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Astillero

Corregir y atemperar a bancos // Segundo estremecimiento // Ineficacia y despotismo // Nacionales y extranjeros

D

e poco habrá servido el enorme peso electoral del pasado primero de julio si no es capaz de sostener e impulsar medidas de justicia operativa, meramente correctivas, relativa y proporcionalmente menores, pero social y éticamente necesarias, como las propuestas ayer en el Congreso, bajo control de Morena, que de inmediato suscitaron el segundo estremecimiento de capitales, y de grupos capitalistas, del sexenio que aún no inicia (el primero se produjo con el tema del aeropuerto a construir en Texcoco).

La Bolsa Mexicana de Valores se hundió, al igual que las acciones de las firmas bancarias, luego que el coordinador de la bancada del partido mayoritario en el Senado, virtual jefe político de esta cámara, Ricardo Monreal, anunciara la presentación de una iniciativa de reformas legales que prohibiría prácticas abusivas de ese sistema bancario.

No se trata de medidas revolucionarias, socialistas o expropiatorias. Simplemente se busca que el mal funcionamiento de ese sistema bancario deje de ser cobrado, mediante diversas e implacables comisiones y argucias, al propio cliente que, además, recibe de manera institucionalizada un trato ineficaz y despótico en casos críticos o problemáticos. En un sentido netamente pragmático, las propuestas contribuyen al saneamiento de un entramado bancario insano, fundado en el abuso impune, más que en el buen servicio y los márgenes razonables de ganancia.

Sin embargo, estas medidas de reordenamiento de mercado provocan reacciones magnificadas. El amago financiero y cambiario es un resorte presto a saltar ante cada movimiento obradorista que ponga nerviosos a los dueños de los tableros del dinero. A poco más de tres semanas de la toma de posesión del político tabasqueño se multiplican los temores de las élites.

En realidad, el paraíso bancario domiciliado en México debe bastantes compensaciones. Salvado por Ernesto Zedillo Ponce de León mediante las maniobras conocidas como Fobaproa (la transferencia de las pérdidas privadas de los bancos quebrados –con banqueros siempre boyantes– a las finanzas públicas), ese sistema bancario es ahora dominado por firmas trasnacionales que en algunos casos, como el de BBVA Bancomer, reportan a su matriz extranjera más ganancias que la operación en otros países, incluyendo la sede.

La senadora chihuahuense Bertha Alicia Caraveo, morenista que presentó la propuesta para eliminar o atenuar cierto tipo de cobros, aseguró que la banca mexicana ocupa el tercer lugar en Latinoamérica en cuanto a la obtención de ganancias por el cobro de comisiones a sus clientes. El coordinador Monreal, con un discurso que pretendió ser conciliador, afirmó que Morena va por la aprobación de esas reformas, aunque se escuchará a los banqueros.

Pero no es cuestión de nacionalismo simplista. La banca nacional también es dominada por grupos que históricamente se han servido de relaciones políticas para hacer negocios lesivos al interés popular. La acumulación de capitales para fundar esos bancos mexicanos provino, en varios casos más que explícitos, del aprovechamiento de cargos públicos y relaciones políticas para amasar fortunas luego invertidas en el siguiente escalón de blanqueo. Un político pobre será un ex político sin posterior banco, podrían ser las enseñanzas de un profesor mexiquense afamado por el amasamiento de fortuna, al igual que un emblemático regiomontano también amasador, ambos ya difuntos, pero vigentes y prósperos los negocios heredados.

Morena y López Obrador deben sostener las reformas anunciadas, a pesar de las presiones y las caídas. No sería positivo recurrir a malabarismos terapéuticos al estilo del Pacto de la Alcachofa (por el nombre del restaurante donde comieron con AMLO los representantes de los contratistas de Texcoco y llegaron a acuerdos satisfactorios para ambas partes). De poco habrá servido el extraordinario caudal de votos en favor de Morena si no es justamente para corregir y atemperar sistemas como el bancario.

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