20 de junio de 2020 Número 153 Suplemento Informativo de La Jornada Directora General: Carmen Lira Saade Director Fundador: Carlos Payán Velver
LO DEL AGUA, AL AGUA
Cuidar el agua es garantizar que sea para la gente.

Zacualpan, Comala: agua sí, minería no

Alfredo Álvarez Ramírez Maestro en Desarrollo Rural por la UAM-X, Integrante del Frente en Defensa del maíz, Colima

De acuerdo con Víctor Toledo, secretario de medio ambiente, los pueblos indígenas son los guardianes de 28 millones de hectáreas de la superficie del país, espacio que concentra una gran diversidad biológica e incluye selvas húmedas, bosques templados y bosques mesófilos. Además, 26.2 por ciento de las Áreas Naturales Protegidas (ANP) se encuentran bajo su custodia y captan la cuarta parte del agua de lluvia. Este patrimonio natural se ha mantenido en constante acoso: durante la etapa neoliberal se ha concesionado la tercera parte del territorio nacional a la minería.

En ese contexto, Colima es el estado del país que, proporcionalmente, tiene la mayor superficie de su territorio concesionada a la minería, con el 44 por ciento. Dos de estas concesiones se encuentran dentro de la comunidad originaria de Zacualpan, en el municipio de Comala. La importancia de la comunidad no es menor, debido su diversidad biocultural. Son guardianes del vital líquido, pero también de la cultura, los valores y virtudes de otra sociedad posible.

De acuerdo con datos del Sistema de Administración Minera (SIAM) de la Secretaría de Economía, los títulos de concesión minera en Zacualpan están identificados con los números 227572 y 201872. El territorio de la primera concesión se conoce como “Tigrilla”, y abarca una superficie de 90.448 hectáreas; su titular es Mario Carlos Moncada Cantú y fue otorgada el 6 de junio de 2006. La segunda concesión se encuentra en la zona conocida como “Heliotropo”, abarca 100 hectáreas y se otorgó una década antes, el 11 de octubre de 1995, a Adolfo Pineda Martínez -actualmente fallecido-. Ambas concesiones están vigentes.

Ante tal emergencia, se conformó “desde abajo” el Consejo Indígena por la Defensa del Territorio de Zacualpan (CIDTZ) para defender su territorio. Lo anterior es muy importante, dado que Zacualpan provee del vital líquido a casi la mitad de la población del estado de Colima, 350,000 habitantes. Es una de las dos comunidades que cuenta con la tenencia comunal de la tierra en el estado: sus registros históricos documentados nos remiten al año 1554.

El despojo del agua por “utilidad pública”

En la memoria colectiva de los integrantes del CIDTZ se encuentra presente el despojo legal del que fueron parte en su territorio. Guadalupe Laureano Quirino, ex director del Consejo de Vigilancia de la comunidad de Zacualpan, refiere que el despojo del agua a esta comunidad viene desde el sexenio del gobernador Elías Zamora Verduzco (1985-1991), cuando a través de un decreto se expropió el agua de la comunidad para “utilidad pública”, es decir para el abastecimiento del vital líquido a las ciudades de Colima y Villa de Álvarez. A cambio se le prometió al pueblo acceder a seis pulgadas de caudal, cosa que hasta la fecha no se ha cumplido.

De acuerdo con el organismo regulador que es la Comisión Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado de Colima y Villa de Álvarez (CIAPACOV), el agua de Zacualpan fue entubada en 1989 por la Comisión Nacional del Agua (Conagua). La obra consistió en bombear mil litros de agua por segundo, y para ello se instaló una planta con motores de 600 caballos de fuerza, cada uno con el fin de elevar el agua 128 metros de altura a un tanque por medio de cinco bombas de 250 litros por segundo cada una.

Para la instalación de la obra, el propio organismo reconoce que hubo afectaciones a 32.5 hectáreas correspondientes a diversos regímenes de propiedad. Dichas expropiaciones fueron subsanadas pagando los cultivos afectados.

Es importante destacar que dicha extracción del agua realizada en el año 1989 es un antecedente importante del despojo por parte del Estado, ya que, para ejecutar la obra, en el discurso oficial se prometía empleo, beneficios económicos para la comunidad, sin que en los hechos sucediera, por lo que los pobladores de Zacualpan no olvidan dicho agravio. Por eso hoy, ante el anuncio de que se pretende comenzar la explotación de una de las concesiones mineras vigentes en su comunidad, han comenzado a movilizarse rechazando tajantemente el proyecto minero extractivista.

Zacualpan vive, la lucha sigue

Para comprender mejor el contexto podemos decir que durante el proceso se dio lo que el filósofo Charles Taylor llama una “identidad asumida”, donde un grupo de los habitantes de la comunidad, de manera colectiva, busca ser reconocido por “el otro”, en este caso como parte del CIDTZ, con una lucha en común y compartiendo distintos elementos simbólicos.

A lo largo de estos siete años, la defensa del territorio ha cambiado a la comunidad, obligándola a reinventarse para defender su territorio. Hoy su lucha no se limita a la defensa del agua; defienden el maíz y se solidarizan y marchan en apoyo a otros movimientos sociales importantes en defensa de la vida.

La comunidad de Zacualpan es sinónimo de dignidad, respeto, orgullo y rebeldía.

El proceso ayudó a que por primera vez en la historia de la comunidad dos mujeres fueran elegidas para ocupar los cargos asignados históricamente a los varones: la secretaría y la tesorería de bienes comunales.

También se “abrió brecha”, al traspasar las fronteras jurídicas, logrando que la comunidad sea reconocida como territorio libre de minería, dejando un precedente muy importante para la defensa de los territorios comunales y la emancipación de los pueblos en el país. Con esto se garantiza agua limpia para la mayoría de las y los colimenses pese a que en su comunidad les limitan el vital recurso.

Por último, es importante decir que siguen vigentes las dos concesiones mineras en Zacualpan, comunidad cuya tenencia de la tierra es comunal.

Aprovecho el espacio para realizar un exhorto fraterno a la Secretaría de Economía, a la SEMARNAT y el INPI para que realicen el seguimiento del proceso, la demanda es clara: respeto a la decisión realizada en su asamblea en la cual se reconocen como comunidad libre de minería.

Hablar de Zacualpan en la región es sinónimo de dignidad, respeto, orgullo y rebeldía. Gracias Zacualpan por existir y enseñarnos con su ejemplo que otro mundo es posible. •