orden, y el mal por la facción masónica liberal (https://bit.ly/34vuLpi).

Penúltima vuelta: hace 11 meses, pensando en una historia de matices, reconciliación y equilibrios, escribí la efeméride de la muerte del empresario Eugenio Garza Sada, al que adjetivé notable, emprendedor, modesto, austero, con sentido humano, fundador, creador de empleos, educador, recio empresario. La parte dedicada al empresario no tenía matices: no mencionaba, por ejemplo, los hechos represivos contra los obreros, el patrocinio de sindicatos blancos o su cercanía con la ultraderecha nazi (https://bit.ly/3hErxnv). Tampoco recordé que durante sus funerales, la oligarquía exigió descaradamente la muerte, no la cárcel, para los guerrilleros de la Liga Comunista. En ese contexto de venganza oligárquica (Marco Rascón, https://bit.ly/2Yyk5Tb), fueron capturados, torturados, ejecutados y tirados frente a las casas de Garza Sada y Aranguren los jóvenes Salvador Corral y José Ignacio Olivares, y detenidos y desaparecidos Ignacio Salas Obregón y Jesús Piedra Ibarra. Pero sólo los guerrilleros son tildados de asesinos por la derecha.

Escribí sin matices de Garza Sa­da. Utilicé el adjetivo valientes para esos jóvenes que enfrentaban a un Estado (y sus aliados) que los condenaba a la muerte sin juicio, la desaparición y la tortura. Las respuestas que recibí reafirmaron mis convicciones y la certeza de que para esa derecha (¿y alguna izquierda?) la historia es guerra, y no iban contra mí, sino contra el gobierno, como explicó Humberto Musacchio (https://bit.ly/34vvgQc).

Cuando alguien vuelva a acusar a Hidalgo o Villa de asesinos mientras exalta a Iturbide o Díaz, recuérdele estas cosas, lectora, lector amigo, y pídale que haga consciencia de por qué en verdad los odia: porque teme y desprecia al pueblo; porque cree en una historia sin matices dictada por su fe religiosa (aunque no sea consciente de ello). Nosotros seguiremos trabajando por una historia comprensiva que rescate a los actores colectivos y las mayorías. Seguiré estudiando la violencia revolucionaria y la violencia represiva, para tratar de ahorrársela a mis hijos. Seguiré explicando que la vía armada, central en otros tiempos, hoy no sólo no es conveniente: es­toy convencido que está cerrada bit.ly/3aXIYwv y https://bit.ly/31scGa1).

Última vuelta: el anticomunismo galopante con un lenguaje propio de los años 50, y los sustantivos Cuba y Venezuela usados como palabrotas. En esa han caído incluso los prestigiados (¿?) intelectuales de una revista que hoy se presenta como mártir de la democracia. Sus textos rayan en el absurdo (https://bit.ly/34HrDqP).

Twitter: @HistoriaPedro