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Una utopía llamada Easy Rider
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▲ Fotograma del filme Easy Rider: Dennis Hopper y Peter Fonda montados en sus Harley Davidson.
 
Periódico La Jornada
Sábado 24 de agosto de 2019, p. a12

Cielo azul, verdes las montañas.

Visto desde atrás de los lentes, desde las pupilas de Peter Fonda, el futuro es insondable, el porvenir una nube que avanza 10 kilómetros mientras la Harley Davidson ruge nueve kilómetros. La motocicleta avanza tres kilómetros y ella, la silueta blanca arriba en el cielo, avanza cinco. Ella, la nube, para eso sirve, para avanzar. Como la utopía.

Uno, dulcemente, flota.

Peter Fonda y Dennis Hopper fuman mota y a nosotros nos hace efecto en la butaca.

‘‘El Capitán América” y ‘‘Billy” avanzan tres metros en la carretera sobre sus motocicletas y nosotros avanzamos dos centímetros en nuestros asientos.

La utopía se llama Easy Rider.

Hoy, con semblante triste pero contento, celebramos medio siglo de ese filme definitivo en la historia del arte. Triste, por la muerte de Peter Fonda. Contento, porque celebramos una película que no solamente cambió la manera de mirar, sino de escuchar.

Dos meses después de Easy Rider, Simon and Garfunkel narraron la historia de El Graduado junto al director de esa película.

Midnight Cowboy data también de 1969 y en ella la música es igualmente protagonista.

El estallido, literal, musical y visual que causó Easy Rider creó una estética propia para la música en el cine.

The Last Waltz, de 1976, espejea a Easy Rider en varios sentidos: los protagonistas son los mismos musicalmente: The Band y Bob Dylan. El director, Martin Scorsese, habría de convertirse en el más melómano de los cineastas. Aquí reseñamos su trabajo más reciente, precisamente con Bob Dylan, hace un par de meses.

Tarantino, por ejemplo, no se explica sin Easy Rider. Su melomanía untada a la imagen data de ahí. El caso notable de Natural Born Killer’s (1994) lo acusa: es una obra maestra de relato en música e imagen. Ah, por cierto, Bob Dylan es ahí también protagonista con una aparición mágica, breve como el beso de un hada.

Peter Fonda murió en el camino. Una bala hizo estallar el tanque de la gasolina de su Harley Davidson con el sueño americano adentro. Eso en la película.

En la vida real, murió preparando la fiesta por el aniversario del medio siglo de su filme, cuya versión restaurada presentó hace poco en el Festival de Cannes, donde fue aclamada el año de su estreno, 1969, como la mejor opera prima.

La revista Rolling Stone documentó su convocatoria: ‘‘disfruten la película restaurada. Canten las canciones. Ríanse. ¡Recuerden el espíritu! Encuentren el amor”. Dignas, las palabras de Fonda.

El evento, que esperemos sí se realice aunque ya no esté Peter Fonda, está programado para el 20 de septiembre en Nueva York, en el Radio City Music Hall.

Peter Fonda había acordado que se proyectaría el filme ahí y luego tocarían en vivo músicos que participaron en la banda sonora, entre ellos John Kay, cantante de Steppenwolf, el grupo emblema de la música de Easy Rider. Y también Roger McGuinn, el cantante de The Byrds.

De hecho, el soundtrack, recomendación de hoy del Disquero, inicia con el gemido de una moto Harley Davidson y la voz de John Kay cantando:

You know I’ve smoked a lot of grass

y enseguida:

Get your motor runnin’
Head out on the highway

Motos y mota.

Y también Eros y Thánatos, y una reflexión muy honda sobre el sentido de la existencia y, sobre todo, una manera asombrosa de entender lo que estaba pasando en el mundo en el momento en que Peter Fonda y Dennis Hopper se montaron en sus Harley Davidson en la película pero antes se sentaron juntos a escribir el guion.

Easy Rider, digámoslo pronto, es una explicación de la situación social de aquel momento, ¡pero también del momento actual, el que estamos viviendo, 50 años después!

No necesitamos decir el lugar común: profetizaron a Donald Trump. Simplemente describieron, narraron un viaje (todo viaje es interior) por la deep América: la supremacía blanca, el racismo, la intolerancia, las balas contra personas inocentes.

La película está llena de momentos clave. Por ejemplo, cuando fuman mota los tres a la vera de la fogata, George Henson (Jack Nicholson, genial como siempre) explica a Billy (Dennis Hopper) y a Capitán América (Peter Fonda): los miran feo a ustedes en la sociedad no porque sean hippies, tengan el pelo largo, fumen mota; los odian simplemente porque son diferentes, porque son libres.

El odio al diferente, ese rotor de la ruindad.

De eso habla la música de Easy Rider. Motos, mota, Eros, Thánatos, amor. Libertad.

El soundtrack de esa película es el relato cabal de esa época. Es rocanrol en estado puro. El rock antes de ser devorado por la industria del espectáculo. Es The Band, EL grupo de rock por antonomasia, insuperado a la fecha. Es Robbie Robinson cantando:

I just need some place where I can lay my head
Hey, mister, can you tell me, where a
man might find a bed?
He just grinned and shook my hand,
‘‘No’’ was all he said.
Take a load off Fanny, take a load for free
Take a load off Fanny, and you put the
load right on me

Pero sobre todo es Bob Dylan quien pone en versos lo que estaba sucediendo en ese momento y sigue sucediendo.

Interesante asunto: Peter Fonda no logró convencer a Dylan de participar en su película. Aceptó a regañadientes bajo dos condiciones: que su canción la cantara Roger McGuinn, el líder de The Byrds, y que él terminara de escribir una canción a partir de los siguientes versos, que obsequió Dylan a Fonda:

The river flows
it flows to the sea
wherever that river flows
that’s where I want to be
flow, river, flow

El soundtrack de Easy Rider incluye himnos tan directos como el que canta un grupo de rock que en su nombre lleva la bondad: The Fraternity of Man (entendiéndose ‘‘man” como humanidad, pinche sociedad patriarcal, hasta en el rock hay misoginia):

Don’t bogart that joint my friend,
Pass it over to me!
Roll another one,
Just like the other one.

Los integrantes de la Academia Sueca lo traducirían así: no acapares el chubi, carnalito, que role, carnal, que role, saca pa’l conejito, quemémosle las patas al demonio.

Easy Rider es un manifiesto. Una proclama. Un canto a la libertad. Un coro por los derechos humanos. Por el derecho a la felicidad, al placer, al amor. Por el derecho a fumar serenamente un delicioso chubi. Fumar mota como un acto ritual, sagrado, místico. Escuchar música como un acto ritual, sagrado, místico. Un acto de libertad.

Easy Rider es un bello himno a la libertad, al amor, a la utopía.

Si uno recuerda escenas de ese filme, son las de las motos en la carretera.

Ahí vamos. Sentimos (wild is the wind) el viento en el rostro, olemos la yerba. Avanzamos. Ruge la Harley Davidson. Suspira nuestro corazón y así lo narra Bob Dylan, aunque en voz de Roger McGuinn en el filme, pero en voz de Dylan en la versión del soundtrack disponible en Spotify:

So don’t fear if you hear
A foreign sound to your ear
It’s alright, Ma, I'm only sighing

Traducen los académicos suecos: no te saques de onda si llega a tu oído algún sonido raro; todo está bien, sólo estoy suspirando.

Ahí vamos, en la moto. Oteamos horizonte. Sonreímos. Ruge el motor. Sopla el viento. Hay alegría en el corazón. Respiramos libertad.

A 50 años de Easy Rider, celebremos, sigamos las instrucciones que nos dictó Peter Fonda antes de morir, hace unos días: ‘‘Disfruten la película restaurada. Canten las canciones. Ríanse. ¡Recuerden el espíritu! Encuentren el amor”.

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