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¿Cuál debería ser nuestro plan de expansión global?
D

ebemos de ver que hay dos grandes líneas de desarrollo en el mundo.

Por un lado, estamos viendo que el presidente Donald Trump anunció su rechazo al Acuerdo de París, que incluía medidas contra la contaminación masiva del mundo y por el uso de medios más limpios de la producción. El rechazo al acuerdo de Trump incluyó a los jefes de Estado de Alemania, Francia e Italia desde las primeras horas. El rechazo se multiplicó, llegó a la autoridad de la Organización de Naciones Unidas y por todo el orbe.

El 23 de enero de este año, en su primer día de trabajo en la Casa Blanca, Trump enterró el TPP (iniciales en inglés de Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica) mediante una orden ejecutiva. El nuevo presidente estadunidense retiró al país del acuerdo firmado en febrero de 2016 por 12 países que representan cerca de 40 por ciento de la economía mundial.

Recordamos que poco después de esta y otras medidas se había dado una enorme reunión en Pekín, China, en varios sentidos opuesta a estas medidas de Trump.

El plan presentado por el presidente chino durante varias visitas al exterior realizadas desde 2013 incluye, entre otras rutas, la Franja Económica que se expande por vía terrestre desde China hasta Europa a través de Asia Central y Rusia; y la Ruta Marítima a través del estrecho de Malaca a India, Oriente Medio y África Oriental. Son en total cuatro corredores, tres terrestres y uno marítimo.

Carreteras, trenes y barcos comunicarían puertos y ciudades chinas con unos 60 países de Asia, África y Europa, y uniría regiones que poseen más de 70 por ciento de las reservas de petróleo y gas del mundo, en las que viven 70 por ciento de la población mundial, y se genera 55 por ciento del producto interno bruto (PIB) de todo el planeta.

Cuando el mandatario chino resumía esto en la mencionada reunión de Pekín, lo escuchaban el presidente ruso, Vladimir Putin; el turco, Recep Erdogan, el argentino, Mauricio Macri; la chilena, Michelle Bachelet, y otros, sumando 29 mandatarios. Otras naciones estuvieron representadas en el nivel de ministros hasta llegar a casi cien delegaciones extranjeras. También estuvieron los principales dirigentes de las Naciones Unidas, del Banco Mundial y del Banco Asiático.

China planeó inversiones de cientos de miles de millones de dólares a largo plazo con asistencia financiera de bancos chinos, del Estado chino y del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, una institución multilateral impulsada por Pekín. Xi Jinping puso números a las inversiones iniciales para este enorme proyecto: el gobierno aportará 14 mil 500 millones de dólares y los bancos oficiales chinos 55 mil millones de dólares.

La iniciativa china de Franja y Ruta contempla el desarrollo de vías de transporte fluvial, ferroviario, carretero y aéreo. De todos estos modos de transporte, el ferrocarril dio un salto histórico en el país en la última década. Una de las muestras de este desarrollo son los trenes de ancho de vía estándar (la medida entre rieles más difundida en Europa y en expansión) no solamente en territorio chino, sino también en países de África, como Etiopía y Kenia. Esta línea se integrará en una marítima.

Como alternativa al tradicional transporte marítimo en desarrollo entre puertos de China y de Europa, el gobierno de Pekín actualmente opera una veintena de trenes de carga directos a ciudades como Madrid, Londres, Varsovia y Rotterdam. En enero pasado un tren de carga unió de forma directa al puerto de Yiwu, en la costa del Pacífico de China, con el puerto londinense de Stanford, en el estuario del Támesis. A principios de abril se hizo el viaje de regreso. La ruta de 12 mil kilómetros fue cubierta por el ferrocarril en 18 días, casi la mitad del tiempo que demandaría unir ambos extremos por barco, y a un costo de transporte mucho más bajo. Atraviesa el túnel bajo el Canal de la Mancha, Francia, Bélgica, Alemania, Polonia, Bielorrusia, Rusia y Kazajistán, antes de entrar a China. Teníamos derecho a que se nos hubiera informado oficialmente cuando ocurría, ¿no?

China también se comprometió a ayudar económicamente a Pakistán (180 millones de habitantes) en el desarrollo de su puerto de Gwadar, en el mar Arábigo. Se trata de un proyecto de 55 mil millones de dólares que incluye ampliar la carretera de Karakorum, que une a China y Pakistán, y que permitirá una nueva salida al mar para los productos chinos. También se prevén obras de gran magnitud en el puerto de Colombo, capital de Sri Lanka (antes Ceilán), considerado uno de los prioritarios en el plan de expansión.

China también está en la obra del primer tren de alta velocidad de Indonesia (260 millones de habitantes) con el que va a unir Yakarta, la capital del archipiélago, con Bandung, uno de los principales centros económicos de Java. Otro objetivo estratégico es la red ferroviaria Panasiática que unirá a Kunming (sur de China) con Vientián, capital de Laos, y con la red de ferrocarriles de Birmania. La meta es también de unir las redes del sudeste asiático, como Tailandia, Camboya y Vietnam.

Estos son ejemplos recientes del desarrollo asiático, y del papel de China, tan atacada por Trump. En artículos anteriores hemos informado por actos similares previos. ¿Cuál de las dos partes es la constructiva, y cuál la destructiva? Esto debe tomarse en cuenta para decidir por dónde debería desarrollarse nuestro comercio exterior.