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Geografía de la miseria

¿Clase política o sismo?

Ruiz Esparza: ¿cuándo?

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esde el pasado jueves 7 de septiembre por la noche, el gobierno federal, los estatales y la clase política en su conjunto se hicieron de un nuevo pretexto para justificar el ínfimo grado de desarrollo y el máximo nivel de retraso social reportados en estados como Oaxaca y Chiapas: en dichas entidades, el culpable de todos los males habidos y por haber, de las carencias y las urgencias, es el terremoto registrado en la fecha citada.

La responsable del retraso y la miseria, pues, no es otra que la enfurecida madre naturaleza a la que se le ocurrió dejar caer todo su peso en Oaxaca y Chiapas, donde –si se atiende la versión oficial– todo era miel sobre hojuelas antes de la espeluznante sacudida del pasado jueves. Así, resuelto el tema, la cínica clase gobernante avienta la papa caliente y se dedica a explotar la desgracia a su favor, porque hay que ser solidarios con nuestros paisanos.

Pero la historia real es otra. Cierto es que no son los únicos, pero estados como Oaxaca y Chiapas encabezan el inventario de la geografía nacional de la miseria y eternamente aparecen registradas como las más pobres entre las pobres, las más desiguales entre las desiguales, con o sin terremotos, inundaciones o cualquier otro ataque de la madre naturaleza, pero siempre con una clase gobernante voraz y depredadora dedicada al saqueo de la riqueza y al abandono de la población.

Como en este espacio se ha comentado, en 2000 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) documentó que Oaxaca tenía los municipios con menor ingreso en el país; en 2004 advirtió que cuatro de ellos encabezaban el inventario nacional de pobres; en 2014 advirtió que el municipio con menor desempeño en la entidad, San Miguel Santa Flor, reportaba un índice de desarrollo humano similar al de Liberia, África, y que la brecha entre éste y el municipio de mayor desarrollo en el estado era de 60 por ciento.

En 2008 Oaxaca ocupó el escalón número 30 y Chiapas el último, de 32 posibles, en lo referente al índice mexicano de desarrollo humano. Para 2012 no se habían movido un milímetro. Lo mismo sucedió con los indicadores de salud, educación e ingreso. Ese mismo año, por ejemplo, el valor del IDH chiapaneco fue 10.5 por ciento menor a la media nacional y cerca de 20 por ciento por abajo del relativo al entonces Distrito Federal.

Para 2015, el programa especializado de la ONU advirtió que Oaxaca registró un índice de desarrollo humano similar al de países africanos, y detalló que para que la entidad alcanzara un nivel de desarrollo humano equiparable al que ese mismo año reportó el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México, deberían transcurrir casi sesenta años para que en 2073 los oaxaqueños vivieran como los chilangos (en 2015), con todo y que los capitalinos no viven precisamente en la gloria. Y la proyección para Chiapas habla del año 2054. El PNUD lo advirtió así: los menores niveles de desarrollo observados en México, localizados en Chiapas, Guerrero y Oaxaca se asemejan a los de Gabón, Egipto y Botsuana, respectivamente.

Así, de acuerdo con la medición del PNUD, en 2008 Oaxaca ocupó el escalón número 30 en materia de desarrollo humano en México; en 2010 el peldaño 31 y en 2012 regresó al 30. En el caso de Chiapas en el mismo periodo la entidad no se movió del lugar 32, de 32 posibles.

Un elemento adicional para el caso oaxaqueño lo aporta el Banco Mundial: las tasas de mortalidad infantil por enfermedades infeccionas son 2.5 veces mayores que el promedio nacional, los indicadores de salud son de los más bajos del país y se encuentran, junto con Chiapas y Guerrero, en el extremo inferior en la lista de los estados ordenados según esperanza de vida en el momento de nacer y esperanza de vida libre de discapacidad en el momento de nacer.

Aquí se ha documentado que miles y miles de oaxaqueños obligadamente se han diseminado por el territorio nacional, y miles más cruzaron, cruzan y cruzarán la frontera norte en busca de oportunidades inexistentes en su tierra natal. De acuerdo con el censo 2000 del Inegi, ese año 3 millones 438 mil oaxaqueños poblaban el estado; 15 años después (Encuesta Intercensal 2015 del propio organismo) el número apenas se incrementó a razón anual promedio de poco más de uno por ciento (contra 1.8-1.9 por ciento nacional) para llegar a 3 millones 967 mil 889. El resto, aquí y allá, en busca de la vida. Y los que se quedan en su tierra natal están condenados a vivir en la miserable paz y tranquilidad que presume el gobierno en turno (estatal y federal).

En 2010 el Coneval reveló que 67 por ciento de los oaxaqueños –en el estado– sobrevivía en la pobreza, ocupando así el segundo lugar nacional, sólo después de Chiapas, donde oficialmente tal proporción fue de 78.5 por ciento. Seis años después, con las cifras actualizadas, la misma institución registró que 70.4 por ciento de los oaxaqueños y 77.1 por ciento de los chiapanecos se mantenía en tan precaria situación. Entonces, ¿el terremoto del pasado 7 de septiembre es el culpable?

El propio Coneval ha detallado que en Oaxaca, con 570 municipios, se registran casos como el de San Juan Tepeuxila, con 97.4 por ciento de su población en pobreza; Santiago Textitlán, 96.6; San Simón Zahuatlán, 96.4; Santos Reyes Yucuná, 96; San Vicente Coatlán, 94.4; Tataltepec de Valdés, 93.1 y Totontepec Villa de Morelos, 93.

Antes del citado sismo, en Juchitán, uno de los municipios más afectados, 60.2 por ciento de sus habitantes vivía en la pobreza; 85 por ciento reportaba al menos una carencia social; 77 por ciento no tenía acceso a la seguridad social y la población con ingreso inferior a la línea de bienestar mínimo o de bienestar a secas representó 84.3 por ciento del total. Y en Chiapas la numeralia es similar. Pero el causante de los males es el terremoto, según dicen.

Y todo lo anterior no es resultado de la furia de la madre naturaleza, sino de una larga cuan interminable historia de corrupción, robo, abusos y abandono, que ha dado cuerpo a la geografía nacional de la miseria. Entonces, cierto es que la primera nos rebasa, pero acabar con la segunda sólo es cuestión de que la ciudadanía se decida y ponga un hasta aquí.

Las rebanadas del pastel

Dice el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, que los funcionarios y empresas que tengan responsabilidad en las fallas de construcción del Paso Exprés deberán asumir las consecuencias. Qué bueno, ¡por fin! Entonces, ¿cuándo presenta su renuncia y la justicia actúa en consecuencia?

Twitter: @cafevega