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La clavadista capitalina concluyó la temporada de saltos de altura en el tercer puesto

Prefiero ser una inspiración más que un referente, señala Adriana Jiménez

Tuve un año mágico, dice

Es una de las favoritas a ganar el Premio Nacional del Deporte

Foto
Adriana Jiménez durante los entrenamientos de la etapa final del serial mundial en ChileFoto @cliffdiving
 
Periódico La Jornada
Domingo 29 de octubre de 2017, p. a14

Adriana Jiménez quería cerrar con otro podio. Un día antes de su competencia, una fuerte infección en vías urinarias le provocó fiebre y vómito, y por si fuera poco, las aguas del lago Ranco estaban tan frías que le daba temor sufrir hipotermia en la gran final de la Serie Mundial Red Bull de los clavados de altura en Chile. La mexica- na decidió no competir cuando se ubicaba en el segundo lugar de la clasificación general para termi-nar la temporada en el tercer puesto en la prueba de 20 metros.

No fue fácil tomar la decisión para la subcampeona mundial de Budapest 2017, porque estaba en riesgo su salud. El corazón le decía que sí podía, pero su mente y cuerpo, no. Se despidió con dolor en las semifinales de hace ocho días y hoy lo platica con serenidad y el deber cumplido de que no falló.

Hay cosas que uno no puede controlar y no quise arriesgarme. Fue una experiencia difícil y lo primordial fue mi salud. No quería correr ese riesgo. Mi cuerpo es mi herramienta, señala la clavadista, una de las favoritas a ganar el Premio Nacional del Deporte 2017, el cual representaría un sueño que anhelaba hace años cuando veía a los competidores olímpicos con los que comenzó antes de su retiro, recibir la máxima distinción del gobierno.

La capitalina describe su temporada como un año mágico en increíbles competencias con escenarios naturales que nunca imaginé conocer y maravillada de lo hermoso que es el mundo.

Los clavados de altura, disciplina que no había tenido tanto auge a partir de las series del orbe patrocinadas por la empresa energética y ser reconocida en el programa de competencias en los Campeonatos Mundiales de Natación, tuvo en Jonathan Paredes al primer mexicano en competencia –ganó en Chile–, aunque ha sido Adriana la que en corto tiempo ha conseguido los mejores resultados para el país que se traducen en preseas de los tres metales.

No quiere ser un referente, aclara la capitalina, prefiere que mejor la vean como una inspiración de los niños y más ahorita que México no la está pasando bien por las tragedias de los sismos.

Refiere que Chiapas y Yucatán son dos de sus escenarios predilectos. Se inclina más por el segundo, por el significado emotivo que guarda al conquistar la presea de plata en la Serie Mundial 2014 en el cenote de Ik Kil, en Mérida, donde sintió la adrenalina a todo lo que da para alguien que tiene que entrenar en seco.

Adriana memoriza el clavado y se lanza desde el trampolín o la plataforma en alberca techada para que al momento de la competencia real en las dos ejecuciones que hace soporte el impacto al entrar con los pies al agua.

A veces le sale bien como lo vivido en el Mundial de Budapest con ese salto que le dio la más alta calificación al ejecutar tres vueltas atrás posición B y 4.0 grado de dificultad.

Ha superado fracturas en cara y cuerpo en un deporte de alto riesgo en el que las mujeres se lanzan desde los 20 metros y los varones de 27, con velocidades de 80 a 85 kilómetros por hora en medio de escenarios espectaculares.