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Luego de 11 días de protestas se resuelve la crisis política en esta ex república soviética

Renuncia Serge Sarksian tras su intento por perpetuarse en el poder en Armenia

Moscú ve con cierta preocupación la pérdida de un aliado, pero no denuncia injerencias externas

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Con una botella de vino espumoso, Nikol Pashinian, diputado y líder de la oposición en Armenia, celebró ayer la renuncia del primer ministro Serge Sarksian. Al frente del gobierno, como interino, quedó Karen KarapetianFoto Ap
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 24 de abril de 2018, p. 25

Moscú.

Tras 11 días de protestas en la calle –el domingo anterior se registró la mayor manifestación de la historia en Yereván, con 160 mil personas que de forma pacífica expresaron, en la plaza principal de la capital de Armenia, su desacuerdo con el intento de Serge Sarksian de perpetuarse en el poder–, la crisis política se resolvió este lunes con la dimisión del cuestionado político.

Sarksian –después de ocupar durante 10 años la presidencia de Armenia– implementó una controvertida reforma constitucional que convirtió Armenia en república parlamentaria, con lo cual se transfirieron todas las facultades del presidente, vuelto una simple figura decorativa, al primer ministro, nombrado por la bancada mayoritaria del Legislativo.

Al ser postulado Sarksian para jefe de gobierno, el 13 de abril pasado, el líder de la oposición, el diputado Nikol Pashinian, denunció la maniobra y convocó a manifestarse para pedir su renuncia, exigencia que se acentuó desde el 17 de abril anterior, cuando Sarksian accedió al cargo de primer ministro, ratificado por sus subordinados en el Parlamento.

El domingo anterior resultó un día crucial en este enfrentamiento. Hubo un fallido intento de negociación entre Sarksian y Pashinian, que duró tres minutos, después del cual el líder de la protestas acabó en la cárcel, junto con cientos de sus seguidores.

Sin embargo, la gente no se amedrentó y volvió a la calle la mañana de este lunes en Yereván y en las principales ciudades de Armenia, al tiempo que por primera vez decenas de militares se sumaron a las filas de los manifestantes, exigiendo ya no sólo la renuncia de Sarksian, por su deficiente gestión y el deterioro de la situación económica, sino la libertad de Pashinian y los demás detenidos.

Se llegó a un punto en que sólo una matanza podía frenar la presión popular y el líder de la oposición y seguidores salieron de la cárcel esta mañana. El primer ministro, sin más argumentos frente a sus contrincantes, tiró la toalla.

Nikol Pashinian tenía razón. Me equivoqué. La actual crisis tiene varias soluciones, pero ninguna va conmigo. No lo haré (recurrir a la violencia). Dimito a gobernar el país, al cargo de primer ministro, dijo Sarksian en un comunicado en el cual anunció su decisión de irse.

En Armenia se desató la euforia, mientras el Kremlin ve con cierta preocupación que pierde, con la derrota de Sarksian, a un firme aliado en el espacio postsoviético, aunque mientras –en calidad de interino– se hizo cargo del gobierno Karen Karapetian, quien fungía como primer vicepremier.

Puede decirse que Karapetian es un hombre que goza de la entera confianza de Moscú, ya que desde 2011, antes de dedicarse de lleno a la política, trabajaba para el consorcio ruso Gazprom.

No en vano la televisión pública rusa ha hecho estos días una cobertura muy comedida de lo que pasa en Armenia –con el propósito de evitar cualquier paralelismo con una genuina demanda de la población harta de los engaños de la élite gobernante–, pero no atribuye la caída de Sarksian a injerencias externas, como hizo cuando protestas similares forzaron el cambio de gobierno en Ucrania o Georgia.

Esta vez, para el Kremlin, lo que sucede en Armenia es un asunto que compete exclusivamente a los armenios y espera poder reconstruir entendimientos con Karapetian o quien resulte al frente del país caucasiano, consciente de que éste necesita del respaldo de Rusia para contener a su vecino Azerbaiyán por el añejo diferendo territorial de Nagorno-Karabaj.