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El teatro orquestal de Aurora
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▲ Portada del álbum Music of the Spheres.Foto tomadas de la página de la agrupación
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▲ La Orquesta Aurora durante un ensayo de Journey, de Max Richter.Foto tomadas de la página de la agrupación
 
Periódico La Jornada
Sábado 18 de julio de 2020, p. a12

Algo bueno está sucediendo en el mundo de la música de concierto: nuevas formas de producción artística cristalizan proyectos fascinantes, como el de la Orquesta Aurora, agrupación camerística británica que despliega retos formidables como interpretar sinfonías enteras de memoria, e infundir con recursos escénicos energía anímica en sus conciertos, conceptualizados como teatro orquestal.

Nombrada Aurora en honor a esa diosa romana de la antigüedad, mujer encantadora que vuela a través del cielo para anunciar la llegada del sol, su hermano, al igual que la luna es su hermana, esta trouppe de músicos de primer nivel han logrado un repertorio alucinante que está vivo y al alcance del público, a pesar de que por la pandemia han detenido sus actividades.

La Orquesta Aurora fue fundada en 2005 por Nicholas Collon y es muchas cosas, definen sus integrantes: una orquesta de cámara integrada por virtuosos que ejecutan conciertos electrizantes en el más elevado nivel interpretativo; también es pionera como comunidad creativa, con un apetito voraz por la aventura, con los más amplios horizontes artísticos y una forma lúdica de aproximarse al público en sus presentaciones.

Lo que ellos denominan teatro orquestal consiste en varias variantes que ninguna otra orquesta en el mundo practica en su conjunto: tocan de pie, salvo los violonchelistas, claro; se mueven constantemente en escena, de manera coreográfica en función del pasaje orquestal que están interpretando, por ejemplo: vemos a cuatro fagotes rodeando al director, al pie del proscenio, en el pasaje culminante de la Sinfonía Fantástica de Berlioz.

Dije vemos. Sí, porque el teatro orquestal de la Orquesta Aurora tiene su fundamento en las presentaciones en vivo, grabadas en video escrupulosa y creativamente y están disponibles a todos en su página web.

Nos ocupamos hoy de la Orquesta Aurora porque es la nueva estrella del firmamento Deutsche Grammophon, la máxima disquera en el orbe.

Hace pocos días lanzaron su primer disco en ese sello amarillo. Se titula Music of the Spheres y responde cabalmente al principio de teatro orquestal.

Se consigue en Spotify y en otras plataformas digitales.

Music of the Spheres contempla cinco obras bajo ese concepto pitagórico, de que todo cuerpo en el universo genera sonido, quieto o al moverse.

Al inicio, escuchamos una versión efectivamente electrizante de la Sinfonía Júpiter de Mozart.

Si entramos en su página web, disfrutaremos de un menú de videos donde figura el de la preparación y presentación en vivo de la Júpiter.

Ya dijimos que la Orquesta Aurora interpreta de memoria, lo cual no es solamente una hazaña, sino que tiene consecuencias en lo que suena. Acuda usted, hermosa lectora, amable lector, al sitio web de YouTube, ponga Aurora Orchestra / Beethoven 5 y estará de acuerdo en que lo que suena es electrizante, espectacular, pone la piel chinita y nos mete de lleno en la partitura.

Parece sencillo. No lo es. En el video de preparación de la Sinfonía Júpiter de Mozart vemos a los integrantes de la Orquesta Aurora memorizando la partitura en casa o de camino hacia el ensayo, en un vagón del Metro, en bici, caminando. Particularmente bella la escena donde la flautista principal memoriza su parte mientras arrulla a su bebé.

Otra característica del teatro musical de Aurora es que sus conciertos son muy divertidos e involucran al público de maneras muy creativas, lejos, muy lejos del recurso ese tan manido de poner a foquear, digo a batir palmas acompasadas sosamente al público, como focas.

Elaboran, en cambio, juegos ingeniosos para desmenuzar, antes de la ejecución de la obra completa, la partitura en sus momentos clave. Resulta así una modalidad fascinante de concierto didáctico. Por ejemplo, entra primero un presentador, quien introduce al director quien introduce a sus músicos pero por secciones: alineados al frente, cinco ejecutantes de alientos madera hacen sonar notas aisladas que al juntarlas forman melodías de canciones populares y eso sucede de manera casi aleatoria: el director señala a uno de los músicos en la fila y éste hace sonar la nota La, luego el del otro extremo suelta un Fa y así sucesivamente y el público canta esas notas y sin darse cuenta ya cantó la masa entera un pasaje de la canción Over the rainbow.

Más que una explicación de esas seudo eruditas que suelen endilgar presentadores o los propios directores de orquesta de vez en cuando en los conciertos, lo que resulta de la experiencia con la Orquesta Aurora es una manera de leer, de mirar, de percibir, de oler, de escuchar la música muy diferente. Todos sonrientes, comenzando por los músicos. Así que cuando comienza el concierto, todo fluye de manera espectacular y el disfrute es máximo. La pura gozadera.

En el menú de la página web de la Orquesta Aurora hay horas y horas de aventuras, emociones, intríngulis, historias, narraciones, vaya, mucho mejor que las series de Netflix.

Enseguida de la Sinfonía Júpiter, en el disco que hoy nos ocupa suena Journey, obra escrita por el alemán Max Richter, conocidos del Disquero por sus aventuras con la música de Vivaldi, por encargo de la Orquesta Aurora.

Su composición se titula Journey porque es una travesía, una jornada por el espacio, está inspirada en el descubrimiento de la primera estrella pulsar: CP1919 y en vivo se interpreta en la oscuridad, con emisiones lumínicas acordes a la estructura de la partitura: sus ritmos están gobernados por el principio matemático que inauguró Pitágoras cuando calculó el radio de las órbitas de los cuerpos celestes. Fascinante.

La siguiente obra de este disco es de belleza inconmensurable, desde su título, una imagen: Time stands still, del Tercer libro de canciones, de John Dowland (1563-1626), cantada por el contratenor Iestyn Davies. Vemos, escuchamos, efectivamente, el tiempo suspendido en el espacio.

Enseguida, el virtuoso violinista finlandés Pekka Kuusisto, con su look punk y su personalidad de entraña, interpreta el Concierto para violín del británico Thomas Ades cuyo título también es una imagen: Concentric paths. Es todo un acontecimiento esta obra, en especial su segundo movimiento, Paths, en medio de las partes I y III: Rings el primero, Rounds el segundo.

El pasaje culminante del segundo movimiento nos remite irremediablemente a la escena de Eyes Wide Shut, filme de Stanley Kubrick, donde acontece un ritual erótico oficiado por seres detrás de máscaras. Gemidos, sonidos de otros mundos.

Hay final feliz: Life on Mars?, de David Bowie, en un arreglo para piano y orquesta y voz interpetado por Sam Swallow.

Donde no hay final porque todo es feliz, es en la página web de la Aurora Orchestra: entre otros muchos materiales, podemos disfrutar Les Illuminations, la obra de Benjamin Britten a partir del poema de Arthur Rimbaud; Insomnia, tres Nocturnos de Britten; Eroica Revisited, la Tercera de Beethoven tocada de memoria y en su máxima intensidad, y un acontecimiento mundial: la versión de teatro orquestal, la más apegada a lo que Héctor Berlioz concibió, de la fantástica Sinfonía Fantástica.

Al alcance de todos está la música de las esferas.

Bienvenida, Aurora.

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