21 de septiembre de 2019•Número 144•Suplemento Informativo de La Jornada•Directora General: Carmen Lira Saade•Director Fundador: Carlos Payán Velver

Poner manos a la cuenca, la nueva
tarea de los pueblos del oriente

Coordinadora de Pueblos Yo Prefiero El Lago

Restitución, resarcimiento, restauración, reintegración de la Cuenca del Valle de México son algunas de las acciones y tareas inaplazables que se necesitan después de la destrucción ambiental, territorial y del tejido social que causó el intento por edificar el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) sobre el ex Lago de Texcoco.

La cancelación de la construcción del NAIM, primero a través de una consulta ciudadana del 25 al 28 de octubre de 2018, seguida de procesos legales y administrativos para finiquitar a las empresas involucradas en tal negocio, como medidas definitorias del nuevo gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador, sin duda cambió el sentido de la balanza que, en los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, se había inclinado hacia la represión, corrupción e impunidad.

Las razones que argumenta el hoy presidente de México para la cancelación definitiva de dicha obra son parte de la denuncia permanente que dieron los pueblos durante 18 años, enfrentando toda la ignominia, sangre y fuego de los gobiernos priistas y panistas, principales operadores del despojo. Por lo que va siendo hora de reconocer que un acontecimiento y una decisión política como la que finalmente asume el nuevo gobierno, no se puede explicar sin los actores sociales que nunca renunciaron a la razón que les asiste por el derecho a la vida, al agua, a la tierra, al territorio y la historia e identidad que éste posee. Estos derechos son los logros de nuestro pasado revolucionario. Ricardo Flores Magón, uno de sus precursores, decía “La tierra es el elemento principal del cual se extrae o se hace producir todo lo que es necesario para la vida, por eso la tierra que es vida no puede ser y servir para los intereses de unos cuantos”. Las tierras del ex lago sobre las que se construía el NAIM servirían a los intereses de unos cuantos y no para el bien común.

La resistencia y lucha organizada que encabezaron los pueblos del oriente del Estado de México conscientes del valor de la tierra que es vida, con la solidaridad y alianzas que construyeron en casi dos décadas con distintos sectores de la sociedad y la izquierda mexicana, fueron determinantes para que el día de hoy podamos reafirmar que sí es posible ganar la batalla por la vida frente al capitalismo, que, a lo largo y ancho del país han causado tanta muerte, porque allí donde apostaron algún negocio los gobiernos anteriores, esto se dio violando la constitución, los tratados internacionales y los derechos humanos de pueblos enteros.

A la derrota del NAIM en Texcoco, le sigue un reto mayúsculo y de largo plazo. No solo fue lograr cancelación de una mega obra, también se interrumpió el principal negocio del sexenio pasado para las mafias de políticos y empresarios, enquistadas en los tres niveles de gobierno y las representaciones locales que “aprendieron” a especular con el territorio, auspiciados de instancias convertidas en verdaderas madrigueras de la corrupción: Procuraduría Agraria, Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, entre otras, y un sistema de justicia a modo.

La restitución de la tierra se suma a las acciones obligadas y necesarias que hay que encarar aun cuando es uno de los problemas más complejos e históricos, donde el poder judicial y legislativo tienen una fuerte responsabilidad. La ley agraria fue violada una y otra vez para despojar a la propiedad comunal y ejidal, y a sus dueños legales, pero también a la población que históricamente vigila, aporta y preserva el bien común que se construye sobre su territorio.

Hay que tener presente que los pueblos no sólo ejercieron su derecho a la protesta y acciones sociales para exigir justicia, también recurrieron a la defensa legal. De manera individual, colectiva y a veces a través de sus representaciones honestas, han recurrido a distintos recursos legales: amparos, impugnaciones, demandas, acciones colectivas o medidas cautelares, para defender lo que prácticamente les arrebataron mediante recursos ilegales como la manipulación de asambleas, falsificación firmas, alteración de actas, adulteración de padrones, colusión de autoridades y funcionarios públicos, etc.

Indiscutiblemente el horizonte que se abre sin un aeropuerto de muerte es distinto y favorable para los pueblos, hecho que hay que reconocer, pero no desaparece el problema de fondo, porque los especuladores del territorio no han renunciado a la tentación de urbanizarlo todo, así tenga que desaparecer el ejido, la tierra comunal y de reserva, muestra de ello son los más de 140 amparos promovidos por grupos de interés como el colectivo #NoMásDerroches cuyo objetivo principal es frenar Santa Lucia y que la construcción del NAIM en Texcoco continúe. Frenan Santa Lucía no porque el medio ambiente y los derechos de los ciudadanos originarios de esa región les importen, sino porque sus enormes intereses, como los de urbanizar, fueron afectados con la cancelación de Texcoco. Si el medio ambiente o los ciudadanos le importara a este colectivo, la pregunta sería ¿dónde estaban sus amparos contra la devastación ambiental y el despojo de tierras que el NAIM género? De ahí que es necesario que el nuevo gobierno y las instancias involucradas no sigan reproduciendo la corrupción de las administraciones pasadas, pero, sobre todo, es necesario no abandonar la lucha organizada y coordinada entre los pueblos de la región, pues quien mejor que éstos saben que los especuladores, siguen enquistados en los viejos recintos que hoy ocupa por mayoría el nuevo gobierno y que en el Estado de México, salvo contadas excepciones, la aspiración de darle continuidad a los negocios inmobiliarios sigue viva. 


Es momento de reparar los severos daños causados en la zona
y devolverle su vocación rural.

La restauración del Lago de Texcoco quizás es la parte más representativa de una batalla a la que se sumó la mayoría del pueblo mexicano que entendió lo que estaba en juego. Pero la apuesta es más grande cuando los agravios profundos y algunos irreversibles que dejó el negocio del PRIAN se extienden a decenas de municipios del oriente de la Cuenca del Valle de México.

Estamos hablando de por los menos 45 municipios afectados en menor o mayor nivel, con la pulverización y saqueo de decenas de cerros; la destrucción de patrimonio arqueológico, flora y fauna, afectaciones a viviendas; que dejaron las más de 180 minas  con la extracción de unos 45 millones de m3 de tezontle, basalto y tepetate; las afectaciones hidrológicas causadas por el “proyecto hidráulico lago de Texcoco” con el que entubaron y encanalaron parte de los 9 ríos para evitar que el NAIM sufriera inundaciones, mediante el que se realizó la destrucción de las lagunas Xalapango, Texcoco Norte Casa Colorada y la desecación del lago Nabor Carrillo, un cuerpo  de agua permanente de más de 900 ha que es el receptor de aves migratorias más importante del centro del país, al que pretendían transformar en laguna de regulación de aguas residuales para evitar inundaciones en la CDMX a causa de la construcción del aeropuerto, por lo que la mayor parte del tiempo estaría seco; de poblaciones despojadas en su territorio, la imposición de obras secundarias al NAIM, como carreteras ilegales, y la tendencia a modificar el uso de suelo mediante la actualización del Programa de Ordenamiento Ecológico del Territorio del Estado de México, la modificación de los Planes de Desarrollo Urbano de los Municipios y el intento de la puesta en marcha de un Programa Territorial Operativo de la Sedatu, con miras al negocio inmobiliario, pues aun cuando el principal atractivo ya no sea un aeropuerto internacional, los intereses por urbanizar persisten.

Desde los pueblos existe la consciencia de que la defensa de la tierra, el territorio y el agua, pasa a otra etapa, y esta vez se trata de poner sobre la mesa alternativas, soluciones integrales y planes de largo plazo. Para muchos puede sonar sencillo o descabellado. Para los pueblos y las manos que han trabajado en sistematizar, delimitar y darle dirección a las inquietudes y necesidades, hacia un bien común y colectivo, es un sueño realizable que demanda el compromiso congruente de las instancias y gobiernos correspondientes.

“Manos a la Cuenca”, es el nombre que lleva lo que desde los pueblos se propone como Plan Maestro y base de un proyecto con visión de cuenca y para el bien común que busca reparar estos severos daños ocasionados por el NAIM y los malos manejos del territorio y sus recursos naturales que se han tenido durante siglos dentro de la Cuenca del Valle de México bajo una visión herrada que los anteriores gobiernos y el sistema económico capitalista se han empeñado en llamar desarrollo. El mismo, es perfectible, ha tenido el acompañamiento multidisciplinario de especialistas y esfuerzos que coinciden en la urgencia de responder con alternativas a un conflicto sistémico y su rapiña capitalista.

Hay mucho trabajo, mucho por reconstruir, pero ¡El Lago, va! ¡La Cuenca, va! “De a poco a poco. Si hemos soportado dieciocho años para tirar dos veces el aeropuerto, podemos aguantar para trabajar otros treinta (años) para revivir los pulmones de México y nuestros nietos; solo así podemos pedir perdón a la madre tierra”, afirmó una mujer longeva, de manos morenas, tiernas, pero curtidas, al tiempo en que atizaba el fuego del comal del que nacerían las tortillas, fruto del trabajo y amor al campo, a la vida.•

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