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Defender los bosques es defender la vida
E

l pasado 27 de junio lamentamos el fallecimiento de Albertano Peñaloza Domínguez, quien fue uno de los campesinos organizados desde hace más de 20 años para defender sus bosques y ríos desde la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán (OCESP). Su resistencia fue pionera; por primera vez en nuestro país, un grupo de campesinos se autoidentificaba como ecologista. Su legado ha sido recogido por las diversas causas ecológicas y campesinas que hoy continúan defendiendo el territorio y la madre tierra ante viejas y nuevas amenazas que atentan contra nuestros bosques, mantos acuíferos y contra los propios defensores de los territorios indígenas y campesinos.

Esta historia inicia en 1995, cuando la empresa estadunidense Boise Cascade llegó a los territorios de la Sierra de Petatlán, Guerrero, por la vía de una concesión gubernamental para explotar los bosques. Tan sólo entre 1992 y 2000, se perdieron 86 mil hectáreas de bosque en esa zona, lo que representó la destrucción de 38 por ciento del bosque por la tala excesiva e ilegal, que ocasionó la desertificación y erosión de las tierras y la disminución del caudal de los ríos y del periodo de lluvias, con lo cual se ha visto seriamente afectada la soberanía alimentaria de sus pobladores.

Muchos campesinos, entre los que destacan Felipe Arriaga, Rodolfo Montiel, Teodoro Cabrera y Albertano Peñaloza, se organizaron para impedir la entrada de taladores a los bosques. Denunciaban no sólo la tala indiscriminada, sino también la estrategia de cambio de uso de suelo para posibilitar la siembra de enervantes.

Los campesinos ecologistas lograron que la empresa estadunidense se retirara; sin embargo, la respuesta a su activismo fue la represión. Mientras su lucha a escala internacional era reconocida, en México fueron perseguidos, encarcelados, e incluso, víctimas de atentados.

Los integrantes de la OCESP recibieron en febrero de 2001 el mayor reconocimiento a la defensa del medio ambiente, el Premio Chico Mendes, conocido como el Nobel en ecología, que es otorgado por la organización internacional Sierra Club. Previamente –en abril de 2000– habían sido designados ganadores del Premio Medioambiental Goldman, entregado por la organización ecologista The Goldman Foundation.

La lucha de la OCESP llegó hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, organismo que en 2010 condenó al estado mexicano por actos de persecución, criminalización y tortura en contra de sus integrantes. El 2 de mayo de 1999 Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera fueron detenidos por militares, sin orden judicial y bajo pruebas fabricadas; los torturaron durante cinco días con el objetivo de desacreditar el movimiento ambiental vinculándolo con la guerrilla.

Felipe Arriaga fue también detenido arbitrariamente y encarcelado durante 10 meses, inculpado por un delito fabricado. Los tres ecologistas fueron declarados presos de conciencia por Amnistía Internacional. Estaba claro que la única causa de sus respectivos encarcelamientos fue su lucha por preservar el medio ambiente.

Sin embargo, en el momento que Albertano Peñaloza comparecía en el juicio de Felipe Arriaga para dar fe de su inocencia, su familia fue víctima de un cruento atentado en el que fallecieron sus hijos Armado y Abatuel. La camioneta donde viajaban recibió 89 impactos de bala.

Desde finales del siglo pasado, el movimiento de los ecologistas nos ha permitido advertir las pautas del desgarramiento del tejido social que con el paso del tiempo se ha acentuado dramáticamente en México. Cuatro ejes de reflexión resultan fundamentales para entender la realidad de hoy y para valorar la importancia de su lucha: 1. Llevamos décadas mercantilizando los bienes naturales, alentados por un sistema hegemónico que entiende la casa común como un producto del mercado que es susceptible de apropiarse con fines privados; 2. Desde hace dos décadas era posible advertir cómo, en numerosos territorios del país, se urdían alianzas corruptas en las que participan el poder económico, el político y el armado. En Guerrero, por ejemplo, la suma de una empresa estadunidense en contubernio con el gobierno estatal de Rubén Figueroa Alcocer y la Semarnat, más la operación de caciques locales con poder armado, son el antecedente de lo que hoy vemos como estructuras macrocriminales en las que el crimen organizado copta a las instituciones públicas; 3. Hoy podemos advertir con claridad la magnitud y consecuencias del proceso de sustitución de cultivos y cambio de uso de suelo para la siembra de enervantes en regiones pobres que se convirtió en una constante en nuestro país, y 4. Las dimensiones del desplazamiento forzado que han sufrido numerosas familias perseguidas por su activismo ambiental, al grado que hoy se calcula que tenemos más de 300 mil familias desplazadas a causa de la violencia en nuestra nación.

La agenda que hace más de dos décadas reivindicaron los campesinos ecologistas, no ha hecho más que aumentar su urgente vigencia en nuestros días. De acuerdo con datos del Inegi, México tiene una tasa de deforestación de 478.92 mil hectáreas por año, lo cual lo coloca en el quinto país con mayor deforestación en el mundo.

En palabras de don Albertano, defender los bosques es defender la vida; no habrá mejor manera de honrar su historia que continuar su esfuerzo pionero de defensa y protección de nuestra casa común.