Opinión
Ver día anteriorDomingo 24 de noviembre de 2019Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Unidad en la diversidad
C

onfieso que sufrí porque mi dificultad respiratoria me impidió marchar, ser una gota más del mar de voluntades hermanadas que por cientos de miles, contundente, expresó en toda la geografía nacional nuestra inconformidad, el derecho que nos asiste, en democracia, a que Duque cambie el rumbo.

El paro nacional convocado por la centrales obreras, Fecode y organizaciones sociales “Contra el paquetazo de Iván Duque, la OCDE y el FMI” fue masivo, porque creció en inconformidades y protestas, trascendió el tema de las reformas recetadas, las privatizaciones anunciadas: las reformas laboral, tributaria y pensional.

En las marchas, entre arengas, cantos, discursos, se reiteró el rechazo al asesinato de los líderes sociales, indígenas y ex combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el enfrentamiento a la radicalidad uribista contra la paz, la lentitud en la implementación y la vuelta al ayer con la tesis de la victoria militar sobre la negociación. Con 10 por ciento de desempleo y alta informalidad, 3.3 por ciento de crecimiento habla bien al sector que lo aplaude, no a quien soporta la carestía. La jornada terminó en cacerolazo.

Es obvio que existe un rechazo a la viabilidad de construir democracia con el modelo que expresa el Centro Democrático (CD), derrotado en las elecciones de la mitaca en el Congreso, en las Cortes y las calles. Duque como presidente está obligado a repensarse, a buscar un pacto sobre lo fundamental, si Uribe y sus duros se lo permiten.

Los millones de marchantes –la manifestación más grande de la historia– expresan la continuidad de una concientización pluralista, pacifista, democrática e independiente, y del avance de las nuevas fuerzas, ONG y sus redes sociales.

La fortaleza de esta –como decía Bolívar– unidad en la diversidad más allá de los partidos, es la misma que en gran medida religió a Santos y al proceso de paz, votó por el Sí, llenó las plazas para superar el no, y se potenció al votar por Petro y el plebiscito anticorrupción.

Estamos ante una ciudadanía que eligió un congreso de equilibrios y que con 22 millones de votantes, superando la abstención, votó por nuevos gobernadores, y en los principales centros urbanos por alcaldes que vencieron las maquinarias, el poder de las élites y los partidos tradicionales.

El CD perdió todas sus apuestas. Sólo ganó en Casanare y Vaupés. Quiera que la debilidad no se vuel-va represión.

En la marcha de los trabajadores, intelectuales, artistas y hasta la reina de Colombia junto con los ambientalistas, la juventud, las universidades, luchadores anticorrupción, los indígenas, las minorías, demandamos cambios, profundizar la democracia.

En Chile colapsó el modelo de las privatizaciones y la Constitución impuestas, por Pinochet, por eso estalló la violencia y se impuso el diálogo que conducirá a una Constituyente. En Colombia decimos no a la violencia y asesinatos, a las privatizaciones que indignan. Se exigen respuestas sensatas a las demandas, porque la Constitución ordena propender al logro y mantenimiento de la paz, es decir, a la justicia social.