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México SA

CCE: ¿hasta dónde?

Chipinque y Atalaya

Dólar a 19.76 pesitos

H

erida en lo más íntimo, la cúpula empresarial insiste en que los barones son blancas palomas y que su único interés es trabajar por el bien de la patria. Ello, tras el cuestionamiento del candidato con apodo de pez, que no se dirigió al empresariado en su conjunto, sino a ciertos multimillonarios que medran con el erario y el poder político que les garantiza sus voluminosas fortunas.

En efecto, a lo largo y ancho de la República existe una gran base empresarial –estimada en más de 5 millones de micro, pequeñas y medianas empresas–, la cual, regularmente, no es considerada por la cúpula sectorial ni forma parte de sus planes de cercanía (Juan Pablo Castañón dixit) con el gobierno en turno.

Sin embargo, luego de que el peje candidato abordó el tema (el cual apuntó a ciertos barones que ahora pretenden presentarse como grandes demócratas) los organismos cupulares hablan del gran sector, con la intención de enseñar músculo e intentando minimizar, por no decir borrar del mapa, que se dan casos de corrupción (que es de ida y vuelta) en la iniciativa privada.

A golpe de desplegados, el Consejo Coordinador Empresarial intenta convencer de que “el país que todos queremos requiere de un liderazgo que convoque a la unidad, no a la división; que reconozca el México diverso que somos, que esté dispuesto a escuchar todas las voces y que no genere encono. Todos formamos parte de esta gran nación y es juntos como debemos de seguir construyéndola.

No somos un puñado, somos cientos de miles de mujeres y hombres, empleadores en todos los rincones del país, que nos levantamos temprano, arriesgamos nuestro dinero, pagamos impuestos, generamos empleos y, junto con millones de colaboradores, ayudamos a sacar este país adelante. Creemos en un México abierto al mundo, competitivo, próspero e incluyente. Creemos en la libertad como el cimiento fundamental de una sociedad democrática. En la libertad de expresión, de asociación, en la libertad para emprender, para competir y, sobre todo, en la libertad para disentir y para pensar diferente.

Bien, pero es necesario recordar que cuando la cúpula no está de acuerdo con el poder político sus diferencias son dirimidas no por medio del diálogo como aseguran ahora, sino a golpe de histéricos cónclaves ultraderechistas como el de Chipinque, Nuevo León, al cierre del sexenio echeverrista, o el Atalaya, en la Hacienda Galindo, Querétaro, en el de López Portillo.

Y como esas manifestaciones, se registran muchas. Por ejemplo, en el proceso electoral de 2006 –cuando el peje candidato reclamó por la evasión tributaria de los barones– un indignado ex presidente de la Coparmex, el panista Alberto Fernández Garza, respondió airadamente que los empresarios no hacemos otra cosa que pagar impuestos, y amenazaba con estallar una huelga fiscal en caso de que no se reconocieran las aportaciones empresariales al erario.

Pero, como en este espacio comentamos por aquellos ayeres, la amenaza quedó en simple bravuconería, porque en Los Pinos impusieron a su amigo Felipe Calderón –haiga sido como haiga sido– y evitaron la llegada de López Obrador, quien durante el proceso electoral de 2006 osó denunciar públicamente que los de arriba no pagaban impuestos, lo que provocó la furia de Fernández Garza y su grey, quienes de inmediato se pusieron el saco, desataron una feroz campaña contra el candidato y patentizaron su indignación, porque al sector empresarial no se le reconocía como generador de empleos y de impuestos.

Después llegó el silencio. ¿Por qué? Bueno, porque en materia tributaria Vicente Fox y Felipe Calderón fueron más que generosos con el gran capital, al que lejos de hacerle cumplir su dicho (no hacemos otra cosa que pagar impuestos) le canceló voluminosos créditos fiscales, le amplió las facilidades y exenciones, y le devolvió una verdadera catarata de impuestos, amén de los pingües negocios que le procuró. Por ejemplo, en 2011 tales devoluciones sumaron 285 mil millones de pesos, sin considerar saldos en favor de los contribuyentes (470 mil 540 millones), y obvio es no se los regresaron a los estanquillos.

Lo anterior fue documentado por la Auditoría Superior de la Federación (marzo de 2007): En la revisión de la cuenta pública 2005 se detectó que 100 grandes contribuyentes en promedio pagaron 74 pesos por impuesto sobre la renta en ese año, y 67 pesos por impuesto al valor agregado, una vez descontadas las devoluciones de impuestos.

El ente fiscalizador no dio nombres, pero en aquel entonces La Jornada documentó que entre los beneficiados por tal cortesía fiscal aparecían, cuando menos, Bimbo (de la siempre pía familia Servitje), Kimberly Clark (Claudio X. González Laporte), la trasnacional Walmart, Televisa (Emilio Azcárraga Jean), Telmex (Carlos Slim), Grupo México (Germán Larrea), Cemex, (Lorenzo Zambrano) Industrias Monterrey (Canales Clariond), Grupo Carso Telecom (Slim), Grupo Modelo (ahora extranjerizado) y Femsa (también extranjerizó su división cervecera), sin faltar equipos de futbol (propiedad de las televisoras) y las instituciones bancarias. Casi todos los citados, cuando menos en ese entonces, formaban parte del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios. Y la fiesta sigue con Peña Nieto.

Quien de plano tiene la cara más dura que el concreto es Ricardo Anaya, candidato panista (junto con sus rémoras perredistas y de los señores de la guitarrita de Yuawi), pues se animó a presumir que nosotros sí sabemos crear empleos; así como lo hemos hecho a escala estatal, lo vamos a hacer en todo el país cuando ganemos la Presidencia de la República. De entrada olvida que las fuentes de empleo las genera el sector privado.

Pero, bueno, muestra de cómo los panistas crean empleos son los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón: con el primero sólo se creó 20 por ciento de los puestos laborales demandados por los mexicanos (sin considerar rezagos); el segundo, que se autodenominó presidente del empleo, 33 por ciento, y todos ellos crecientemente precarios, mientras el outsourcing crecía a paso veloz. Si Anaya quiere imitar el numerito, empleo, entonces los mexicanos están fritos.

Las rebanadas del pastel

Mientras el presidente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, pide dar carpetazo a los desencuentros con López Obrador, con el fin de seguir construyendo, el tipo de cambio peso-dólar roza 20 unidades. Ayer, en Bancomer, se ofreció a 19.76 bilimbiques… Va un abrazo de mi tamaño para mi Chícharo adorado, por otra velita en su pastel.

Twitter: @cafevega