Cultura
Ver día anteriorMiércoles 27 de septiembre de 2017Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 

Salvador Padilla, cronista de Tlalpan, llama a combatir el auge inmobiliario

El terremoto, advertencia para preservar el patrimonio cultural

De no actuar será arrasado como sucedió con las antiguas haciendas de Coapa, considera en entrevista con La Jornada

Ese territorio fue campo y devino aglomerado de centros comerciales

Foto
La hacienda de Coapa y los volcanes, 1897, obra del paisajista José María Velasco (1840-1912); a la derecha, el arco de esa finca agrícola, que se extendía por las delegaciones Coyoacán, Tlalpan y colindaba con Xochimilco, en imágenes tomadas de Internet
Foto
Brigadistas de rescate llamaron zona cero el área donde se derrumbó, por el sismo del día 19, el edificio 32 del fraccionamiento Los Girasoles II, en Coyoacán (imagen tomada de Internet); los escombros ya fueron retirados. En ese lugar de Coapa existen vestigios de grandes haciendas
 
Periódico La Jornada
Miércoles 27 de septiembre de 2017, p. 3

De no poner freno al auge inmobiliario, el centro histórico de Tlalpan y su importante patrimonio cultural será arrasado como ya sucedió con las antiguas haciendas de Coapa, considera Salvador Padilla Aguilar, el cronista de esa demarcación.

El desastre ocurrido debido al sismo del pasado 19 de septiembre es una advertencia ante la amenaza que de manera constante se cierne sobre esa zona de la ciudad y su herencia histórica, añade el urbanista.

El autor del libro San Agustín Tlalpan: historias y tradiciones de un viejo pueblo explica en entrevista con La Jornada que los grupos inmobiliarios desde hace 25 o 30 años han estado destruyendo nuestro pueblo, es decir, los vestigios del viejo San Agustín de las Cuevas, al erigir condominios horizontales. A algunos se les ha podido mantener a raya gracias a acciones insólitas del gobierno capitalino, debido a la presión de los ciudadanos, como fue la adquisición que hizo la delegación de los predios donde ahora se encuentra el parque Juana de Asbaje (donde estuvo el hospital siquiátrico La Floresta) o la Casa Frissac, construida a finales del siglo XIX.

Casa Frissac, monumento histórico

La Casa Frissac perteneció a la familia del ex presidente Adolfo López Mateos y en 1986 se le declaró monumento histórico. En 2000 recibió el nombre de Instituto Javier Barros Sierra.

Es una de las casas más hermosas no sólo de Tlalpan, sino de toda la ciudad, con su estilo afrancesado que data del porfiriato. Aparece en la película Los olvidados, de Luis Buñuel, y existe la leyenda urbana según la cual fue refugio de Chucho El Roto.

Casa Frissac fue inaugurada en 2001 como galería de arte, preservando sobre todo sus áreas verdes donde se organizan también conciertos y talleres.

Otra decidida acción de la sociedad civil, prosigue el especialista de El Colegio de México (Colmex), sucedió con la Casa del Virrey de Mendoza del siglo XVII. En 2007 trataron de convertirla en condominio horizontal, no obstante estar incluida en el catálogo de monumentos históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Pero la población no se dejó, impidió a la inmobiliaria trabajar hasta que el gobierno de la ciudad adquirió el terreno y lo convirtió en centro cultural, con poco uso si se quiere, pero existe ahí un proyecto para echar a andar un recinto dedicado a la la cultura ambiental.

En la zona de Coapa, la frontera entre las delegaciones Tlalpan y Coyoacán, existen vestigios de las grandes haciendas que hace dos siglos enamoraban a los habitantes del valle de México, que captó el gran paisajista José María Velasco.

Se trata de construcciones sólidas, como los arcos que quedan de la ex hacienda de San José, sobre calzada del Hueso, a unos pasos de la preparatoria 5 de la Universidad Nacional Autónoma de México, explica Padilla.

“En Coapa lo único que nos queda es eso, además de restos de la hacienda de San Juan de Dios, que está por Huipulco. Es una pena que se siga arrasando con ese patrimonio, que estemos convirtiendo nuestro territorio que antes fue campo y luego colonias con casas de un piso en un aglomerado de centros comerciales. Se está preparando la zona para plantarle grandes rascacielos como sucede ya a lo largo de Periférico.

Lo ocurrido en Coapa es la peor tragedia de la que se tiene memoria en la zona desde la Colonia y quizá desde antes. Muchas personas pensaban que nunca habría efectos graves debidos a un sismo. Pero siempre tuve mis dudas, porque todo eso fue parte de los grandes lagos de la época prehispánica, ya que ahí estaba la frontera entre el lago de Tenochtitlán y los canales de Xochimilco; entonces, indudablemente, hubo agua en abundancia, es suelo lacustre, no sé si eso fue lo que ocasionó el derrumbe de los edificios en la unidad Girasoles.

Corrupción de funcionarios

Por fortuna, prosigue Salvador Padilla, en Tlalpan no sufrieron daños mayores los edificios, “nos quedan los inmuebles históricos del centro, los templos de los pueblos y nuestras zonas arqueológicas: Cuicuilco y los cuerpos piramidales que están en la esquina de San Fernando e Insurgentes, los cuales los vecinos hemos estado limpiando pacientemente sin la tecnología ni ayuda de arqueólogos.

“También hay vestigios arqueológicos en el Bosque de Tlalpan. Los ciudadanos hacemos lo que podemos para conservar nuestro patrimonio, pero siempre con el temor de que los terrenos se fraccionen, se invadan, pues detrás de todo el auge inmobiliario está la corrupción de muchas autoridades y funcionarios importantes.

“Por eso el llamado ahora es a la población civil, para que nos pongamos listos y elijamos mejor al gobierno, porque en los recientes años Coapa se convirtió en un lugar de antros, cuando su vocación hace apenas cuatro décadas era ser uno de los pulmones de la ciudad: el campo, donde se podían ver claramente delimitadas algunas chinampas atrás del Colegio México.

La zona estaba protegida de los desarrolladores porque los ejidos no se podían fraccionar, pero luego de las reformas de Carlos Salinas, nuestros campos se privatizaron, incluyendo, por supuesto, nuestros recursos naturales, concluye el cronista de Tlalpan.