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Zapata y el zapatismo: nueva historia
L

os historiadores conservadores descalifican al zapatismo por su carácter destructivo, su carencia de proyecto político y su localismo. Insisten en mostrar aquella gran revolución, como un movimiento sin más programa que la reivindicación agraria local e inmediata.

Esta idea del zapatismo abreva en la historiografía contrarrevolucionaria, según la cual las revoluciones destruyen (sí: por supuesto, hemos mostrado que el movimiento encabezado por Hidalgo destruyó la esclavitud y el tributo… etcétera), escrita por los voceros de los grupos que perdieron sus privilegios (de Lucas Alamán a Francisco Bulnes) y retomada hoy por quienes pretenden demostrar que el pueblo nunca debe participar directamente en la vida pública, porque sólo destruye. Esos autores odian en Hidalgo, Villa o Zapata que hayan provocado orgías de sangre y destrucción al desatar a la horda, al mexicano-niño hijo de la chingada (dirían Octavio Paz y los ideólogos del priísmo de ayer y el pripanismo de hoy).

En el caso del zapatismo, estas ideas tienen un muy poderoso complemento: la lectura interesada del libro que mayor impacto ha tenido en el pasado medio siglo, que desde una óptica liberal inicia con una frase célebre: Este es un libro acerca de unos campesinos que no querían cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revolución. Esta frase, utilizada interesadamente, despoja al zapatismo de su carácter revolucionario.

Publicado hace más de 50 años, el libro Zapata y la revolución mexicana, de John Womack, es un clásico. Lo que Womack investigó estaba tan bien tratado, documentado y escrito, que parecía inútil y pretencioso querer escribir algo más del zapatismo, escribió Felipe Ávila hace 20 años, y eso ocurrió: tuvieron que pasar décadas para que se presentara una visión alternativa (quizá quien más se ha acercado a ello es Francisco Pineda).

Pero las siguientes generaciones de historiadores enriquecieron exponencialmente los estudios sobre aquella gran revolución. Salvador Rueda, Laura Espejel, Arturo Warman, Horacio Crespo, Alicia Olivera, Jane Dale Lloyd, Ricardo Pérez Monfort, Samuel Brunck, Ruth Arboleyda, Carlos Barreto, Renato Ravelo y otros, trabajando con nuevas fuentes y metodologías y perspectivas, ampliaron considerablemente nuestra visión y nuestra comprensión del zapatismo.

Estos autores trascendieron la restricción geográfica del libro de Womack, limitada a los valles de Morelos; encontraron que había mucho más en la revolución zapatista, muchos más conflictos que la dicotomía comunidad campesina/hacienda cañera para encontrar aparceros, arrendatarios, obreros textiles, artesanos, intelectuales comerciantes de una región y con una influencia que rebasaba ampliamente aquellos valles; y con ello rompieron la visión idílica en que aparece un movimiento casi sin conflictos internos.

Encontraron que limitar el proyecto zapatista al Plan de Ayala es reducirlo a su primera expresión e ignorar la rapidez con que evoluciona el pensamiento durante una revolución. Mostraron que, además de la restitución de las tierras robadas a las comunidades, había demandas políticas y sociales que planteaban la restructuración de la vida nacional. También hemos (aquí me incluyo) analizado la alianza con el villismo, que Womack prácticamente descarta de un plumazo. Otros historiadores, como Saúl Armando Alarcón o José Ángel Solorio, han mostrado la extensión del zapatismo a regiones tan re­motas como Tamaulipas y Sinaloa.

El mayor problema de estos estudios es el que siempre señalo a la historia académica: se quedan entre los historiadores; los leemos los especialistas. La visión dominante sobre Zapata y el zapatismo, para la gran mayoría del público interesado, sigue siendo la de Womack (si acaso complementada por Adolfo Gilly) o peor aún, la de los falsificadores de la historia inflados por los medios.

Ya no más. Uno de los más consistentes estudiosos del zapatismo ha hecho el esfuerzo para, con un lenguaje claro y atractivo, convincente y fundamentado, sintetizar todos esos aportes y poner al alcance de todo lector interesado, en 376 páginas, la historia de ese movimiento desde sus raíces hasta sus resultados concretos y simbólicos. ¡Tierra y Libertad!, Breve historia del zapatismo, de Felipe Ávila, debe ser, en mi opinión, el libro que remplace a Womack, luego de medio siglo, como puerta de entrada para entender aquella gran revolución popular y agraria, política y social, que sigue siendo fundamental para entender el México que vivimos. Y que entre muchas otras cosas, desmontará los prejuicios sobre la incapacidad de los campesinos y los pobres para proponer proyectos de nación viables, alternativos a los dominantes, y para luchar por el poder político.

Pd1: Aparezco como colaborador del libro. Eso se limitó al intercambio de ideas que Felipe y yo hemos mantenido durante muchos años. Ya lo contaré.

Pd2: nos preparamos para el centenario de Zapata. Entre muchos otros, un abrazo a la Enlace Cultural Villa-Zapata, al Proyecto Zapata Vive en Ti y a mis amigos Elías Almanza y Édgar Castro Zapata.

Twitter: @HistoriaPedro

Blog: lacabezadevilla.wordpress.com