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México, cómo rescatar un país devastado
E

n la primera parte de este ensayo ( La Jornada, 7/17/2018) propusimos siete faros que deberían guiar al nuevo gobierno (2018-24): (a) lo anti-neoliberal; (b) la comunalidad y la coperación; (c) el rescate de la memoria; (d) la democracia directa y participativa; (e) la defensa de la naturaleza; (f) la regeneración del tejido biocultural, y (g) una ciencia y tecnología para la emancipación. Examinados brevemente los primeros dos, esta vez revisamos los cinco restantes. (c) El rescate de la memoria. El mundo moderno en su versión actual, que impone el capital corporativo, es una civilización fincada en la supresión de los recuerdos. Todo tiende a suprimir los aromas del tiempo, a vivir una realidad instantánea. ¿La razón? La modernidad industrial, tecnocrática y neoliberal se impuso, y se sigue imponiendo sobre las cenizas de la tradición, natural y cultural. Las ideas de progreso, crecimiento, desarrollo, etcétera, en la fantasía neoliberal supone una comparación donde el pasado se identifica con su antítesis: lo arcaico, atrasado, primitivo, subdesarrollado. Un proyecto de nación posneoliberal debe centrarse en el rescate de la memoria de los individuos, las comunidades, las regiones y el país mismo, desde los orígenes de la civilización mesoamericana. Volver a identificar a los mexicanos como los seres del maíz acaso sea el mayor acto de recuperación de la memoria, porque ahí reverberan 7 mil años de historia. Como me compartió un chamán purhépecha, “… todo aquello que se construye destruyendo a la tradición termina incendiándose”.

(d) Democracia directa y participativa. Así como se considera que la humanidad debe dejar los combustibles fósiles para pasar a una era de energías renovables, así también ya es un lugar común reconocer que una sociedad avanzada debe pasar gradual o súbitamente de una democracia representativa o electoral a una democracia directa y participativa. La democracia basada en el voto, en el traslado del poder ciudadano a representantes distantes, es una práctica cada vez menos legítima y más disfuncional. Nuevamente la realidad indica que estamos ante un país que posee formas avanzadas de democracia directa. Para empezar Oaxaca, donde 80 por ciento de los municipios elige a sus autoridades mediante el voto directo y sin partidos. Ese modelo hoy ya se extiende, tiene sus puntos de ignición en Michoacán, Guerrero, Chiapas y Morelos. Los caracoles neozapatistas y las autodefensas y policías comunitarias de México son expresiones de democracia directa que, convalidadas y legitimadas, deben multiplicarse por todo el país. En las ciudades, lo mismo debe suceder con manzanas, barrios, edificios, fraccionamientos. A escala federal se deben practicar, las consultas y los referendos, así como los presupuestos participativos. La ciudadanización de la política es tarea obligada de todo gobierno de izquierda. Ello significa trasladar el poder de la clase política a las instituciones ciudadanas, al empoderamiento social.

(e) La defensa de la naturaleza. Hoy es imposible avanzar como nación ignorando el contexto de la crisis global, tanto en lo que se refiere a la inequidad social como a la destrucción ecológica de escala planetaria. Treinta años de neoliberalismo dejaron a la mitad de la población en la pobreza, y con un deterioro brutal de los recursos naturales y del ambiente. Además, lo que se había avanzado en la política ambiental se fue desvirtuando a tal grado que el presupuesto dedicado al sector se hizo minúsculo. Hoy existen en el país 560 conflictos socio-ambientales y más de 100 ambientalistas asesinados. Como lo señalamos ( La Jornada, 11/7/2017) urge erigir como objetivo central una política por la vida que garantice a tod@s los mexican@s agua, aire, alimentos, energía y hábitat, y eso sólo se logra llevando como aliada a la naturaleza. (f) La regeneración del tejido biocultural. En íntima conexión con lo anterior se encuentra la eterna e íntima relación entre los seres humanos y el mundo vivo, un nexo que tiende a destruirse bajo la ideología de la modernidad que vanagloria lo artificial (aparatos, máquinas, mecanismos) y que sitúa lo urbano y lo industrial por encima de lo rural y lo natural. Esa conexión es la que mantiene a los territorios en equilibrio y lo que nutre las expresiones que hacen de México el segundo país bioculturalmente más rico del mundo: artes, artesanías, textiles, gastronomías, danzas, saberes, tecnologías, sexualidades, cosmovisiones, mitos. (g) Ciencia y tecnología (CyT) emancipadora. En su versión dominante la CyT conforme crece, madura y se consolida se va poniendo al servicio de la industria y del capital. En la era neoliberal la CyT es ya a escala global una ciencia al servicio de las corporaciones. México debe invertir más en CyT, pero dándole un giro a las instituciones y orientaciones, para que el conocimiento esté al servicio de la regeneración social y natural. En suma, la cuarta gran transformación será ciudadana, democrática, diversa, ecológica, raizal, científica e incluyente, o no será.