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1917, una lucha sin final
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ace unos días en el Museo Nacional de la Revolución se inauguró la exposición que lleva el título de esta crónica. El museógrafo Miguel Ángel Berumen explicó que está inspirado en el que tiene la biografía que escribí sobre mi abuelo: Manuel Gamio, una lucha sin final, a manera de homenaje al antropólogo y arqueólogo mexicano, que desarrolló una trascendente labor en el periodo revolucionario.

El museo se encuentra en el sótano del Monumento a la Revolución, que alberga las criptas de personajes como Villa, Madero, Carranza y Cárdenas. La monumental construcción es un símbolo arquitectónico de la Ciudad de México.

Hemos platicado su historia, que se inició con el proyecto porfirista de edificar un magno edificio para albergar el palacio Legislativo federal. Se efectuaron varios concursos internacionales y finalmente lo ganó el francés Emile Bernard, quien propuso un edificio muy parecido al capitolio de Washington. Se eligió el lugar, comenzaron las obras y... vino la Revolución.

La obra se interrumpió cuando sólo se habían realizado los cimientos, la estructura de la gran cúpula central y una fracción de las alas laterales.

Así permaneció el gran esqueleto de fierro desde 1911 hasta 1928.

En esos 17 años hubo múltiples discusiones sobre el destino que debería darse al monstruo inconcluso, que incluían la de su desmantelamiento. Finalmente el arquitecto Carlos Obregón Santacilia convenció al presidente Plutarco Elías Calles de que se adaptara para convertirla en el Monumento a la Revolución, como símbolo de la fuerza transformadora de nuestra sociedad.

En el sótano se proyectó un Museo de la Revolución, sin embargo, por motivos económicos, no se realizó sino hasta 1986. En 2002 se decidió modernizarlo y después de tres meses de intensos trabajos de remodelación fue reinaugurado el 20 de noviembre de 2002.

La exposición permanente presenta la historia de la Revolución mexicana desde la época de la Reforma hasta el fin del periodo presidencial de Lázaro Cárdenas. Se narra mediante objetos y documentos históricos, que se escogieron del rico acervo del museo. La información se complementa con videos y módulos interactivos.

La exposición temporal Una lucha sin final invita a repensar la Constitución de 1917 de una manera crítica. Con las excelentes imágenes y los textos que se presentan, nos muestra que sus logros no fueron del todo inmediatos. Esto fue propagado por los gobiernos posrevolucionarios y posteriormente por la dictadura del partido único.

Se pueden apreciar magníficas obras de Adolfo Mexiac, Sandra del Pilar, Carl Lumhotlz, Julio de la Fuente y los hermanos Mayo con fotografías de distintos momentos del siglo XX. Berumen explica que lo relevante es entender cómo se generó la Constitución y discutir si fue y sigue siendo un gran contrato social.

Otro aspecto que destaca la exposición es el papel de las mujeres, las grandes ausentes de la Carta Magna. Buenas imágenes muestran su relevante participación, invisible para la mayoría de los historiadores. Dice el curador: Me centro en estos grupos de la sociedad que no alcanzan sus derechos plenamente, como son los campesinos, los indígenas y las mujeres.

El museo ofrece visitas guiadas y algo muy interesante: préstamo de exposiciones itinerantes para instituciones gubernamentales y educativas. También hay una tienda con objetos relativos a la Revolución, muchos, de diseño muy atractivo.

Al visitar el museo vale la pena subir a lo alto del monumento, desde donde se aprecian buenas vistas del Centro Histórico.

A un par de cuadras, en avenida de la República 135, está la cantina La Manifestación, con una amplia terraza. Ofrece sabrosa botana de cortesía con las copas y una buena carta. Hay generosas parrilladas para compartir; la Monumental rinde para un batallón. Lleva un kilo de arrachera, pechuga de pollo, chistorra, cecina y costillar. Se acompaña con papa al horno, nopales, cebollitas y chiles toreados. ¿Exageré?... Bueno, un poquito.