Opinión
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La Muestra

En la penumbra

Foto
Fotograma de la cinta de Fatih Akin
C

ontra la pared. El trabajo del realizador alemán de origen turco Fatih Akin (A la orilla del cielo, 2007) se ha concentrado, en los pasados 10 años, en analizar los temas de la identidad y el desarraigo cultural en las comunidades de inmigrantes turcos en Alemania, así como sus relaciones conflictivas (en ocasiones, armoniosas; las más de las veces, tensas) con una población local reticente todavía a manifestar un espíritu hospitalario. Paralelamente a ese preocupación central, el director ha explorado con mayor fuerza dramática temas más universales como el azar, las dificultades del acuerdo amoroso, el presentimiento de la muerte y las diversas y muy difusas manifestaciones del mal en la sociedad moderna.

Algo característico en algunas de sus películas ha sido la narración fragmentada. Por lo general la trama se divide en tres segmentos, cada uno con el nombre de un personaje clave o de una situación determinada. La progresión del relato fluye así, por lo general, como un engranaje bien aceitado, ya sea en una fábula moral o en una ficción de suspenso. Ocasionalmente, se permite el director una digresión hacia la comedia, y el resultado, si bien es decoroso (como en Soul Kitchen, 2009 o en Tschick, 2016), lo que Fatih Akin maneja con mayor destreza es el drama social, con apuntes intimistas, como en Contra la pared, la cinta que en 2004 internacionaliza su cine y comienza a cimentar su prestigio artístico.

En su trabajo más reciente, En la penumbra (Aus dem Nichts/ Desde la nada, 2017), el cineasta ofrece una de sus narraciones más duras y pertinentes. Una mujer, Katja Sekerci (Diane Kruger, soberbia), pierde a su esposo, de origen turco, y a su pequeño hijo en un atentado terrorista en Hamburgo. Muy pronto se ve presa de la culpa por haberles sobrevivido y acosada por algunos seres cercanos que le reprochan una supuesta negligencia. A esta doble carga de acusaciones, propias y ajenas, se añaden los tropiezos de una justicia penal que, por prejuicio o por indolencia, propicia la posible impunidad de los responsables del crimen. A partir de aquí, y desde esa nada, la procuración de justicia será para Katja un combate solitario.

Si bien los titulares de los diarios suelen señalar los actos terroristas vinculados al fundamentalismo islámico (en efecto, numerosos y brutales), la atención que se presta a otras manifestaciones del terror urbano, como las perpetradas por grupúsculos de extrema derecha (incendio criminal de albergues de inmigrantes, linchamientos racistas, profanaciones de cementerios judíos), es, en comparación, mínima. El director de En la penumbra aborda aquí una violencia extremista, claramente asociada con Aurora Dorada, un partido político nacionalista, de filiación neo-nazi, con representación parlamentaria en Grecia, y lo que presenta, de modo inédito, es la pasividad o impotencia de la justicia alemana para combatirla con un rigor semejante al aplicado en contra del terrorismo islamista. Esa doble moral la padece Katja, la viuda del ciudadano turco sacrificado. Su respuesta final será, en todos los sentidos, devastadora.

Se exhibe en la sala 2 de la Cineteca Nacional, a las 15:15 y 20:30 horas.

Twitter: @Carlos.Bonfil