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En la Cumbre Tajín, sin temor, niñas suben hasta lo alto y hacen el ritual del volador
Enviada
Periódico La Jornada
Domingo 15 de marzo de 2020, p. 5

Papantla, Ver., De carácter tímido, pero valerosas, 10 niñas de la región del Totonacapan ascienden, sin miedo, al palo del volador. Una es Jacqueline, cuya presencia, seria e inmutable, exhibe un vestuario de plumas, en referencia al águila o alguna de las aves simbólicas que se requieren para el ritual del volador que, como el de los Guaguas, se presenta en el Festival Cumbre Tajín, ceremonia que data desde los años 500 o 600 antes de Cristo.

Las pequeñas forman parte de las cuatro escuelas de los Voladores de Papantla que existen en el área, donde acuden los niños que han descubierto este don, ya sea por herencia, porque han perdido el miedo de subir a las alturas o porque sueñan con volar.

Durante las agotadoras prácticas que realizan cada sábado no existen diferencias entre un género y otro, nada más que a las niñas se les dificulta por el esfuerzo físico que implica, pero son valerosas y sí lo hacen, contó a La Jornada Adolfo San Martín García, coordinador de una de las Escuelas de Voladores de Papantla, en Ojital Viejo, y miembro del Consejo Regional de Voladores.

San Martín García explicó: Existen dos danzas prehispánicas: la del volador y la de los guaguas. La primera es para pedir bendiciones y la otra, para agradecer.

En sus orígenes, recordó el maestro totonaco, había voladores en lo que hoy es Jalisco, así como en parte de Nayarit y Nicaragua; actualmente los conservamos en Veracruz; en Puebla, en la huasteca potosina; en Michoacán y en la República de Guatemala.

Es una realidad, de las 10 niñas que se acercan a las escuelas es muy probable que sólo se quedan dos o tres; en el caso de los pequeños algunos también se van. Les puede gustar la danza, pero a la hora de volar no pueden. Ahí es donde uno escoge, no es que sean rechazados.

La fiesta del Totonacapan, organizada principalmente por mujeres, se unió a las estrategias del gobierno del estado para proteger al género femenino de todas edades.

En este aspecto, Xóchitl Arbesú, titular de la Secretaría de Turismo y Cultura, corroboró: Luchamos por la primera escuela de niñas voladoras, por la paridad de género entre el Consejo de Abuelos y Abuelas, por las mujeres líderes. Ven a despertar significa, según estos sabios, encontrar tu don, tu razón de vida; por eso ven el despertar todo aquello que nos permite evolucionar como seres humanos.

San Martín García confirma que el número de niñas voladoras se ha incrementado en la región, en comparación con hace cinco años, cuando la presencia femenina era casi nula. En el Totonacapan estaba muy arraigado eso de que para ser volador se tenía que ser hombre, porque se rompe el objetivo de la ceremonia.

Es decir, este ritual está asociado con la fertilidad, y de ahí vienen las creencias de que una mujer no puede fertilizar a la tierra, de que no es posible lo femenino con lo femenino. Nosotros vamos a hacer a un lado eso, pero si se trata de la verdadera ceremonia, que hacemos el 21 de marzo, deben ser sólo hombres porque de lo contrario no surtiría efecto lo que pedimos.

Ya sea entre adultos o pequeños, los rituales se realizan en un palo volador, que en las escuelas mide entre cuatro o cinco metros de altura y para los mayores es de 18. Este ritual celebra este año su aniversario 11 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.