Opinión
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Nosotros ya no somos los mismos

Armando Ríos Piter y su desaforada ambición

El Bronco también salió con fallas de origen

Margarita Zavala: como delincuente sorprendida en flagrancia

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Armando Ríos Piter, quien contendió por una candidatura independiente a la Presidencia de la República y a quien el Instituto Nacional Electoral le anuló más de millón y medio de firmas de apoyo, aquí durante una conferencia en el Centro Mundial de Comercio, en Ciudad de México, a comienzos de marzo durante el Congreso Nacional de Ingeniería CivilFoto Luis Humberto González
¡C

olgado de la brocha! o, ¿de qué otra manera más descriptiva podría comunicar a ustedes cómo me siento al comenzar a redactar? La columneta, dentro de sus modestos alcances y posibilidades, hace su tarea de recolección de información, la clasifica, pondera y somete al análisis de un selecto grupo de think tanks (léase la reunión de cuates para libación e intercambio de rumores, sospechosismos, datos tan duros que ni don Arnold Schwarzenegger los podría desmenuzar, imágenes fotoshopeadas, correos electrónicos y mensajes de WhatsApp ideados por mentes tan increíblemente complejas y alucinadas como las de la ideóloga multipartidista señora Lagunes de Pacchiano o (toda proporción guardada), de doña Agatha Christie. Luego la columneta se redacta en busca de un modesto 7.5 por ciento de aprobación de la multitud. Pero eso, si no se interpone el Supremo INE (supremo, si no existiera el dialéctico Tribunal Federal Electoral que, con una permanente antítesis en la mano lo enfrenta a tiro por viaje y, ¡ah, cómo viajan!)

Pero resulta que el INE, sin previo aviso, me cambia el plan de estudios y en vez de lectura en silencio me quiere examinar sobre física cuántica, derecho marítimo o la absurda teoría de Tales de Mileto de que el agua es el elemento esencial del planeta ¡Ni en el más aguado jaibol!

Yo tenía preparado todo mi arsenal argumentativo para demostrar que a los independientes, independientemente de sus muy personalísimos ideales y generosas emociones patrias, los mueven objetivos básicos muy semejantes. El primero: la irreprimible necesidad de sus 15 minutos de fama. Un destello de existencia mediática justifica una vida y hasta dos, de ser posible. Unos reflectores cenitales, un encabezado (de perdida cinco columnas), unos gritos destemplados de Loret o un farfulleo de López, es decir: alteración de la fluidez del habla que afecta la secuencia y el ritmo. Cambio de palabras o sílabas que desorganiza las frases, afecta la secuencia. Habla errática y disrítmica, pero sobre todo, con un nivel de credibilidad semejante al de Ptolomeo, quien en los primeros siglos dC sostenía que la tierra estaba inmóvil y el Sol y las estrellas giraban a su alrededor (del planeta, no del canal). Esto es el sueño de cualquier político incipiente o consagrado. Pues ellos mismos, aunque íntimamente se sientan soñados, se pasan la vida obsesionados en mantener en alto el ranking de su popularidad personal. Lo miden en líneas ágata y, sobre todo, en tiempo al aire, en segundos de pantalla.

Hay, sin duda, otros móviles evidentes más allá del narcisismo, la egolatría, la imperiosa necesidad de reconocimiento, aprecio y valoración que requieren, y que no son sino las consecuencias de viejos agravios de la infancia: apapachos familiares escamoteados, pero cubiertos por la presencia de nanas, de ser posible oaxaqueñas. Nadie se gana la lotería sin comprar boleto. (Hasta los que manipularon las bolitas hace unos años tuvieron que invertir).

Una persona que anda calefacta por ser candidata a cualquier posición y no le garantiza ninguna posibilidad de éxito a la organización política que pretende la postule, tiene la necesidad de ofertar algo (hórrida palabra): pagar su campaña, por ejemplo o, lo que es lo mismo, su lucimiento.

Ríos Piter era un mejor precandidato que muchos de los que lograron superar el pre. A mí no me gustaba su excesiva y desaforada ambición que lo llevaba a presentarse como un Demetrio Sodi cualquiera. (Recuerdan el lugar común de don Groucho: éstos son mis principios, pero si no les gustan, tengo otros). De allí en fuera que RP haya aceptado con entusiasmo jugar el rol de alfil de su grupo Itamita, me parece totalmente explicable y me lo presenta como un cuadro disciplinado que está dispuesto a pagar las cuotas de lealtad que se requieren para una plena integración. Con tal de que no le tomen la medida y no siempre lo dejen en la banca. Pero imagino: después de la elección, con un triunfo muy apretado de Meade, los votos de Ríos (mucho menos que la cantidad de firmas conseguidas para su reconocimiento como candidato independiente), serían sin duda un gran testimonio, sobre todo internacionalmente, para abonar la legalidad de la elección. Su candidatura tenía ese objetivo pero… lástima Margarito. Mi opinión es que nada de su proyecto estuvo fuera de la legalidad. Pero al candidato le faltó peso, presencia, antecedentes. Era como un buen apostador, pero con pocas fichas. Si Meade gana, el joven jaguar tiene ya un lugarcito asegurado en la administración, pues será la demostración de que los opositores, cuando son capaces y honorables, no pueden ser ignorados. ¡Bien jugada la pelota, Jaguar!

¿Y El Bronco? Estoy casi a punto de demandarlo por daños y perjuicios. Tenía ya a la mano la biografía, la tomografía y sobre todo el electroencefalograma de don Jaime Rodríguez Calderón para presentar a ustedes este Bronco en tercera y cuarta dimensiones, cuando a Lorenzo Córdova se le ocurre que, al igual que al jaguar, su pretensión de competir por la grande, presenta fallas de origen.

¿Y ´ora? Pues no me quedan sino dos señoras. Con unas cuantas palabras estoy seguro que fácilmente podemos diferenciarlas de los varones y, más fácil aún, podremos distinguirlas a una de la otra.

Iba a comenzar mi análisis comparativo cuando me di cuenta que dejaba un cabo suelto que a muchos de mis amigos preocupa y conflictúa (que dice la RAE que el verbo no existe, pero ¿qué tal la joda?). Se preguntan ellos: ¿Por qué esta racha de generosidad y benevolencia que ha invadido a don Andrés Manuel, en los tiempos recientes, y que lo lleva a repartir absoluciones a pecadores máximos, que ni siquiera muestran dolor por sus pecados o propósito de enmienda? Bueno, que desgraciadamente no están ni siquiera in articulo mortis. ¿Qué nadie le hace ver que las ofertas que propone, de acuerdo o no con la mayoría, están fuera de su alcance como candidato (puntero, ciertamente, pero sólo candidato)? ¿Cómo que se aplique la ley del borrón y cuenta nueva a los tres candidatos que infringieron la ley y, como si fuera una kermés, les den otro chance de participación, tras mostrar el cobre del que están hechos?

¡Es una estrategia de jardín de niños permitir que participe Margarita, aunque sea una delincuente sorprendida en flagrancia, con tal de asegurarse que el cerillo no encienda! La maniobra es deplorable.

¡Pobre Margarita! No habrá poeta –ni siquiera Darío– que la convenza que está bella la mar… Ella lleva ya muchos años de ser víctima cotidiana de la resaca, cruda, hangover o guayabo. ¿Qué podemos hacer?

Deshojemos, con respeto y delicadeza, la manda de una candidatura.

La semana pasada comenté una gratísima experiencia que viví como parte de la celebración de los 60 años del Instituto de Humanidades y Ciencias, mejor conocido como Inhumyc. A pesar de mi renuencia, cada vez mayor, a salir de casa, el martes 13 acepté una invitación a la majestuosa Sala Nezahualcóyotl a escuchar a la Banda Sinfónica de la Facultad de Música de la UNAM en el concierto América en armonía.

En la columneta anterior hablé sobre el sentimiento de comunidad que viví ese día, en el que alumnos, papás, abuelos, ex alumnos y amigos se reunieron a conmemorar y compartir las seis décadas que cumple esta institución formando personas exitosamente felices. Para dar testimonio de ello, se contó con la participación de reconocidos ex alumnos que llevan en alto dicha consigna: la maestra María Teresa Frenk Mora (directora de la Facultad de Música), el maestro Luis Pastor (compositor y secretario técnico de la Facultad de Música), la doctora Marcela Hersch (compositora) y el maestro Luis Manuel Sánchez (director de la Banda Sinfónica de la Facultad de Música).

Hoy puedo confesar que mi resistencia a salir fue proporcional a la enorme y grata sorpresa que me llevé durante este concierto, pues gracias al ambiente y a la selección del programa musical, estuve durante dos horas bailando desde mi asiento, primero, moviendo los pies al ritmo de George Chakiris en un popurrí de West Side Story, seguido del Danzón 2 del maestro Márquez (que a todos los nonagenarios nos hizo olvidarnos de nuestra arterioesclerosis) y, finalmente, con la interpretación de la Marimba Nandayapa. No pudo haber una mejor manera de culminar el acto que con el Huapango de Moncayo, pues para ese entonces la sala vibraba y, en conjunto, los asistentes construíamos esa hermosa palabra: comunidad.

Twitter: @ortiztejeda