Opinión
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Venezuela: palabras al viento o palabras del viento
L

uego de leer y releer el artículo firmado por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros (“Distopía socialista”), ignoro a causa de qué pensé en el escritor David John Moore Cornwall (1931), mejor conocido como John Le Carré.

Digresión uno: maestro de maestros de las novelas de espionaje, Le Carré sobrelleva un galardón que, a mi juicio, se queda corto. Porque, en conjunto, su obra trata de asuntos más profundos que la mera capacidad de imaginación y ficción de los grandes escritores.

Nunca había leído algo de Maduro. Así pues, dejé pasar unos días, esperando que el escrito (apenas 570 palabras), fuera oficialmente desmentido. Nada. Revisé entonces el hipercauteloso portal Cubadebate, que cubre todo lo que acontece en Venezuela. Ídem: nada. Por fin, llamé a un amigo de Caracas (chavista y cercano al entorno madurista) y su respuesta me descolocó.

–Maduro no sabe el significado del término ‘distopía’.

Jijos… ¿crees que lo habrá escrito él?

–Puede ser… ¿y a ti, qué te pareció?

–Bueno, siendo equitativo, confieso que me causó 20 por ciento de sorpresa, 20 de curiosidad, 20 de perplejidad y 20 de admiración.

–O sea que estás 80 por ciento confundido. No te preocupes. El estilo caribe no ha sido estudiado en la política venezolana.

Digresión dos: ¿confundido yo? En todo caso, menos que las víctimas de las fake news, que transmiten las grandes usinas de desinformación. Porque nueve días antes, Maduro hablaba de socialismo y nueve días después, en el texto de marras, criticaba a la oposición: “Se pelean con un socialismo que no existe. Se pelean contra una utopía que no pertenece a nadie…” (sic).

Eso, en cuanto al 20 por ciento de sorpresa. Más el otro 20 de curiosidad, pues ignoraba las dotes literarias del presidente. A más del 20 de perplejidad que quizás responda al estilo caribe, junto con el 20 de admiración porque el enfoque estratégico del artículo resulta acertado. Dejando el restante 20 en el aire. ¿O la política carece de misterio?

Ya ofrecí al lector el link para consultar el texto, y ahora tomo una de sus frases para el bronce: La patria es el otro. Una expresión que remite a la ética de la alteridad pautada por el inescrutable filósofo lituano Emmanuel Levinas (1906-95). O a Cristina Fernández de Kirchner, quien la viralizó en 2013, durante las grandes inundaciones que asolaron la ciudad de La Plata.

Aunque no todos sean el otro, me agrada que la patria también sea el otro. Y coincido con el escritor argentino José Pablo Feinmann, cuando estimó que Cristina decidió “…bajar el concepto a tierra y precisarlo”:

“La patria –dijo la dos veces presidenta– es el otro; el que todavía no ha podido conseguir trabajo, o que consiguiéndolo no está registrado […] la patria es el que todavía trabaja y lucha para tener su casa propia, la patria es el joven que no estudia porque tiene que trabajar para ayudar a su hogar, el otro es el que sufre adicciones y que tenemos que rescatarlo…”, etcétera.

Sin embargo, creo que Maduro se metió en camisa de once varas. Escribe: “Antes de mí gobernó Chávez, un soldado descendiente de negros y de indios que llegó a ser ‘padre de la patria’ [sic]”. Que, si bien entendí, serían los mismos que a mi comandante oyeron decir que el padre de la patria era Bolívar.

¿Camisa de once varas? La doctora Wikipedia explica que el origen de la expresión se sitúa en la Edad Media, en la ceremonia de adopción de un niño, “…tomando los problemas que ésta conlleva por decisión propia. El padre debía meter al niño por la manga de una camisa grande, hecha para la ocasión. Luego lo sacaba por el cuello de la prenda, y el padre le daba un fuerte beso en la frente como prueba de la aceptación de la paternidad”.

Agrega la doctora: “El dicho refleja una exageración en las dimensiones de la camisa, la cual no podía medir once varas, ya que una vara mide 84 centímetros. Así, la camisa mediría 9.24 metros. Por otro lado, en la época medieval la ‘camisa’ era la parte exterior de una muralla entre dos torres de 10 metros de altura”.

En fin… ¿coloquialismos, lapsus linguae, o trampas del subconciente caribeño que surgen, posiblemente, del cerco y bloqueo del imperio a la revolución bolivariana?

Dicen que a las palabras se las lleva el viento. El dicho señala una gran verdad. Pero un sicoanalista lacaniano observaría: siempre y cuando no vayan acompañadas de acciones que las arraiguen o materialicen. Y es que sólo con palabras, no se resuelve un conflicto.

De veras… hay que leer a Le Carré. ¿Distopía socialista? Apaga y vámonos.